Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

El Artículo Tercero de la Constitución establece que la equidad es un principio fundamental en la educación; y las autoridades educativas, a su vez, declaran que la equidad es vital en el proceso educativo y esencial en cuestiones de justicia. En el terreno de los hechos del sistema escolar, equidad es proporcionar más y mejor apoyo a los más necesitados, a los más vulnerables, a los desiguales. Por ejemplo, en una escuela, los alumnos rezagados en los aprendizajes, por equidad tienen el derecho (y la justicia) de ser atendidos más y mejor: con más tiempo de duración, con más esmero, con más voluntad; y con mejores maestros, mejores técnicas y mejores materiales educativos; sin perjuicio del resto de los estudiantes. Si este principio pedagógico se aplicara siempre y en todas las circunstancias, otro nivel educativo se tendría.

Ahora bien, para el próximo ciclo escolar 2021 – 2022, que inicia el 30 de agosto, (si las condiciones son propicias debido al coronavirus y sus variantes) la idea que las autoridades han deslizado, hasta hoy, es iniciar mediante el sistema híbrido: el lunes asistirá la mitad de un grupo y la otra mitad al día siguiente, martes; el miércoles vuelve a clases el medio grupo que asistió el lunes y la otra mitad el jueves; el viernes, tentativamente, sería para atender a los rezagados. En primaria, entonces, en general los niños serán atendidos durante dos días a la semana (10 horas) y los rezagados un sólo día (5 horas). En secundaria, se comenta que el 50 % de los alumnos sería atendido durante toda una semana y el otro 50 % la siguiente semana, y así sucesivamente. Bajo estas circunstancias, en primaria, no hay equidad porque los alumnos rezagados tendrían menos tiempo de atención, cuando son los que requieren mayor carga horaria para regularizar su situación académica. En secundaria, el panorama está más preocupante, porque los alumnos rezagados serán tratados, pedagógicamente, en igualdad de circunstancias a los más avanzados: las mismas técnicas, los mismos materiales y las mismas formas de evaluar. Ni en primaria ni en secundaria habrá equidad por la forma de organizar a los grupos para su atención, y se debe aceptar que la inequidad es uno de los principales factores que origina el rezago educativo y la reprobación.

Sería recomendable que a los rezagados se les dedicara más tiempo de atención, por lo menos dos días a la semana durante los meses iniciales y los otros tres días serían para el resto de los alumnos. Académicamente, la planeación didáctica de las clases puede ser mediante aprendizajes esperados, pero para los rezagados la variante debe estar en las actividades a realizar que deben ser más sencillas; con procedimientos didácticos más llamativos y con evaluaciones acordes a su nivel. Para hacer este tipo de planeación, con base en lo que cada quien necesita, es indispensable tener un buen diagnóstico académico y conocer a los alumnos: saber qué aprendizajes sí dominan y les gustan; qué aprendizajes no entienden y le disgustan; qué procedimientos utilizan para estudiar e investigar; de qué apoyos disponen; cuál es la situación de su familia; y cuál es su proyecto de vida, entre otras cosas. Conociendo las potencialidades y limitaciones de los educandos se pueden sugerir las actividades más idóneas a sus habilidades y gustos. Para ello, es necesario estar cerca de los alumnos, hablar con ellos, saber lo que les pasa, interesarse en ellos, mostrarles cariño y respeto y brindarles lo mejor de nuestras experiencias como educadores. No subestimar, no desairar, no ignorar a los alumnos más problemáticos; el mejor maestro es el que sabe comprender y consentir a los alumnos más difíciles en su comportamiento y en su aprendizaje; con su empatía y dedicación los transformará en mejores alumnos. Éste es el espíritu de la equidad.