Banorte Villasunción

Por J. Jesús López García

La arquitectura tradicional, tanto la vernácula como aquella de los grandes géneros, se basó sobre todo en la geometría desde la edad Antigua de la humanidad con fascinación en las construcciones de la naturaleza. Desde las espirales de tantas floraciones y de los caparazones de moluscos, hasta los hexágonos en las celdas de los panales de las abejas, la geometría es una pauta dinámica en la constitución del mundo físico.

Mucho tiempo antes del uso de métodos de análisis estructural como los de los ingenieros civiles Hardy Cross (1885-1959) y el de Gaspar Kani (1910-1968), la geometría era la disciplina con la que se solucionaba la construcción de edificios. El número áureo y las diferentes formas de la proporción geométrica están imbuidos en buena parte de la arquitectura previa a la modernidad, y la de esa misma modernidad no está exenta de los planteamientos geométricos, si bien éstos de alguna manera han sido difuminados en buena medida por los materiales y procesos constructivos de la era industrial, más apegados a un cálculo estructural que a la composición geométrica. A la par del Cross y el Kani, aún se enseña el diseño canónico como parte de esa raigambre geométrica que emparentaba a los arquitectos con los astrónomos, los músicos, los pintores, los escultores y los alquimistas.

La geometría también se aprecia en los astrolabios, sextantes y demás instrumentos de navegación basados en la observación matemática de los astros. En ese orden de objetos bellos y útiles, están las esferas armilares para conocer la posición de los elementos que integran al universo o toda la simbología de tantas sociedades secretas y discretas como la escuadra y el compás, donde la geometría juega un papel de trascendencia en el conocimiento del mundo.

Los edificios son configurados por trazos geométricos, pero hay algunos, donde es más patente su uso, como las grandes pirámides o los frontones triangulares, como en los arcos apuntados góticos con todo su sistema de contrapesos para lograr la verticalidad que es característica al estilo, en las medias esferas de las cúpulas o en los ángulos rectos de trabes y columnas. Conforme la construcción fue siendo liberada de los materiales tradicionales como piedra, ladrillo, adobe, madera, la pureza de la geometría tendió a ocultarse parcialmente hasta casi desaparecer, al menos a la simple vista.

Aunque de los años veinte a los sesenta del siglo XX se mantuvo muchas veces en la pureza más simple en la arquitectura del Estilo Internacional, con la posmodernidad la geometría arquitectónica tomó dos rumbos casi antitéticos, o se disfrazaba en formas profusas ajenas a la estructura o se hacía más evidente como en los edificios del arquitecto Agustín Hernández Navarro (1924- ).

En el Centro Comercial Villasunción de Aguascalientes, se encuentra Banorte, que muestra una rotación de prismas de base cuadrada, uno de los cuales, el externo, que forma un cuarteto de macizos pórticos, se parte en dos bases triangulares, con lo que se logra una composición elemental y atractiva que alberga en su interior al otro prisma de base cuadrada realizada en vidrio, recordando en algo a los experimentos geométricos del arquitecto Louis Isadore Kahn (1901-1974). Edificio sobrio, actual, que en su simplicidad patente está la elegancia del diseño arquitectónico afortunadamente intacto tras tantos años.

En un mundo donde el impacto de la imagen parece primar sobre todo juicio de valor como lo más deseable, se presenta el trazo geométrico como la fórmula de proyección arquitectónica más atemporal, su impacto puede menguar pero a la larga, su facilidad para ser comprendido en su forma, mantiene al objeto arquitectónico como una parte amable del paisaje urbano donde el orden deseable, se puede hacer patente.