Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Cuando llegó personal del Órgano Superior Federal de Fiscalización para auditar las finanzas del Instituto de Educación de Aguascalientes (IEA), las autoridades locales ya estaban, supuestamente, preparadas para justificar los gastos realizados durante el año anterior. En breve reunión con los directores de área del IEA, el auditor en jefe del Órgano Superior de Fiscalización dijo, “Empezaremos por la Dirección de Educación Básica. Si usted no tiene inconveniente _dirigiéndose al responsable del área_ pasaremos a su oficina porque ahí tendrá usted los documentos que le solicitaremos”.

Ya en la oficina de Educación Básica, el auditor le dice al director del área, “La Federación entregó al estado de Aguascalientes 3 mil millones 876 mil pesos el año pasado; de este total, ustedes destinaron el 98 % para el pago a maestros y funcionarios de la entidad; atendieron 278 mil alumnos en educación básica. Señor director,_ dice el auditor _ muéstreme la estadística y algún  otro documento oficial que muestren el número de alumnos, de los 278 mil atendidos, que lograron los aprendizajes marcados en los planes y programas de estudio vigentes, esto es, muéstreme el número de alumnos aprobados”. El director de Educación Básica, desconcertado, buscó entre sus archivos los documentos requeridos. Encontró los resultados de ENLACE (Evaluación Nacional del Logro Académico en Centros Escolares) y puso en manos del auditor este documento. El auditor analizó detenidamente los datos de la evaluación y, mirando al director, le dice, “¿Está usted consciente que el 76 % de los alumnos de primaria resultaron reprobados y que el 87 % de los alumnos de secundaria también reprobaron?” “Sí señor _quiso justificar el director_ hay varios factores que inciden. . .” Le interrumpe el auditor diciendo _“en lugar de enumerar los factores, dígame o muéstreme algún proyecto o programa que están desplegando para abatir la reprobación o para elevar los aprendizajes de los estudiantes”. El director trató de explicar que en algunas escuelas focalizadas se estaban realizando algunos esfuerzos. . . El auditor le vuelve a interrumpir para decirle, “Cuando vayamos a las escuelas, allá preguntaremos lo que se está haciendo para mejorar los estudios; la pregunta es, ¿Esta Dirección o los departamento de Educación Básica están implementado algún proyecto de mejora educativa?” Ante la respuesta negativa, el auditor pidió los resultados de los años anteriores. Se le mostró la información de los dos años anteriores. “¡Vea cómo los porcentajes de reprobación no mejoran!” _observa el auditor-. Ante el triste panorama sobre el aprovechamiento escolar, el auditor concluye diciendo, “Señor director, el dinero que autoriza la Federación, anualmente, es para que los alumnos, a través de ustedes y los docentes, logren  los aprendizajes señalados en los programas de estudio, para eso se otorga el presupuesto; y si los alumnos no están aprendiendo, como lo muestran las evaluaciones, entonces hay graves responsabilidades para los funcionarios, los directivos escolares y los docentes; las cuales ameritan severas sanciones. Esta es la auditoría más importante, la que tiene que ver con los aprendizajes de los estudiantes”.

Sin embargo, de la auditoría educativa lo que más se destaca son las inconsistencias o desvíos en el manejo administrativo de las finanzas (que también son graves); pero del aprendizaje de los alumnos, que es la razón de ser de los presupuestos millonarios en educación, al parecer no preocupan; porque no pasa nada; prueba de ello, hoy en día PLANEA (Plan Nacional para la Evaluación de los Aprendizajes) muestra incremento al 93% de alumnos reprobados en Matemáticas y Español; y tan no interesa el aprendizaje que del presupuesto educativo estatal para 2018 lo más importante, según las autoridades educativas, es asegurar 200 pesos para otorgarle a los padres de familia el año entrante, pero del aprendizaje de los estudiantes nadie dice nada. Es deseable una actitud más responsable al respecto.