Josemaría León Lara

Solía él, por razón de la fiesta de Pascua, concederles la libertad de uno de los presos, cualquiera que el pueblo pidiese. Entre ellos había uno llamado Barrabás, el cual estaba preso con otros sediciosos, por haber cometido un homicidio. Pues como el pueblo acudiese a esta sazón a pedirle el indulto que siempre les otorgaba (…). Al fin Pilatos, deseando contentar al pueblo, le soltó a Barrabás; y a Jesús, después de haberle hecho azotar, se lo entregó para que fuese crucificado. (Mc 15, 6-8.15.).

De acuerdo con la tradición cristiana-católica, hoy se celebra el Viernes Santo, con el afán de recordar la pasión y muerte de Jesús; situación que aun para los no creyente puede resultar interesante al utilizarla como una analogía en luz a ciertos acontecimientos lamentables que el país ha sufrido y su pueblo permitido.

Desprendiendo de los versículos transcritos del Evangelio de Marcos, se visualiza como la muchedumbre enardecida (hoy en día se les llama acarreados), probablemente engañada decide aprovechar el indulto del procurador romano, al otorgárselo a un reconocido criminal y en cambio dar condena de muerte a quien realmente era inocente.

En los últimos meses México conoció un Barrabás de la era moderna, y lleva el nombre de Cuauhtémoc Gutiérrez de la Torre, quien recientemente fue presidente del Revolucionario Institucional en el Distrito Federal; un conocido proxeneta que mediante el abuso del poder logró establecer una red de prostitución bajo su mando.

La historia de Cuauhtémoc es simple; el “sistema” lo exoneró de todas sus culpas e inclusive la Procuraduría del DF se hizo de la vista gorda (¿Quizás saldría más caro el caldo que las albóndigas?), demostrando que ni la justicia partidista, ni el gobierno en turno decidieron lavar los platos rotos, dejando a la vista una vez más que el poder y el dinero son la base de la impunidad en este país.

Pero la culpa no es del todo del aparato estatal, la otra mitad (si no es que más) la tenemos nosotros los mexicanos, quienes permitimos que situaciones tan lamentables y vergonzosas sigan aconteciendo hasta el día de hoy. La política en general le apuesta a la falta de memoria de su pueblo, pero más a la falta de interés de vivir la realidad, pues no creo que seamos un pueblo ignorante, más sí bastante apático y un tanto indiferente.

Es un hecho que el “Leviatán” hace uso de los medios de comunicación para seguir generando esa pasividad en el mexicano. Más. ¿Qué pasa cuando los medios no están de acuerdo con lo que papá gobierno dictamina? Muy fácil, recurren a la crucifixión.

A pesar de que no comparto del todo la manera de hacer periodismo de Carmen Aristegui, es de reconocer la valentía y el coraje de ser abiertamente crítica del régimen federal actual; lo triste es que esa valentía y ese coraje le costaron su trabajo. Desde el punto de vista del sector privado, todo patrón está en su derecho de recurrir al despido cuando uno de sus trabajadores no cumple con las expectativas. Ahora bien, el tema de Aristegui, como todo escándalo de interés nacional se politizó, bajo el argumento de que fue silenciada, ya que en este país no existe la libertad de expresión.

Sea cual sea la verdadera historia del despido de la reconocida periodista, debemos de estar alerta puesto que una mujer que haciendo su trabajo poco a poco se convirtió en una piedra en el zapato para el gobierno federal, al mismo tiempo un verdadero delincuente fue exonerado de toda culpa.

Correo: jleonlaradiaztorre@gmail.com

Twitter: @ChemaLeonLara

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