El trabajo en el ámbito de la salud no tiene pausa, y mientras mucha gente pasa las fiestas navideñas en familia y en los hogares, los que se dedican a la enfermería en los hospitales, saben que para ellos no hay días festivos y que muchas veces tendrán que perderse de momentos familiares importantes para dedicarse a ayudar a sus semejantes, que por alguna enfermedad o un accidente necesitan de la atención médica.
Tal es el caso de Gustavo Rangel López, enfermero general, quien actualmente es el encargado de la Clínica de Heridas en el Hospital General de Zona número 2 del IMSS, y que durante 18 años ininterrumpidos trabajó en la noche del 24 y el 31 de diciembre. “Lógicamente a mis hijos les dejaba sus regalos el Niño Dios, y pues yo no podía estar en la Cena de Navidad. Aquí cuando trabajamos 24 de diciembre también trabajamos el día último, y esas dos fiestas nos las perdemos con la familia. Por mucho tiempo me las perdí, pero es una profesión que elegimos y yo personalmente lo hago con mucho gusto por servir a los demás”.
CONTRASTE. Entrevistado por El Heraldo, detalló que estas fechas son de alegría y gozo en familia, pero para otros son de dolor y sufrimiento en el área de Urgencias u Hospitales. “Me tocó una ocasión que llegaron los hijos con un papá que se infartó estando en la cena de Navidad, pero al arribar al Hospital ya había fallecido el paciente. También no falta el que tomó de más, los que se pelearon, las crisis por depresión o los intentos de suicidio. Sí tenemos bastante trabajo en esta fecha y tampoco estamos muy tranquilos, si bien la gente está en su casa disfrutando, también tenemos otros casos; es algo contradictorio, son sentimientos encontrados”.
EL RETO DE LA CALIDEZ. Apuntó que en esta profesión se encuentran en una línea muy delgada entre la vida y la muerte, donde el enfermero o la enfermera tienen que poner siempre su mejor cara, brindando una adecuada atención a los pacientes. “Buscamos hacer sentir al paciente lo mejor posible y sobre todo en estas fechas. En ocasiones tratamos de hacer bolos, para que estén lo más a gusto y lo más tranquilos, porque son pacientes que no van a estar en su casa. Tratamos de que al menos, la guardia sea lo más agradable para ellos y no se nos depriman más, echándoles porras y dando ánimo, para que de alguna forma pasen bien esa noche”.
Asimismo, negó la falsa creencia de que los enfermeros y enfermeras pierden la sensibilidad humana. “Nosotros debemos mantenernos al margen para poder dar el servicio al paciente y después podemos trabajar otras fases del paciente y del familiar, tratamos de estar de buen humor, con toda la actitud para servir a todos los derechohabientes”, finalizó.