Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

A los maestros se nos ha recomendado atender, pedagógicamente,  la diversidad de nuestros alumnos en su proceso educacional. Según el Diccionario Océano de Sinónimos, la diversidad tiene que ver con variedad, diferencia, pluralidad, heterogeneidad, multiplicidad, complejidad, desigualdad, riqueza, duplicidad, dualidad, inconexión, disparidad. Por tanto, los docentes necesitamos visiones, orientaciones, planes, actividades, métodos, técnicas, estrategias y recursos diferenciados tanto para enseñar como para evaluar los aprendizajes de los alumnos de acuerdo con su heterogeneidad.

¿Por qué son heterogéneos nuestros alumnos? Porque la desigualdad es producto de la diversidad de los contextos geográficos, sociales, económicos y culturales, en los que viven. En tal virtud, la escuela viene siendo un punto de encuentro intercultural e intergeneracional de esa multiplicidad de contextos y de experiencias de aprendizaje dispares. Los docentes, por tanto, debemos saber aprovechar esa multiplicidad de   condiciones y experiencias con el objeto de enriquecer los saberes y formar a los estudiantes a partir de sus diferencias. Si seguimos planeando, desarrollando las clases y evaluando, igual para todos, estaremos contradiciendo el principio de la diversidad, en perjuicio de los educandos.

Para desarrollar nuestra labor de educador, debemos centrarnos en el aprendizaje de los estudiantes; y para ello, primero, tenemos que conocerlos; conocer los factores socioeconómicos y culturales que los rodean; consciente y responsablemente, necesitamos conocer y sistematizar la información sobre su situación familiar, económica, social y cultural; las aspiraciones; los gustos y desagrados; las potencialidades y limitaciones; las emociones preponderantes en su desarrollo; la disposición y uso de las herramientas electrónicas;  las experiencias y habilidades de aprendizaje; entre otras cosas. De esta forma, conociendo a los alumnos, su entorno y sus necesidades, entenderemos por qué en el confinamiento unos sí cumplieron con las tareas encomendadas y otros no; por qué unos sí hicieron los trabajos  bien y otros mal o regular; por qué a unos sí les interesan sus estudios y  otros son indiferentes. La diversidad de alumnos explicará la variedad de resultados y avances, de estancos y retrocesos; elementos esenciales para una correcta valoración de tareas y la regularización. Y con esta misma información, en adelante, sabremos qué hacer con cada uno  de ellos para que logren los aprendizajes esperados DE ACUERDO CON SUS CIRCUNSTANCIAS Y CAPACIDADES INDIVIDUALES. Y si estamos pensando en regularizarlos, que quede claro, regularizar a los alumnos no significa ponerlos a todos en el mismo nivel de aprovechamiento y en el mismo tiempo. La regularización y el avance en el aprendizaje serán de conformidad con lo que cada alumno necesita y puede. Hay alumnos que en una clase aprenden lo que el maestro indica; otros necesitan dos o tres clases; y otros más requieren semanas; a esto se llama ritmo de aprendizaje que depende de las potencialidades y las limitaciones; pero todos aprenden a su manera y en su tiempo. Hay alumnos que aprenden oyendo, otros escribiendo, otros dibujando y otros con movimientos y juegos. Hay alumnos que aprenden en el salón de clases con el maestro y otros  platicando con sus amigos en el patio y los pasillos; entre otras variantes. Lo anterior requiere, invariablemente, diversificar las actividades, los materiales y las técnicas; todo con cariño, paciencia, profesionalismo y perseverancia. Estas cosas nos corresponden a los maestros; y a las autoridades les corresponde equipar y mantener  a las escuelas con todo lo necesario,  con la infraestructura tecnológica requerida y capacitar a los maestros para que, realmente, tengamos una Nueva Escuela Mexicana que, hasta hoy, tan sólo está en el discurso. Una escuela bien equipada serviría para igualar las oportunidades de aprendizaje de los más vulnerables.

El confinamiento sanitario generó mayor conciencia social de la necesidad del maestro. Respondamos a ese reconocimiento con el mejor trabajo docente de que somos capaces; los niños, los adolescentes y los jóvenes, lo merecen.