Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

En el contexto de la pandemia, por el COVID-19, la Secretaría de Educación ha insistido mucho en que es necesario atender las emociones (el miedo, la angustia, la desesperación,) de los alumnos con el objeto de que éstos puedan realizar sus estudios de manera normal y con éxito. Y en ello hay mucha razón, los maestros hemos observado que cuando un alumno está angustiado, acongojado, nervioso por algo que le pasa en lo personal o en su familia, éste alumno puede estar “presente” en la clase pero no atiende las explicaciones sobre el tema que se desarrolla; consecuentemente, no aprende los contenidos tratados debido a que su mente está ocupada en lo que le preocupa. Las fuertes emociones negativas que experimenta el educando bloquean los aprendizajes. Y no aprenderá lo que está establecido en los programas de estudio hasta que logre superar su estado emocional. Por tanto es fundamental, en estos momentos de incertidumbre, atender las emociones provocadas por la pandemia y por otros factores individuales, familiares y sociales.

La educación emocional no es de ahora, hace cientos de años pedagogos como Comenio, Pestalozzi, Montessori, Freinet y otros más, asentaron que el afecto (emoción positiva) es fundamental en el proceso enseñanza-aprendizaje: “El afecto es la primera matriz en la formación humana que inicia con el afecto materno y continúa en la sociedad moderna con la comprensión y afecto del maestro. La afectividad consciente, la motivación, el interés, la buena disposición, el estímulo positivo, la empatía, son variaciones pedagógicas del principio que articula la cabeza con el corazón, la razón con el sentimiento y lo cognitivo con lo afectivo”. Por tales razones, históricamente los maestros han utilizado estas variantes pedagógicas (emociones positivas), unos más, otros menos, pero las han usado para sacar adelante a los alumnos en crisis por problemas emocionales. En estos días de confinamiento, con mayor razón, debemos reforzar esos factores positivos para brindar las mejores orientaciones a los estudiantes en su proceso enseñanza-aprendizaje a distancia, y en su formación integral.

Pero en este esfuerzo de atención, a los educandos, en su desarrollo humano mediante la educación emocional, los maestros no debemos estar solos; solos no podremos avanzar mucho; necesitamos el trabajo conjunto con directivos, supervisores, asesores técnicos, psicólogos, trabajadoras sociales y padres de familia.

Ahora bien, para empezar con la atención de la educación emocional necesitamos, primero, darnos cuenta que las crisis emocionales de los alumnos no sólo son provocadas por la pandemia; en la sociedad y en los lugares donde convivimos hay continuas tensiones emocionales por el estrés del trabajo, el hacinamiento, los conflictos familiares, las noticias diarias de choques entre grupos  que provocan muertes, la violencia desatada y la marginación, entre otras cuestiones del ámbito social. Por otra parte, también generan angustia, ansiedad, agobio, aflicción, desazón, desconsuelo, impaciencia, intranquilidad, malestar, nerviosismo, preocupación y tristeza, el fracaso escolar o la reprobación de los alumnos, la dificultad en el aprendizaje, el abandono de la escuela, la drástica disciplina escolar, la incomprensión y la injusticia de los docentes, y el tener que hacer trabajos en línea sin contar con los recursos tecnológicos indispensables. No a todos los alumnos afecta por igual una misma emoción negativa; por tanto, es absolutamente necesario conocer su contexto, conocer a cada uno de ellos, conocer sus fortalezas y sus debilidades para poder tener una intervención adecuada con las variantes pedagógicas antes mencionadas, y otras más.

Lo dicho hasta aquí, básicamente es para los docentes en ejercicio; faltaría lo que las autoridades educativas, de los distintos niveles, deben diseñar como políticas educativas, proyectos funcionales, mecanismos de coordinación y recursos para apoyar la implementación de los proyectos y de las políticas educativas en el terreno de los hechos de la educación emocional. Al respecto, abundaríamos próximamente.