Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En condiciones normales de la enseñanza; es decir, cuando los niños y los adolescentes, de educación básica, asisten a la escuela todos los días y sus maestros explican el contenido de las clases, una y otra vez; aun así, tanto en primaria como en secundaria, se dan altos porcentajes de alumnos rezagados y reprobados en cada ciclo escolar. Técnicamente, son rezagados los que obtienen de 6 a 6.9 de calificación y reprobados los que tan sólo alcanzan 5. Aunque siendo honestos, los que sacan ochos y nueves, también afloran carencias académicas. Por eso cuando los educandos eran sometidos a evaluaciones nacionales, no hace mucho, más del 80 % manifestaba severas deficiencias en el aprovechamiento escolar.

Ahora bien, si en condiciones normales el rezago educativo es muy preocupante, ¿en qué situación  académica quedarían los alumnos, en el contexto de la pandemia, al concluir el ciclo escolar 2019 – 2020? Se puede inferir que el rezago aumentó. La Unidad de Educación para América Latina y el Caribe, del Banco Mundial, informa que en el caso de México se incrementó a más del 40 % de la población escolar básica; porque a pesar de las buenas intenciones de “Aprende en casa” hubo varias irregularidades que no permitieron mayores avances. Por otra parte, gran cantidad de calificaciones asignadas a los estudiantes, al finalizar el año, fueron meramente administrativas; esto es, por indicaciones de las autoridades centrales y locales se ordenó asignar a los alumnos el promedio de calificación que llevaban hasta el pasado mes de marzo, siempre y cuando fueran promedios aprobatorios; y si estos alumnos (aprobados) entregaron carpetas de trabajos realizados en casa, por este hecho se debería incrementar su calificación, pero de ninguna manera deberían disminuir los puntos aun cuando los trabajos estuvieran mal. Y aquellos alumnos que para el mes de marzo tuvieran promedios reprobatorios, y que éstos tampoco entregaron trabajos hechos en casa, la indicación fue de no reprobarlos, mínimo debería asignárseles 6, o alguna otra calificación aprobatoria; aumentando, de esta forma, el rezago educativo.

Suponiendo que el próximo mes de agosto se reanudan las clases presenciales; las tres primeras semanas previstas, para las regularizaciones, son insuficientes debido al alto porcentaje del rezago. Sería preferible, después de un riguroso diagnóstico, reestructurar los programas de estudio de manera que los aprendizajes no logrados sean reincorporados en los siguientes grados para desarrollarlos durante el ciclo escolar.

Es bueno que las autoridades centrales y locales estén preocupadas porque haya protocolos de sanidad en las escuelas; pero que estas medidas no sean únicamente el primer día de clases, sino todos los días. La salud de los niños, los adolescentes y de los maestros, importa todos los días. En este contexto, la sanidad es necesaria, pero también es fundamental reestructurar los contenidos de los programas de estudio para que los alumnos adquieran los aprendizajes que requieren en la vida presente y en el futuro. El actual Gobierno de la República ya cumplió con lo prometido en campaña “abrogar la anterior Reforma Educativa”; sin embargo, a 18 meses de su gestión aún no da claridad sobre el nuevo modelo de educación, en sustitución del que invalidó. El impacto de la pandemia, en materia educativa, es una buena oportunidad para que el Gobierno federal, a través de la Secretaría de Educación, presente e implemente una nueva rectoría educativa, que tanta falta hace y más en estos días. Que no se conforme con el simple hecho de haber nulificado la evaluación docente; como tampoco debe conformarse con haber ordenado otorgar calificaciones administrativas de pase, para evitar reprobaciones; ahora debe sugerir ideas, acciones y estrategias para superar el rezago educativo y mejorar los aprendizajes de los estudiantes en general. “Como anillo al dedo quedó la pandemia”, para renovar la educación básica.