Arquitectura Googie

Por J. Jesús López García

En la Edad Media se reconocían dos clasificaciones de las artes, concibiendo la acepción arte en su forma original: el proceso de hacer algo -tan simple como eso-. La primera ordenación eran las siete artes “liberales”, aquellas cultivadas por los hombres libres. Se dividía en dos grandes grupos a su vez, el “trivium” que englobaba a las disciplinas de la elocuencia donde se complementaban la gramática, la dialéctica y la retórica; el “quadrivium” por su parte continuaba con las disciplinas del pensamiento matemático a través de la aritmética, la geometría, la música y la astronomía. Por otra parte, las artes “serviles”, eran las ejercidas por los siervos.

Durante el Renacimiento, surgió la concepción de las “Artes Mayores”, haciendo referencia a la conjunción más depurada de aquellas antiguas artes prácticas como el dibujo o el corte de la piedra -estereotomía- o la misma albañilería con algunas de las viejas artes liberales como la geometría, la astronomía, la aritmética. Así la maestría de la hechura práctica se complementó con la sofisticación especulativa dando surgimiento a las artes que después se llamarían “bellas artes”. La arquitectura se colocó a fines del Quattrocento como la cúspide las Artes Mayores, papel que sostuvo hasta la primera mitad del siglo XIX cuando la industrialización cundió de manera tan fuerte que la construcción comenzó a obedecer a fines prácticos y económicos más apegados a la cotidianidad del mundo moderno que a la contemplación estética.

Conforme las ciudades crecieron a un ritmo sin precedentes desde ese siglo XIX, y con ello aumentó la población urbana, comenzó también a ascender a una esfera antes ocupada por los estamentos más altos de la sociedad, la cultura popular, los modos de vida de una colectividad moderna donde las estructuras democráticas ganaron una preeminencia inédita en la historia humana.

Así la arquitectura, una de las grandes expresiones de las Artes Mayores, generadora de monumentales templos y palacios, adoptó formas derivadas de la industrialización pero también de modos de vida urbanos que en los países de mayor raigambre democrática, se constituyeron como parte integrante de esa cultura popular. Producto de ello, en el sur de California, al amparo de Hollywood en los tardíos años 30 y pocos años después con el advenimiento de la fascinación por la Era Espacial y la espectacularidad de los “shows” televisados, surgió la “arquitectura googie”, nombre derivado de la cafetería “Googie´s Coffee Shop” -Googie era el apodo cariñoso de Lillian K. Burton, esposa del propietario del local-, edificio realizado por John Edward Lautner (1911-1994) -uno de los discípulos de Frank Lloyd Wright- en los años 40 del siglo pasado, particularmente en 1949.

Esa propuesta arquitectónica es apreciable en los restaurantes a pie de carretera típicos de California y de todo Estados Unidos, así como de construcciones varias como el anuncio famoso de “Welcome to Fabulous Las Vegas Nevada”, el de los hoteles Holyday Inn o de los restaurantes Denny´s. Destacan en esta modalidad de arquitectura Wayne McAllister (1907-2000) y Eldon Davis entre muchos más que expresaban en sus edificios el gusto por las líneas de apariencia aerodinámica -producto del viejo “streamlinemoderne” del Art Déco-, el colorido alegre y la recreación de un ambiente relajado. Para quienes recordamos la música “lounge” de Hoyt Curtin (1922-2000) de caricaturas como Los Supersónicos, Los Picapiedra, Don Gato y su Pandilla, encontraremos en ello el equivalente sonoro de la arquitectura “googie” -no confundir con Google-.

La arquitectura googie se siguió produciendo hasta los años 70 y de alguna manera es parte del discurso de Robert Venturi (1925-2018) que veía en la arquitectura del espectáculo el fundamento de una posmodernidad arquitectónica cercana al “kitsch”, a los estereotipos culturales más básicos. Pero en defensa de esa arquitectura podemos decir que es una forma de concebir edificios vistosos y con un optimismo hacia el futuro que tristemente se ha venido desvaneciendo.

En Aguascalientes hemos tenido algunos ejemplos de esa arquitectura aunque por su naturaleza a veces efímera, han tendido a desaparecer. Los grandes elementos verticales de la primera Comercial Mexicana -hoy el Centro de Atención Municipal del Ayuntamiento en la Av. Adolfo López Mateos-, que sirven de soporte a los cables tensores de la cubierta, son de inspiración googie, lo mismo que otros casos que están en la frontera con lo Déco, como la gasolinera del Autoservicio Sahagún en la calle Gral. Barragán, o bien como el pequeño estanquillo que ha tenido algunos usos comerciales y que ahora está modificándose. Ubicado en Av. de la Convención Sur y Av. Las Américas, fue construido como parte de un negocio dedicado al servicio automotriz. Destaca la aguja que soporta su anuncio circular y la cubierta anexa volada sobre una columna de sección variable. El pequeño conjunto “googie” alude a una época en que el futuro tipo “Supersónicos” era algo alegre y positivo, enmarcado en una cultura popular que igualmente en esa época se manifestaba desenfadada  y optimista.

El anterior ejemplo arquitectónico da fe que Aguascalientes siempre ha sido una capital de su tiempo y de vanguardia.