Por J. Jesús López García

El periodo de la Nueva España duró alrededor de trescientos años. Tuvo su inicio con la caída de México-Tenochtitlán en 1521, mediante un asedio de miles indígenas de Tlaxcala, Chalco, Tetzcoco y Matlatzinco, entre otros pueblos dirigidos por algunos cientos de extremeños y andaluces -ahora les llamamos españoles- que tras ese cruento episodio abrieron la puerta para conquistar y/o colonizar el vasto territorio americano.

Todo aquello fue denominado Reino de la Nueva España, en esencia un reino autónomo bajo el mando del Rey Carlos I. Su sucesor Felipe II, consciente del reto enorme que era controlar esas acciones de poblamiento y asimilación de un continente entero promulgó en Segovia en 1573 las llamadas “Ordenanzas de descubrimientos, nueva población y pacificación de las Indias”.

Tan sólo dos años después, Aguascalientes fue fundado bajo cédula real bajo el nombre de Villa de Nuestra Señora de la Asunción de las Aguas Calientes, esto en octubre de 1575, en un sitio en donde se habían asentado en las inmediaciones algunos colonos en lo que hoy es el barrio del Encino o de Triana, en recuerdo al origen probablemente sevillano de algunos de aquellos antiguos colonos.

La Villa de la Asunción era un asentamiento precario y muy pobre, aunque paulatinamente, pacificándose la región fue adquiriendo además de estabilidad, algo de bonanza manifiesta en los edificios novohispanos que aún quedan en pie, casi todos ellos religiosos pues eran los que se construían de manera tal que se garantizase su permanencia en el tiempo.

Para los edificios de la cotidianidad, el adobe y la madera mostraban su caducidad hasta que fueron sustituidos en el siglo XIX por ladrillo y más tarde acero y concreto en el XX. Es por ello que aunque nacido en el periodo novohispano, Aguascalientes posea pocos edificios “coloniales” en proporción, tomándose erróneamente muchos del siglo XIX e incluso del XX como pertenecientes a ese periodo.

Entre los edificios particulares notables del Aguascalientes novohispano, destacan el Palacio de Gobierno, originalmente una casona señorial perteneciente al marquesado de Guadalupe, la Casa Terán, la finca donde se encuentra el Centro de Artes Visuales y algunas pocas casonas y edificios más como la Escuela Pía.

Entre los edificios del poder civil el Palacio Municipal y la columna de la Plaza de la Patria -la exedra es del siglo XX- son los más destacados, y entre los más abundantes están finalmente los religiosos como el conjunto de San Diego, San José, desde luego la actual Catedral, el Rosario, San Marcos, Guadalupe, el Encino y San Juan Nepomuceno.

De entre los templos mencionados, casi todos son de planta de cruz latina y orientados en el eje norte-sur -excepto la Catedral y San Marcos- y luciendo portadas barrocas, menos San Diego y San José, como sello de su imagen novohispana, pues el barroco siendo una manifestación artística e intelectual eminentemente católica, se expresó de manera contundente en las ciudades villas y pueblos novohispanos. Quedan pues menos vestigios del Aguascalientes virreinal de los que creemos existentes, por ello vale la pena apreciarlos cuando al doblar por alguna calle, nos los encontramos de repente, mostrando su piedra y algunas de esas formas abigarradas y contorsionadas propias del barroco, y aunque no todo lo que parece barroco es original del periodo, siempre causa cierto gusto al ojo.

La puerta oriente del templo de Nuestro Señor del Encino que forma junto con su antigua casa cural un agradable rincón de aire novohispano, aunque ya tamizado por el paso de los años pues en tiempos virreinales, lo que era el jardín, no era más que una explanada de tierra. y lo que ahora es la ciudad de Aguascalientes, era en ese entonces un pequeño pueblo inmerso en un reino que comprendía la mitad del continente americano.

 

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