Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

Las cosas que llega uno a ver y que nunca creyó posible que ocurrieran… El jardín de San Marcos y sus inmediaciones desiertas, en pleno 25 de abril. Mi amiga Teresa Macías Díaz Infante me mostró una foto tomada ayer, digamos que de la esquina de Manuel M. Ponce y Gabriel Fernández Ledesma –lado oriente del jardín-, hacia el norte, hasta el inicio de la calle Jesús F. Contreras… Aquello se veía solo con una soledad despiadada; solo como aquel que ama inútilmente, sin verse correspondido. Ni un alma en la calle, ni un vehículo circulando o estacionado. ¡Nada!; ni siquiera los fantasmas de El naco, o del señor Carrera o de La princesa, o del Chato Juárez… ¡Nadie!

De seguro usted recordará como estuvo este asunto. Cómo, cuando el coronavirus se veía venir, comenzó a deshojarse la margarita: cancelar o no cancelar la feria, y en aquellos primeros momentos no se decía nada que indicara una decisión de cancelarla, esto por todo lo que estaba en juego, toda la riqueza que genera, los empleos que crea, etc. Incluso recuerdo que en algún momento se dijo que no sería aquí donde se tomaría la decisión de cancelarla, sino por instrucciones del Gobierno Federal. Finalmente, el 13 de marzo, se optó por una solución políticamente correcta: la feria no se cancelaba, sino que se posponía “para los meses de junio y julio”, cosa que todavía está muy por verse; a ver si este asunto no termina en una simple y brutal cancelación, y se acabó, hasta el próximo año, exactamente como quien es represaliado con una guillotina.

Por otra parte, este diario (edición del 14 de marzo) recordó que en la cancelación anterior, en 2009, este hecho ocurrió el 26 de abril, cuando había en el estado 32 personas contagiadas de influenza, 12 personas hospitalizadas y dos muertos.

Finalmente, y aprovechando este temporal coronavirulesco Vicente Agustín Esparza, uno de nuestros mejores historiadores, publicó en la edición digital de Página 24 del pasado 17 de abril, un artículo que tituló “Cambios, cancelaciones y pandemias en la Feria de San Marcos”.

Pues bien, yo también quiero aprovechar este temporalpandemiaco, para platicarle de una ocasión en que la feria estuvo a punto de no ser, también debido a una epidemia, en este caso animal. Ocurrió, o pudo haber ocurrido, en 1947, y la epidemia fue la fiebre aftosa…

Así que, si me permite, corre y se va. En el sitio de la Internet del Ejecutivo Federal, en el vínculo correspondiente a la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, encuentro otro vínculo correspondiente al SENASICA (Servicio Nacional y Calidad Agropecuaria), leo que la fiebre aftosa “también conocida como glosopeda, es una enfermedad viral altamente contagiosa que afecta a los animales de pezuña hendida o doble (bovinos, caprinos, porcinos y ovinos, entre otros) y ataca la producción de carne y leche.

En mayo de 1946 arribaron a México 327 animales de ganado cebú procedentes de Brasil al puerto de Veracruz. En octubre de ese mismo año, se reportaron animales infectados en la zona del desembarco y dos meses después se confirmó la presencia de fiebre aftosa. Debido a esto, Estados Unidos cerró su frontera a la importación de ganado mexicano y se impuso una cuarentena, declarando la emergencia nacional.

El 2 de abril de 1947 se estableció la Comisión México-Americana para la Erradicación de la Fiebre Aftosa, acordando una campaña de inspección, cuarentena y sacrificio de animales enfermos, medida que se conoció como “rifle sanitario” y donde se eliminaron en promedio 2 mil cabezas de ganado bovino y porcino al día. A los ganaderos se les indemnizó y las instalaciones fueron desinfectadas, prohibiendo la introducción de nuevos animales hasta constatar que se estaba libre de fiebre aftosa.

A pesar de estas acciones, para finales de 1947 la enfermedad siguió expandiéndose en el centro de la República Mexicana y tras analizar la situación, se decidió incorporar la vacunación al programa, iniciando actividades a inicios de 1948 con vacunas importadas de Europa, que ocho meses después fueron producidas en México. En septiembre de 1949 comenzó la construcción de un laboratorio para el diagnóstico de salud animal en Palo Alto, en la Ciudad de México.

Para 1950 se habían aplicado 60 millones de dosis y se observó una drástica reducción de brotes, quedando totalmente erradicada en 1955. De acuerdo con las cifras oficiales, con el “rifle sanitario” se sacrificaron más de un millón de cabezas de ganado.

La erradicación de la fiebre aftosa representó uno de los más grandes éxitos sanitarios en México, lo que permitió entrar de lleno en el mercado internacional para la comercialización de productos cárnicos.”

Justo como comenzó este asunto del coronavirus, así inició la fiebre aftosa, una noticia entre otras, que fue creciendo, creciendo, aunque en honor a la verdad nunca como esta crisis por la que estamos transitando. Las fechas extremas señaladas en la nota citada son octubre de 1946 y 1955. ¡10 años!, aunque ciertamente el peor año fue 1947, tal y como se verá.

(Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).