Ricardo Vargas

Se ha vuelto ya casi normal que el crecimiento económico y quizá la estabilidad de precios sean dos de las principales promesas de diferentes políticos mexicanos sin importar que sean locales, estatales o federales. Particularmente, y sin ser diferente a sexenios anteriores, la campaña de Andrés Manuel López Obrador estuvo basada principalmente en combatir la corrupción en el país, pero también en obtener un crecimiento económico del 4% en promedio anual durante su sexenio. Una cifra lejana a lo que hemos visto en los últimos años y quizá un poco difícil de concretar en medio de un entorno económico internacional desfavorable. Sin enfocarme mucho en la cifra de crecimiento prometida, veo como algo positivo que el equipo de Andrés Manuel haya reconocido la falta de crecimiento de la economía mexicana, las consecuencias que esto ha traído, y los beneficios que podríamos ver con un crecimiento mayor. Al final del día el gobierno federal sí tiene un papel importante en el crecimiento económico del país, y sus decisiones de política pública podrán impulsar o frenar la actividad económica.

Me parece interesante este tema porque la desaceleración económica por la que atraviesa nuestro país, se presente ahora con un fuerte incremento en precios que parece no ceder y que ha repuntado desde hace un par de meses. A esta condición, en donde una economía presenta bajos niveles de crecimiento y un alto nivel de inflación se le conoce como estanflación, y podríamos verlo en México a menos que suceda un cambio importante.

Primero, lo primero. El crecimiento económico en México ha venido a la baja desde hace varios años, y es importante decir que no es un problema nuevo, sino uno que se ha venido gestando desde hace ya tiempo. Sin embargo, se ha acentuado en los últimos meses, y al ver las condiciones globales de la economía, es difícil pensar que la actividad económica en nuestro país pudiera de pronto corregir su tendencia y apuntar hacia el ansiado crecimiento del 4% anual; se ve lejano. De acuerdo con cifras de INEGI, el Producto Interno Bruto de nuestro país en el primer trimestre de este año creció 0.1% en términos anuales, y cayó (-)0.2% respecto al último trimestre de 2018. Es la peor cifra de crecimiento trimestral desde el cierre de 2009. En cuanto a la inversión pública, ésta cayó más de un 20% en términos nominales durante el sexenio pasado, lo que hace que la inversión fija total (incluyendo a la privada) haya crecido únicamente un 6% en total durante los últimos seis años. Además, la producción industrial continúa mostrando un débil inicio de año, y durante el mes de abril registró una caída mensual del 1.3% y una caída anual del 0.1%. Si a este análisis, le añadiéramos los diferentes factores que a nivel internacional han generado incertidumbre y desconfianza, el pronóstico para nuestro país sería probablemente menos optimista aún.

Por el otro lado está el tema de precios. La inflación está definida como el incremento generalizado y sostenido en el nivel de precios dentro de una economía, algo que también aparece constantemente en los discursos de campañas políticas. Sin embargo, la inflación no debe interpretarse como un aspecto negativo, sino necesario de la economía. Es decir, la inflación por sí misma no es mala, pues refleja una economía activa. El problema está cuando la inflación está en niveles altos, y esto genera una pérdida en el valor de la moneda, situación que impacta en mayor magnitud a aquella parte de la población que tiene bajos ingresos. Para el caso de nuestro país, es Banco de México el encargado de mantener una inflación baja, que permita mantener el poder adquisitivo de la moneda. En este sentido, Banxico definió el objetivo de inflación en un rango de 3.00% +/- 1.00%, sin embargo, este objetivo se cumplió solamente en el pasado mes de febrero, por primera vez desde el cierre de 2016. Desde entonces, la inflación ha vuelto a repuntar y se ubicó en términos anuales sobre el 4.41% durante el mes de abril y con pocas probabilidades de que haya disminuido durante el mes de mayo.

Habrá que esperar y ver si, de la mano del nuevo gobierno federal, México logra recuperar un buen nivel de crecimiento económico. Y ver también si, por medio del Banco de México, la inflación en nuestro país puede volver a ubicarse en niveles cercanos al 3.00% y corregir lo que parece ser una nueva tendencia a la alza. Indudablemente no es esto un problema de este año, pero habrá que tomar las medidas necesarias para poder corregir el rumbo y evitar que veamos en nuestro país un período de estanflación, en medio de un contexto económico global de poca cooperación y de alta incertidumbre.

@1ricardovargas

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