Óscar Malo Flores

En estos nuevos tiempos que nos toca vivir en los que, tal pareciera que, la ética natural se ha escondido de alguna manera, y el positivismo ha retomado la estafeta, es importante voltear los ojos al humanismo como barca de salvación y de rescate del ser humano como tal, asunto que debiera abordarse de manera integral por instituciones, sobre todo aquellas destinadas a la educación y a la cultura en general. En este espacio he querido sembrar dos semillas para la cultura: el arte y la música, desde luego sólo como una pincelada y cuyas ideas retomé del epílogo de mi libro Nuestro Himno Universitario.

¿Qué es el arte? Es un término que se puede abordar a través de muchos puntos de vista. Iniciaré con un apotegma latino:

Ars sine scietia nihil est, el arte sin la ciencia nada es.

Palabra compuesta por dos términos: ARS que se refiere al Homo Sapiens y TEKNÉ, que se refiere al Homo Faber. Es actividad, habilidad y procedimiento (práctica u oficio), idea estética, preparación académica, imaginación y saber hacer. Es forma y función. Es libertad y utilidad.

El arte es una forma de expresión humana, concebida para enriquecer el espíritu (Homo Sapiens); otra cosa es lo producido para satisfacer una necesidad de subsistencia (Homo Faber). Arte es una forma hermosa de expresar; de dar belleza.

Dice Platón que el arte siempre tiene reglas y que no es producto sólo de la TEKNÉ, sino de la INSPIRACIÓN. Kant dice que el arte es algo que complace con base en la realidad. El arte es cultura, historia, identidad, pasión y amor. Es un acto creativo, consciente; es expresión, comunicación; un lenguaje entre el creador y el espectador. El artista propone una obra artística y la comunidad es la que la acepta o no como tal. El arte se refiere a las producciones humanas que tienen como fin crear una intensidad relacionada con las ESTETIKÓS: el placer como propósito.

Óscar Wilde dijo que ningún artista ve las cosas como son en realidad; si las viera como son, dejaría de ser artista. El arte, para que sea tal, nace de lo particular y brinca a lo universal, rompe las barreras del tiempo y del espacio; arte es crear una realidad diferente a la que el hombre vive cotidianamente, regularmente. El arte es el paso de los sentidos del hombre por las cosas y el pensamiento, para plasmarlos de alguna forma a través de la creatividad y brincar del YO al TODOS.

Lo bello no es lo bonito (eso es muy subjetivo) sino la emoción; no es tirar la flecha con el arco, sino sentir la emoción de cómo poco a poco se tensa el arco y se afina el punto al que hay que acertar.

La pintura utiliza el color, la escultura la materia, la música el sonido, la danza el movimiento, y la literatura la palabra. Siempre con la intención de despertar la belleza. Con apoyo en normas y leyes con las que se forman las distintas escuelas, según la técnica y el estilo (estridentismo, cubismo, romanticismo, etc.). Aunque en la actualidad ya existe una gran libertad en la expresión del sentido artístico.

¿Cómo surge la música? El hombre, en la antigüedad, ha creído que el sonido era una fuerza elemental, cósmica, que existía en los comienzos del mundo y que adquiría, entonces, su fuerza verbal. Marius Schneider menciona que, en las concepciones de la cosmogonía persa e hindú, el universo fue creado por una sustancia acústica: «El mundo había sido creado por un sonido inicial que, al emerger del abismo, primero se hizo luz y poco a poco parte de esa luz se hizo materia. Pero esa materialización nunca fue totalmente completa, pues cada cosa material continuaba conservando sustancia sonora de la cual fue creada«.

Los babilonios y los griegos relacionaban el sonido con el cosmos a través de una concepción matemática de las vibraciones acústicas, vinculadas con los números y la astrología. Parafraseando el dicho de Goldweiser: «Men is one and civilizations are many» se puede afirmar que el hombre es uno y las culturas musicales numerosas.

Generalmente, cuando acudimos a los diccionarios o a los textos musicales para preguntarnos qué es la música, nos conformamos con lo que la tradición académica nos da como un hecho válido: «Es el arte de expresar sentimientos por medio del bien combinar los sonidos con el tiempo«. Sin embargo, estos conceptos quedan totalmente cortos para poder expresar lo que es la música como elemento esencial del ser humano que lo hace distinto de todos los seres de la naturaleza, ya que en las comunidades aborígenes como los piaroa o whaibos del Amazonas, los yukpa, chaké o yuko de la sierra de Perijá (Venezuela), las más de 50 etnias de México (purépechas, mixtecos, otomíes, papalocas, caras, tarahumaras, seris, entre otras), así como los cantos mágicos de los chamanes de Latinoamérica y de otros continentes como África; la música para todos ellos tiene un significado mágico, místico, curativo y utilitarista.

El empleo étnico de la música es meramente funcional y no como «arte» en el sentido estricto de la palabra. Esto quiere decir que existe mucha música que no se rige por normas y leyes para producir emoción estética. Por otro lado, ese «bien combinar el sonido con el tiempo» ¿quién lo va a determinar? ¿La academia? ¿El conservatorio? ¿El oído occidental? ¿El oído asiático? ¿El africano? Si analizamos el elemento “melos” (agradable, bonito) ¿Quién lo va a definir? ¿Hasta dónde se extiende? ¿Quién lo va a juzgar?

«La música como expresión oral o como expresión mínima de arte comienza con el grito rítmico y en la percusión rítmica más simple como resultado de la ejecución de acentos y silencios y alturas diferentes, sea cual fuera su finalidad»; en este sentido, nos damos cuenta que la música es la organización del sonido con la que se manifiesta la psicología del individuo y la cultura de la colectividad.

El ser humano canta y realiza música no solamente para hacer arte, sino como una expresión del ser que es capaz de reflexionar y decir de manera integral lo que no puede expresar con palabras. En un mapa muy general pudiéramos plasmar el siguiente esquema: Música indígena es aquella que se realiza en un determinado grupo étnico, con un lenguaje propio que se puede acompañar de instrumentos muy característicos, que firman un fin determinado como son los cantos mágicos para curar, cantos propiciatorios para la buena cosecha, caza, pesca, cantos rituales para la primera menstruación de la mujer, para el nacimiento de un hijo o bien, los cantos de fiesta.

Música folklórica cuya raíz viene del antiguo anglosajón: folk que significa pueblo y lore que quiere decir saber, es pues, la música que «sabe el pueblo» y debe cumplir con algunos requisitos para poderse llamar folklórica, como que sea anónima, antigua, tradicional, colectiva, funcional, vigente, prelógica y no institucionalizada.

Música popular es aquella que está de moda, con autor conocido, tal música se puede realizar, por tanto, de raíz tradicional o bien música extranjera que es lo más común. Por ser de moda es fácilmente olvidada, salvo aquella que el pueblo acepta y entra en un proceso de folklorización.

Música culta, académica o de arte en el sentido estricto de la palabra, esto es, aquella que se estructura bajo determinadas leyes, normas, reglas y cuyo fin es despertar emoción estética. Generalmente, es música europea; sin embargo, siguiendo los patrones de la música académica existen muchas obras nacionalistas. Como sencilla conclusión y apoyado sólo en dos expresiones: arte y música, las que solamente al ser humano corresponden y lo distinguen de los demás seres vivos, resulta importante que al ser humano como tal le obliga el compromiso no solamente de pensar y reflexionar sino de investigar, inventar, pero sobre todo crear, hacer arte y cultura si no ex profeso, sí promoverla y difundirla.