Víctor Hugo Granados Zapata

El próximo lunes 7 de junio tendremos el regreso presencial a las aulas y con ello, poco a poco vamos a descifrar cuál es la mejor manera de llevar a cabo este proceso ¿por qué? Más allá de todas las estrategias que se han analizado y propuesto, a nivel nacional e internacional, los entornos que viven las escuelas son diferentes entre sí. Al mismo tiempo, los mecanismos de traslado, las actividades al aire libre, el modelo semi presencial, etc., definitivamente va a variar entre cada institución educativa, lo que nos lleva a cuestionarnos ¿cuál debe ser la estrategia óptima para regresar a los salones? Esta respuesta llegará una vez que iniciemos con el regreso presencial, tomando la mayor cantidad de medidas sanitarias (desde casa hasta en el interior de las aulas) y siguiendo los protocolos de sanidad ¿cuáles son los factores que debemos tomar en cuenta? En esta ocasión, les adjuntaré a las familias unos cuantos puntos de vista que deben tener en consideración, para que desde este lunes impulsemos un retorno a clases eficaz y seguro.

Primero, no es lo mismo una escuela secundaria en un contexto urbano, donde la cantidad de alumnos es de arriba de 30 por salón, espacios reducidos en las aulas, congestionamiento al momento de dejar y recoger a las y los estudiantes; que una escuela en una comunidad rural, donde puede haber entre 7 a 12 alumnos máximo que estén en multigrado, con áreas extendidas de campo y mayor ventilación. Este punto es interesante, puesto que las escuelas que necesitan mayor inversión en términos de infraestructura y materiales didácticos son, ahora, las más seguras para el regreso presencial. En este mismo sentido, debemos tomar en cuenta que los modelos presenciales deben adaptarse al entorno social de cada escuela y también habrá variación en el riesgo y nivel de contagio en cada una de las escuelas, por lo que sería un tremendo error generalizar que por un brote de COVID-19 en una escuela esto vaya a ocurrir en todas las demás.

Segundo, el riesgo de contagio siempre va a existir. Esto hay que tenerlo muy claro, en la actualidad no hay ni un solo entorno que nos pueda garantizar un 100% de inmunidad ¡tampoco nuestra propia casa! Al salir a trabajar, comprar el super, ir al mercado, etc., tenemos una pequeña probabilidad de contagiarnos, obviamente la responsabilidad de qué tanto nos cuidamos y cuál es riesgo que asumimos tomar al ir a lugares de alto riesgo contagio (bares, antros, partidos de futbol, etc.) es de cada persona, incluyendo a los propios padres de familia ¿debería la educación de sus hijas e hijos quedar en un plano de alto riesgo? Muchos comentarios de padres de familia se enfocan en que el riesgo está en las escuelas, cuando esto ha sido desmentido en muchas ocasiones por especialistas a nivel internacional (Zimmerman KO, Akinboyo IC, Brookhart A, et al; 2020) lo que nos debe orillar a ser más comprensivos y críticos en el tema, no dejarnos ir por noticias falsas de Facebook y siempre estar atentos a los señalamientos de las instituciones de salud (en el caso de Aguascalientes, el ISSEA).

Tercero, vacunarse es crucial para una reapertura más segura de las escuelas. El mayor riesgo de contagio en este contexto podría darse en la “entrada” y “salida” de la escuela, cuando las familias tienen, aunque sea mínimo, contacto con otras personas en las puertas de las escuelas. Desde hablar con las y los docentes hasta encontrarse a otros padres de familia puede llegar a ser un gran riesgo. De aquí la necesidad de que si ya se encuentra en edad para vacunarse lo haga, o bien, tomar un estricto cumplimiento a las medidas sanitarias y evitar la exposición lo más que pueda. Sin embargo ¿qué hay de los niños? Uno de los hallazgos más interesantes del estudio que cité con anterioridad es que señala que la transmisión entre niños y adultos es muy pequeña, si lo sumamos con papás vacunados, el riesgo de padecer COVID-19 y que éste sea de gravedad es todavía menor.

Cuarto y último, es un sacrificio por el futuro de los niños. El impacto del COVID-19 en la educación ha sido brutal. Desde deserción masiva en todo el país (5.2 millones en todo el país, según los resultados del ECOVID-Ed 2021 del INEGI) hasta la pérdida del aprendizaje debido a la educación a distancia y sumado el desgaste emocional que trajo consigo el encierro prolongado; todo esto ha puesto en riesgo la estabilidad del futuro de las y los estudiantes en todo México y la estrategia más próxima a evitar la prolongación de estos daños es justamente el regreso a las aulas. Por otro lado, esto no es lo único que necesitamos, debemos exigirles a nuestras autoridades educativas (sobre todo a la SEP) que implementen estrategias para mejorar la salud mental de las y los estudiantes, así como planes de renivelación para compensar el impacto que tuvo la educación en línea en su rendimiento académico.

Sé que el tema electoral aún está pendiente, pero hay que estar muy atentos desde este lunes para poder construir mecanismos de regreso presencial crítico y sobre todo enfocado al bienestar de las y los alumnos. Lo hacemos por cada alumna y alumno, por su derecho a la educación y por su futuro. Y un último aviso para las niñas y niños: Este lunes no olviden lavarse sus manos, ponerse su cubrebocas, preparar la mochila y ya que estén listos, vámonos a la escuela, que tenemos mucho por aprender.