Juan Carlos Villeda Puerta
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Luis Echeverría vivió bajo la sombra de la matanza del 2 de octubre de 1968 y su represión en contra de diversos movimientos. A los 24 años de edad, ingresó al PRI como empleado del partido, y pronto comenzó su carrera como funcionario público en el Gobierno federal, en las secretarías de Marina, Educación y Gobernación.
En 1964 fue nombrado por el Presidente Gustavo Díaz Ordaz como Secretario de Gobernación, desde donde, se acusó, asumió una actitud represiva.
Durante la movilización de estudiantes, desde julio de 1968, fue él quien tomó decisiones para la intervención de la Policía y el Ejército, por lo que fue acusado de fraguar, junto con Díaz Ordaz, la matanza en Tlatelolco y la desaparición forzada de cientos de personas.
Pese a las revueltas en su contra, especialmente de grupos estudiantiles, el Presidente lo designó como su sucesor, por lo que asumió la Presidencia de la República en 1970, en medio de la inconformidad social.
Aunque intentó desligarse de lo sucedido en el 1968, no lo logró, y mantuvo su actitud represiva: en 1971, nuevamente ordenó aplacar una manifestación, en la que intervino un grupo paramilitar al servicio del Estado conocido como «Los Halcones».
Ante la masacre de jóvenes, en un intento por aminorar su responsabilidad, culpó al Jefe del Departamento del Distrito Federal, Alfonso Martínez Domínguez.
Jóvenes golpeados, torturados, asesinados, desaparecidos, fueron las víctimas de una Guerra Sucia
que desató el Estado en los tiempos de Echeverría para enfrentar la disidencia política y la inconformidad expresadas en una serie de movimientos opositores, armados y pacíficos. Un silenciamiento de expresiones en contra de la impunidad y la injusticia.
«Cuando ser joven era un delito», rezaba una de las tantas pancartas que desfilaron al conmemorarse
50 años del 68.
José Revueltas, Heberto Castillo, Luis González de Alba, Pablo Gómez, Salvador Martínez della Rocca y Raúl Álvarez Garín, son algunos de los dirigentes encarcelados después del 2 de octubre de 1968, al igual que muchos estudiantes, algunos con nombre y otros anónimos, que apenas rondaban los 20 años y que salieron de prisión por una amnistía decretada después del echeverrismo.
En esa Guerra Sucia, se le acusa de enfrentar a grupos guerrilleros, de la muerte de Genaro Vázquez, en 1972, y Lucio Cabañas, en 1974, dirigentes del llamado Partido de los Pobres.
En 1973 se creó la Liga Comunista 23 de Septiembre, responsable del asesinato del empresario Eugenio Garza Sada en Monterrey, el 17 de septiembre de ese año, tras un fallido intento de secuestro. Ese hecho también marcó su sexenio y la relación con el sector empresarial.
Por la masacre del 2 de octubre, fue acusado de genocidio por la entonces Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMSPP) -de efímera vida entre 2002 y 2007 en los sexenios panistas-.
Ha sido, hasta el momento, el único ex Presidente en comparecer ante un Ministerio Público, pues
en julio de 2002 declaró durante varias horas.
Incluso, el 30 de junio del 2006, un juez federal ordenó arresto domiciliario, pero días después éste fue
anulado porque el delito había prescrito el año anterior.
Nuevamente, el 30 de noviembre se volvió a decretar auto de formal prisión por el delito de genocidio, pero tras varios amparos y vaivenes legales, se le absolvió en definitiva en el 27 de marzo de 2009. En octubre de 2021, el Gobierno de Andrés Manuel López Obrador anunció la creación de la Comisión por el Acceso a la Verdad y el Esclarecimiento Histórico y Justicia a las Violaciones graves a los Derechos Humanos cometidos entre los años 1965-1990, sin que se conozca su trabajo.

TERMINA EN EL OCASO
Al terminar su sexenio, quiso ser secretario general de la ONU, sin lograrlo, por lo que acabó con un exilio dorado al ser nombrado Embajador de México en Australia, Nueva Zelanda y las lejanas Islas Fidji.
Tras esas asignaciones vivió prácticamente aislado.
A sus 84 años, fue hospitalizado por un problema de irrigación sanguínea en el cerebro, y mientras su
salud empeoraba le embargaron 14 terrenos en la isla de Cozumel por deudas fiscales.
Sus últimos años la pasó enfermó, la última vez que se le vio fue el año pasado en la UNAM, cuando
acudió, en silla de ruedas, a aplicarse la vacuna contra el Covid-19.
Se afirma que pasaba más tiempo en su casa de Cuernavaca, donde falleció, que en la Ciudad de México.