Por J. Jesús López García

La Iglesia católica posee un ceremonial arraigado en casi dos milenios de tradición. Sus ritos y su fundamento conceptual, tienen una fuerte estética visual, sonora y espacial que a través de todo ese tiempo se ha ido adecuando a los momentos históricos en que se ha insertado. Por ello, una planta de cruz latina o una griega pueden parecernos parte de una tradición inmutable, pero su adaptación paulatina entrañó cambios a veces profundos. De las catacumbas a la apropiación de la basílica romana, a los muros recios del románico y de ahí a los grandes paños con vidrio enmarcados en el majestuoso esqueleto de arcos apuntados y arcos botareles, estamos hablando una historia con una duración de poco más de mil años.

Con el Renacimiento, el barroco y el neoclásico, los modelos de la antigüedad grecolatina fueron reutilizados profusamente para referir la liturgia católica a los moldes intelectuales que dieron fundamento al Mundo Occidental, y al recurrir después a revivalismos premodernos como en el caso del eclecticismo y el neogótico, las fórmulas volvieron a repetirse hasta el arribo de técnicas y materiales constructivos inéditos que empezaron a ser profusamente utilizados desde el siglo XIX.

Sin embargo, aún con ello, las formas de los templos católicos aún no dejaban su perfil anclado en tradiciones de diversos signos. En Aguascalientes el templo del Sagrario o Conventito, es una nave de piedra al uso tradicional, con formas en su portada alusivas al neogótico vigente en el momento del inicio de su construcción en 1850; por su parte el templo del Sagrado Corazón realizado en los años 40 y 50 del siglo XX (1943-1959) posee un lenguaje formal eminentemente barroco, pero ambos ejemplares fueron realizados en un momento en que la construcción y el diseño apuntaban desde hacia tiempo a otras maneras de expresión.

En nuestra ciudad desde los años 30 se empezó a utilizar el concreto armado y desde el siglo XIX e inicios del XX, el hierro. La edificación de templos bajo esquemas espaciales y compositivos modernos arrancó en los años 50, si bien en algunos templos protestantes ya se había comenzado a usar el acero en las cubiertas aunque sus formas siguiesen siendo relativamente tradicionales, como la Iglesia Presbiteriana Emmanuel de fines del siglo XIX compuesto bajo las formas del neogótico.

El diseño y la construcción en nuestra ciudad de una serie de templos por parte del arquitecto Francisco Aguayo Mora, abrieron a mediados del siglo pasado la puerta a una nueva arquitectura religiosa en general y católica en particular. Destacando la Capilla Mayor del Seminario Diocesano, fueron muchos los templos que le siguieron por una vía de experimentación formal y constructiva diferente, el templo del Espíritu Santo del ingeniero Gonzálo González o el de las Tres Avemarías son algunos de ellos.

Otros como el de la parroquia de Jardines de la Asunción del Maestro Jesús Bernal cambiaron de manera más profunda la organización espacial del recinto sagrado tradicional y en ese mismo sentido encontramos el templo del Cristo Redentor, del arquitecto José Bassol Jirash, con una planta dispuesta radialmente que converge en el presbiterio y que presenta por tanto una disposición en planta que se inscribe en un cuarto de circunferencia, grandes y macizos muros pautando los paños curvos y un acceso monumental en la esquina, todo rematado por una gran cruz. Es un edificio eminentemente contemporáneo correspondiente al punto en que la modernidad tardía y la posmodernidad se llegaron a unir en composiciones sobrias. No es por tanto como la Catedral de Cristal de los arquitectos Philip Johnson (1906-2005)y John Burgee (1933- ) en Garden Grove, California, Estados Unidos, un edificio extrovertido -más un pretexto para la expresión arquitectónica que para el recogimiento espiritual-, si no un edificio de planteamiento sobrio apto para un culto comunitario.

Tiene cierta filiación con templos católicos como el del Jubileo –conocida como Iglesia de Dios Padre Misericordioso- en Roma de Richard Meier (1934- ), o la catedral de Nuestra Señora de Los Angeles, en Los Angeles, California de Rafael Moneo (1937-  )  por la primacía de los macizos y por la discreción de su inserción en el contexto y al final, por ser parte de un acervo contemporáneo en uno de los géneros arquitectónicos más antiguos.

Actualmente como todo espacio de culto, el templo del Cristo Redentor es uno de los principales hitos en la parte poniente de la ciudad, si bien llegó a la zona una vez desarrollado el fraccionamiento Del Valle, pudo reclamar su lugar como uno de sus principales puntos de reunión colectiva, aún cuando la contiene una vía primaria y ahora un puente peatonal.

La historia de los templos católicos aún se mantiene vigente y continúa adaptando sus modalidades al paso del tiempo, a los requerimientos sociales y a las maneras de concebir edificios y construirlos. La ciudad de Aguascalientes se puede preciar de contar con múltiples iglesias con un excelente diseño arquitectónico y una inmejorable fábrica de la modernidad, así como aquellas obras que hoy en día se levantan en la mancha urbana.