Arquitectura educativa: Antecedentes

Por J. Jesús López García 

Las actividades precedentes sobre un tema de suprema importancia como lo es la educación escolar en México, se remontan hasta la vida antes de que hicieran su arribo los hispanos. Es así como en la arquitectura mesoamericana el proceso de enseñanza-aprendizaje se llevaba a cabo en ámbitos libres delimitados, ya sea de manera física –patios– o virtual –plazas.

En el siglo XVI la instrucción es de índole confesional y devota ya que lo que se pretendía era la conversión así como el castellanizar a los oriundos mexicanos. En este contexto la «capilla posa» fungió como elemento encargado de la formación educativa de las diversas comunidades a través del territorio mexicano. Además del mencionado espacio, también se contó con la «capilla abierta», cuya propuesta le invitaba al indígena a participar de la asamblea por medio de un volumen que a través de su disposición y altura permitiera la óptima visibilidad desde el atrio: un ambiente libre, sin muros ni techumbres que lo hicieran sentir oprimido, sino todo lo contrario: libre y sin ataduras.

Los siglos venideros –el XVII y el XVIII– ofrecieron fincas disímiles, con dimensiones y elevaciones varias, en donde los vanos se proyectaron hacia el interior –corredores y patios– y hacia el exterior –la calle–; de esta manera durante el periodo virreinal el esquema arquitectónico se centró en las capillas, el patio y en las diversas aulas, lo cual satisfizo las necesidades del momento, pues las referencias para proyectar fue sólo la casa habitación, por lo que solamente se aumentaron las dimensiones de las habitaciones, respondiendo a un proceso oral y discursivo, a decir de Salvador Pinoncelly. Ya para el siglo XIX, el proceso de enseñanza-aprendizaje se modificó en relación a la distinta manera de concebirlo, aplicándose ideas renovadoras teniendo como premisa que la educación era un problema nacional y de conjunto, sin embargo a pesar de los esfuerzos en lo operativo, en lo arquitectónico se tuvo un anquilosamiento.

La época porfiriana en fines del siglo XIX el levantamiento de los edificios escolares estuvieron acorde a las recientes corrientes y teorías pedagógicas, atendiendo los aspectos visuales, fisiológicos y de higiene que deberían de observar los nuevos conjuntos colegiales en las aulas, en los patios, los servicios sanitarios y en los campos deportivos.

El avance fue significativo, mejorándose sustancialmente la arquitectura escolar mexicana, tal y como lo atestigua la escuela rural del momento. En Aguascalientes, la situación durante la Colonia fue que los religiosos a través de las parroquias se apropiaron de la actividad educativa. El antecedente se remonta hasta 1665 cuando funcionó el primer edificio escolar; para 1773 Francisco de Rivero y Gutiérrez edificó la Escuela de Cristo para «ricos y pobres»; y a finales del siglo XIX, la situación era precaria pues sólo se tenía cobertura para atender el 29% de los niños en edad para estudiar.

A partir del tercer lustro la instrucción pública tuvo cambios radicales, limitándose las facultades del clero y asociaciones religiosas, deviniendo en una situación inestable, inflexibilidad y obstinación de los responsables de la educación, como ejemplo tenemos a la Policía Escolar que obligaba a las familias a enviar a los niños a estudiar. En cuanto a sistemas arquitectónicos, en este lapso sólo se reciclaron casonas vetustas ajustándose a que fueran los espacios amplios, ventilados y los suficientemente iluminados, además de que cumplieran con las normas de higiene para la actividad educativa. En 1921 con Vasconcelos al frente de la recién constituida Secretaría de Educación Pública se desarrollaron acciones hacia la educación del pueblo a través de campañas de alfabetización e implementación de bibliotecas.

En Aguascalientes la situación en cuanto levantar edificios propios para la educación de los niños no se llevó a cabo ya que solamente se hacían “…obras de transformación completas al local, en otro amplio y acondicionado; en esta escuela se construyó, desde sus cimientos, un salón de clases…”, además que los proyectos “…para estas escuelas fueron ideados por el C. Inspector General de Instrucción Pública…”, a decir de un periódico de la época.

Sin duda alguna que la situación de inestabilidad política, tanto a nivel nacional como en Aguascalientes, no permitía llevar a cabo la arquitectura para la educación. Para los años treinta del siglo XX, la situación no mejoró ni en lo operativo ni en lo arquitectónico, dejando claro que en este lapso, las fincas que se empleaban para impartir las clases en las escuelas únicamente se acondicionaban y no se realizaba un proyecto ex profeso, reciclándose de acuerdo a las exigencias, según el caso particular.

Los años treinta se vieron envueltos en la denominada «educación socialista», con un objetivo más hacia lo colectivo que a lo individual. La década de los años cuarenta del siglo XX, traería mejores ofertas educativas arquitectónicas ya que en 1945, con la reforma del 3º Constitucional, se observó una educación total, democrática y patriota. Aguascalientes estaría acorde con la política nacional, integrándose de manera absoluta al Plan Nacional de Educación, circunstancia que recaería en el sexenio de Jesús M. Rodríguez (1944-1950) en donde se edificarían los centros escolares modernos.