Por J. Jesús López García

Cuando se añaden los adjetivos «raro»o «extraño» a cualquier elemento se puede creer erróneamente que es en un sentido negativo. Como estamos acostumbrados a la regularidad de la era industrial, todo aquello que se salga de la norma es calificado como malo, ambiguo o impreciso en el mejor de los casos. Lo «raro» que es definido como poco común o infrecuente, escaso en su tipo, es menos habitual de lo que se piensa en las obras de los hombres, pues el género humano con sus milenios de andanzas sobre la faz del planeta -y ahora saliéndose de él-, ha ensayado tantas cosas que solamente las leyes naturales parecen acotar su curiosa, y en apariencia, antinatural manera de proceder.
En el caso de la arquitectura, la ley de gravedad parece ser la frontera ineludible para toda organización/composición arquitectónica y constructiva. Los cánones de la Antigüedad trazados en piedra no tienen mucho espacio para los órdenes dórico, jónico, corintio, toscano y compuesto, en la arquitectura actual de concreto y acero, aunque eso fue una manera de concebir la arquitectura -por analogía o contraste- desde hace unos dos mil cuatrocientos años hasta hace alrededor de doscientos, y así vemos cómo la practicidad de las soluciones constructivas, de organización espacial y de uso, son las verdaderas modeladoras de lo que prevalece o no en la arquitectura.
Desde esa óptica lo extraño de un edificio es realmente algo artificial, algo compositivamente no muy usual, o algo que escapando a las convenciones, termina por ser un objeto en apariencia extraño. Más lo anterior no quita encanto a esos inmuebles, por el contrario, se les adjetiva muchas veces como «interesantes» pues sin tener muchos parámetros para insertarlos plenamente en una tradición se introducen en un acervo de objetos poco comunes en que tacharlos de malos puede ser riesgoso para el crítico en ciernes, aunque en muchas ocasiones eso sea cumplido a carta cabal.
Edificios peculiares hay muchos en la historia de la arquitectura, desde los proyectos utópicos y jamás construidos planteados por el arquitecto Étienne-Louis Boullée (1728-1799) o los diseños igualmente hipotéticos del arqueólogo, arquitecto y grabador italiano Giovanni Battista Piranesi (1720-1778) en el mismo siglo XVIII; sin embargo, desde hace cientos de años la extrañeza de algunas construcciones ha sido una presencia permanente en las arquitecturas del mundo, baste traer a colasión el edificio “J” en la acrópolis de Monte Albán en Oaxaca, llamado “El Observatorio”, de ángulos y disposición inusuales.
En la modernidad arquitectónica también hay variados ejemplos, como la Casa Tristan Tzara realizada en 1926 en Montmartre, París, Francia por el arquitecto checo Adolf Loos (1870-1933), o el edificio para el Club de Trabajadores Rusakov realizado entre 1927-1928 en Moscú, Rusia, por el arquitecto Konstantin Melnikov (1890-1974), con sus tres volumenes prominentes en cantiliver, en una planta similar a un abanico y alejada del ángulo recto.
Infinidad de esas originales obras se constituyen como piezas de una tendencia, muchas más terminan en el conjunto de lo inusual. Algunas de esas edificaciones son tratadas con desdén y cierta ironía por parte de arquitectos o público en general; otras más, a falta de un juicio crítico que se torna elusivo, son reservadas de manera provisional, entre aquellos elementos «interesantes» dejando en la ambigüedad si eso es positivo o negativo.

Finca en la calle Libertad No. 332

En Aguascalientes en la calle Libertad No. 332 se encuentra ubicada una finca singular. Inmueble de tres niveles recubierto en piedra su planta baja, lo demás en mosaico de pasta de cemento en tonalidades azul y tinto, dispuestos de manera que se crea una serie de «escaleras» de coloridos contrastantes.
El edificio es casi simétrico a no ser por el volumen prominente y apañado de la derecha que le proporciona al inmueble una apariencia más vertical. Por lo demás el conjunto obedece a una lógica compositiva simple que sin embargo conserva ese toque peculiar que se mantiene intacto. Al igual que varias de las obras de su época -mediados del siglo pasado-, presenta vanos rectangulares horizontales en sus ventanas, secciones de muro en block de vidrio para la iluminación de las circulaciones verticales y algunas herrerías con elementos Art Déco, sin embargo con todo ello, mantiene su sabor particular que sin pretender resaltar en el contexto, finalmente lo hace de manera discreta, aunque hay que mencionar que la gente que transita por la calle Libertad entre las calles Valentín Gómez Farías y Guadalupe no puede dejar de admirar este ejemplo de arquitectura singular de nuestra excelsa ciudad acalitana.
Así funciona la arquitectura, hay ejemplos magistrales, detonadores de paradigmas, de logros técnicos fundacionales. Otros que refuerzan esos modelos y también están los edificios que reinterpretan las tendencias de una manera libre sin más pretensión que dar un gusto al propietario, organizar los recursos materiales y técnicos disponibles de la mejor manera, o dar cierta rienda a la ocurrencia. ¿Cuáles y cuántas de las fincas que nos rodean estarán en cualquiera de estas tres categorías? Muy pocas tal vez, pues la media de las construcciones se insertan en la tradición sin pena ni gloria.