Ana Patricia Velázquez
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-En pleno pico pandémico, en una guardia nocturna, fallecieron cinco personas por Covid-19 en el IMSS Cobá HGZ No.3 de Cancún.
Xochitl Aguilar Dzib, enfermera, cuenta que en el área integrada por unas 27 personas de las cuales sólo 6 son hombres, todos corrían con ventiladores y medicamentos.
“Ese día estuvo muy feo igual porque empezaron a ponerse mal así como en filita y el médico ya no sabía qué hacer porque estaban muy graves, los empezaron a entubar a todos y no resistían”, relata.
Al día siguiente, con esa carga emocional y física a cuestas, la enfermera de 39 años tuvo que ir a casa y continuar con su rutina.
“Aunque salgas cansada y toda la cosa llegas a casa, descansas un rato, pero tienes que levantarte a hacer de comer, a ver a los niños, la tarea, la escuela y todo eso, entonces sí, es mucho más cansado y más responsabilidad”.
La carga emocional es ineludible y pesada.
“Te piden (los pacientes) su llamada, piden hablar con sus familiares y escuchas que hablan con ellos. Se despiden y les dicen que pronto los van a ver y ves que no llega ese momento. Es muy duro ver tantas personas morir”, lamenta.
Hace 10 meses, a Xochilt, quien tiene diabetes e hipertensión, su esposo la contagió de Covid-19.
La enfermedad le dejó la presión descontrolada durante 7 meses y ahora, ya estable, es monitoreada, pero lo que no se le quitan son las contracturas musculares debido al estrés, sin contar la ansiedad al portar el equipo de protección que hace más agotadora la jornada.
“Tengo apenas 15 días que me dieron un masaje porque ya no aguantaba el dolor de la espalda, me he estado poniendo las vitaminas que traen diclofenaco y complejo B inyectado y ni así me lo quitaba, hasta fui con un quiropráctico y todo, pero nada.
“Me tuvieron que hacer un tipo masaje relajante para que me quitaran toda la contractura que tenía”.