Por J. Jesús López García

Los espacios para el comercio han sido un tema arquitectónico y urbanístico desde hace cientos de años; desde los mercados sumerios, las stoas griegas, las macella de los romanos y un cúmulo de edificios y espacios urbanos que han ido acondicionando las ciudades desde los inicios mismos de la sedentarización humana buscando dar lugar a los tratos, las transacciones y las condiciones de convivencia que tratan de dar cauce a la producción económica de muchas comunidades y sociedades.

La arquitectura propia del comercio posee diferentes escalas: desde grandes espacios cubiertos -como el caso de los centros comerciales-, los indispensables tianguis que se afincan en cualquier lugar, hasta pequeños andadores y más diminutos almacenes individuales; en otros casos las calles y plazas hicieron las veces de sitios propios de las transacciones comerciales. Las modalidades de los ámbitos también son variadas: los portales propios de nuestra cultura hispánica complementaron la actividad de los tianguis mesoamericanos con edificios determinados de una manera casi natural.

Antecedente de nuestro Parián -en la ciudad aguascalentense-, lo fue el Portal de Jesús –en el costado sur de la actual Catedral-, ambos destacados por un andador delimitado por una arquería  -en la versión actual del Parían la arcada fue sustituida por un ritmo de marcos de líneas rectas- que separa los locales de la calle creando una transición de flujo libre; por su parte, los mercados modernos son grandes espacios a cubierto donde se aprecia de golpe la multiplicidad de opciones de la transacción en el vender y en el comprar.

Los edificios del comercio tienen la capacidad de inducir o canalizar las formas de la compra-venta, aunque por lo general ambas actividades, las propias del comercio y las particulares de la arquitectura, van definiendo su relación con base en una influencia recíproca, alentada por la concurrencia de un mercado siempre en movimiento.

No hace mucho, algunas décadas solamente, el comercio en Aguascalientes se disponía en arterias céntricas de usos mixtos, donde vivienda, educación, esparcimiento, servicios y otros más, se desarrollaban con base en un mismo lugar urbano público. Los inmuebles dedicados al negocio se disponían de manera específica en torno a calles que ya contaban con un apoyo continuo de transeúntes sujetos a ser clientes de cualesquier giro de negocio, edificios donde los usos podían ser variados.

En los años sesenta se generalizan aquellos recintos mercantiles diseñados y construidos como tales, sin otra manera de uso que la compra-venta. El edificio donde se ubicó la primera Comercial Mexicana en la Avenida Adolfo López Mateos para el señor Alfonso Sánchez, cuyo diseño y edificación es de la autoría del arquitecto Jaime López Cuéllar, fue por un tiempo -prácticamente hasta inicio de los años ochenta- el primer y más socorrido centro comercial contemporáneo de nuestra ciudad -el Parián, si bien remozado y redefinido en varias ocasiones proviene desde  el siglo XIX-; en una línea quebrada aunque sin peristilo, posee el mismo desarrollo de una stoa clásica con un andador o deambulatorio que antecede a los locales, sólo que ahora se acondiciona con una losa en cantiléver –marquesina-  y un paramento enteramente de vidrio; la calle o plazoleta sustituidos por una bahía de estacionamiento y los posibles frisos por grandes letras iluminadas, sin olvidar el moderno sistema de columnas de concreto armado aisladas que sustentan la estructura metálica a través de tirantes de acero. Éste espacio comercial, actualmente en desuso, fue un lugar entrañable para múltiples personas, considerándole un lugar mercante moderno.

Sin embargo no hay mayor caducidad que la encerrada en toda propuesta moderna; en los años de la década de los ochenta, y con Aguascalientes cada vez más inmerso en una dinámica económica más pujante, se sucedieron uno detrás del otro infinidad de centros comerciales siguiendo las pautas de los malls norteamericanos: crujías de espacios cerrados con accesos controlados para retener a la clientela, con una oferta más diversificada de bienes y servicios y tiendas ancla más ubicuas que el supermercado.

El mercado regional atento a las novedades se volcó a la nueva propuesta de espacios comerciales y en ese movimiento dejó atrás a varios inmuebles tal y como sucedió con el de la Comercial Mexicana, que si bien continúo ofertando sus productos durante un lapso más, ya no contó con el brillo de la novedad inicial. Los centros comerciales diferenciados por su actividad y artículos de los mercadeos tradicionales, buscan en la novedad de su oferta de objetos y experiencias el posicionamiento de manera continua, tal vez eso se debe a la naturaleza de los productos y servicios que ofrece, que al no ser de primera necesidad, se busca el golpe de lo novedoso como principal gancho de atracción.

Lo anterior, sin embargo, da como resultado que cada moda deje atrás modelos que van menguando en su impacto inicial. Como sea, el comercio se las arregla para seducir y convencer a su mercado y en tanto eso ocurra así, la arquitectura estará a su lado para ayudarle a adaptarse a los nuevos tiempos.

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