Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Desde el momento en que la Secretaría  de Educación tomó la decisión de impartir clases en televisión a los alumnos de educación básica, se podría pensar que todos los niños y adolescentes están recibiendo las clases mediante esta vía; sin embargo, no es así. A tres semanas de haberse iniciado las clases, del presente ciclo escolar, en Aguascalientes por ejemplo se observan las siguientes modalidades de atención:

Los colegios particulares están trabajando a través de plataformas digitales y con base en la propia dosificación de los planes y programas de estudio vigentes. La mayoría de los docentes, del subsistema, tienen y dominan la tecnología, por lo que no hay mayores problemas.

En las escuelas públicas, se estima que poco más del 45 % de los estudiantes están recibiendo las clases a través de la televisión; el otro 45 % tiene comunicación con sus maestros, vía WhatsApp, para sus clases; y un 10 % ni en televisión ni por WhatsApp atiende los estudios.

De los colegios se puede decir que las clases son aceptables, sin llegar a la excelencia; los alumnos, mediante videoconferencias, se intercomunican con los maestros y entre ellos; están haciendo buenos esfuerzos, en gran medida, gracias también al apoyo de los padres de familia. En cambio, los niños y adolescentes de las escuelas  públicas que están recibiendo clases a través de la televisión, sólo ellos y algunos de sus padres saben si están aprendiendo o no, porque gran parte de estos alumnos no se comunica con sus maestros, aun cuando éstos estás dispuestos para brindarles apoyos necesarios. Es diferente con los alumnos que sí tienen comunicación con los maestros mediante WhatsApp; estos educandos están recibiendo indicaciones de lo que deben hacer, de las páginas de los libros de texto que deben leer para fundamentar sus aprendizajes, de lo más importante que deben enfatizar, de los ejercicios que deben realizar y qué evidencias de trabajo tienen que enviar para efectos de revisión y evaluación del aprendizaje esperado. Desde luego, habrá que decir y reconocer que esta forma de comunicación y de trabajo, está resultando muy pesado para los maestros porque requiere el doble o hasta el triple de tiempo (en relación con la carga horaria de sus nombramientos) para poder atender tanto a los niños como a los padres de familia, toda vez que los llaman a todas horas y todos los días, incluyendo sábados y domingos. Los alumnos, generalmente, llaman por la mañana y los padres de familia por la tarde, después de salir del trabajo. A algunos maestros de secundaria, que tienen varios grupos bajo su responsabilidad, se les ha notado cierto grado de estrés por el tiempo que destinan a la atención de los estudiantes; por lo que están estableciendo horarios razonables para atender adecuadamente tanto a los alumnos como a sus padres. Bajo un orden en el trabajo, las cosas pueden resultar bien para todas las partes.

En este contexto y sin lugar a dudas, el grupo que preocupa, sobre manera, es el de los niños y adolescentes que ni por televisión ni por WhatsApp están atendiendo los estudios. Los directores y maestros han estado tratando de comunicarse con ellos, pero no han tenido éxito. Habrá que seguir insistiendo, así como también habrá que convencer a los alumnos que reciben clases en televisión, y a sus padres, que se comuniquen con los maestros para una mejor coordinación en los aprendizajes.

Por lo anterior, pareciera que hay una atención dispersa, fragmentada, en el proceso educacional; sin embargo, la propia Secretaria de Educación estableció esas viabilidades, dependiendo de las condiciones y posibilidades de cada escuela; en la inteligencia de que la unidad formativa se logrará con los planes y programas de estudio, siempre y cuando se desarrollen de manera profesional.