Por Dra. Ednna Milvia Segovia Miranda

 Traigo un nudo en la garganta. Creo que encontré a mi hijo Marco en la búsqueda de hoy. Reconozco su dentadura y forma de cráneo. Siento que me derrumbo”, son las palabras de Cecilia Patricia Flores, líder y fundadora del colectivo madres buscadoras de Sonora, uno de los 70 colectivos de buscadoras, rastreadoras y guerreras que existen en México y que dedican su día a día a perseguir las trazas de sus seres queridos desaparecidos en su propio país. Pero ¿cómo lo logran?, ¿de dónde obtienen entereza? Es el propio proceso de resiliencia el que probablemente les permite resistir, sobreponerse y resignificar toda la tragedia, el trauma.

“Desaparecida” se lee en los afiches de las calles; #ayúdanosalocalizarla se comparte en las redes sociales. No obstante, para buscar y localizar a quienes faltan se requiere además de un cúmulo de voluntades, un despliegue de competencias y diversos recursos, siendo el Protocolo Homologado para la Búsqueda de Personas Desaparecidas y No Localizadas uno de ellos. Este último es una herramienta jurídica y operativa, de observancia obligatoria, que sirve de guía para la actuación y coordinación de las instituciones y, lo más importante, permite garantizar los derechos de las personas desaparecidas y de sus familias en los procesos de búsqueda. Aunque existen otros protocolos precedentes y vigentes que seguramente has escuchado, como el Protocolo ALBA (para la búsqueda y localización de mujeres y niñas desaparecidas y/o ausentes en el territorio mexicano) y la Alerta AMBER (para la búsqueda y pronta localización de niñas, niños y adolescentes que se encuentren en riesgo inminente de sufrir daño grave a su integridad personal, por motivo de ausencia, desaparición, extravío, privación ilegal de la libertad o cualquier circunstancia donde se presuma la comisión de algún ilícito ocurrido en el territorio Nacional).

Por lo que considero pertinente clarificar que una persona desaparecida es aquella que no se sabe dónde está y que, de acuerdo con la información disponible, puede estar siendo o haber sido víctima de un delito, mientras que una persona no localizada es aquella que no se sabe dónde está, pero que nada indica que esté siendo víctima de un crimen. En ambos casos, las autoridades tienen el deber de buscarla, desde el instante en que se enteran de la situación y hasta encontrarla, sin importar cuándo desaparecieron, en qué circunstancias o quiénes sean. Las autoridades primarias más importantes en la búsqueda son las Comisiones de Búsqueda, las Fiscalías, las policías y los Juzgados.

La búsqueda inmediata inicia usualmente con un reporte vía telefónica o vía internet, en persona o por escrito. Sin importar dónde, cómo o ante qué autoridad se haga dicho reporte, se le deberá otorgar un Folio Único de Búsqueda, quedando bajo la coordinación de la Comisión de Búsqueda o de la Fiscalía, a partir del momento en que les notifican la situación, el rastreo y despliegue operativo. Es aquí donde la participación social es indispensable para la difusión de cédulas informativas con la fotografía de la persona para pedir ayuda en su localización a través de medios de comunicación, las calles y las redes sociales.

Es importante conocer que además de la búsqueda inmediata existen otros tipos de búsqueda complementarios, no alternativos, como son la búsqueda individualizada, la búsqueda por patrones, la búsqueda generalizada y la búsqueda de familia, de los cuales podríamos tertuliar en otra ocasión. Por esta ocasión y en un sentido de sensibilidad social, quiero destacar que toda persona tiene derecho de ser buscada y las familias tienen derecho a participar en la búsqueda; que quizá un acto amoroso y genuino hacia quienes experimentan ese profundo dolor, ese desgaste de las salidas diarias a buscar en la tierra de nadie, sea nuestra empatía y nuestra solidaridad.

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