Carlos Reyes Sahagún / Cronista del municipio de Aguascalientes

 Ha vuelto a hablarse de la posibilidad, y hasta el milagro, de que alcance a celebrarse, la Feria de San Marcos correspondiente a este año de coronavirulesca desgracia…

Decida la autoridad lo que decida, será como el cohetero, que a nadie le da gusto: a unos les molesta que los lance porque hacen ruido. Otros lamentan que no lo haga porque de esta forma se desprecia una tradición. Así sucederá ahora: unos protestarán si no hay fiestas, y otros lo harán si las hay. El asunto no es de fácil resolución, dado lo que está en juego en cuanto al riesgo sanitario que correrían las personas, o lo que se perderá, económicamente hablando.

Guardadas distancias y proporciones, en 1947 se vivió una situación análoga a la actual y a la de 2009. Aquel año había una epizootia de fiebre aftosa, y aunque no se anunció el aplazamiento de la feria, ni su cancelación, sí se dio a conocer que se suspendían los preparativos. Por unos días el asunto quedó en el aire, en un silencioso pero enérgico estira y afloja entre los presuntos implicados, en tanto se llegaba a una resolución, y es que antes, como ahora, había mucho en juego.

El 14 de marzo de aquel año El Sol del Centro escribió que “esta noticia causará un sentimiento colectivo en la región, por el arraigo que nuestras tradicionales fiestas tienen en ella y por el beneficio económico de que se verán privados muchos comerciantes, principalmente los dedicados al ramo de ropa, hoteles, restaurantes, etc., y una gran cantidad de gente humilde que establece “puestos” y vendimias durante los días de la Feria”.  Luego, en otra parte de la nota señaló lo siguiente: “Dados los graves perjuicios económicos que la suspensión de la feria traerá consigo es de esperarse que el Gobierno Federal rectifique su negativa de que se verifique la Feria, exigiendo, eso sí, la adopción de las medidas adecuadas para que no sea motivo de propagación de la terrible aftosa”.

Evidentemente entonces existía una relación con el Gobierno Federal muy distinta a la actual. En aquel tiempo se vivía una situación de total verticalidad y sumisión. Como cantó José Alfredo Jiménez, “mi palabra es la ley”. Así eran las disposiciones emitidas desde la capital del país, y nadie tenía la temeridad de desafiarlas. En cambio ahora, con la vigencia del federalismo, en el ombligo de México dirán lo que quieran, que en las provincias se optará por otra cosa, y más si los gobiernos son de distinto partido, como es el caso, cosa impensable en los tiempos de la forzada unanimidad priista.

Pero hay cosas que, aparentemente, no cambian, por ejemplo esto de los perjuicios económicos que la suspensión traería consigo, y aquello de la adopción de las medidas adecuadas para evitar la propagación del Coron… Perdón, de la fiebre aftosa, cosa esta última que francamente me parece más un decir que una realidad, un compromiso que se adquiere tan solo por lograr la ansiada autorización, pero que difícilmente se podrá cumplir, por la falta de contundencia de las medidas adoptadas. En fin. A final de cuentas sí hubo feria en 1947, aunque sin corridas de toros ni exposición ganadera.

En 2009, con motivo de otra epidemia, esta vez de influenza, se llegó al extremo de cancelar la feria, a pocos días de iniciada. El relato del lance lo hace con mucho tino y buena información, dada la posición que ocupaba en esos días, el jurisconsulto Xavier González Fischer, en su artículo “Aguascalientes 2020. Otro abril sin toros”, publicado en su blogspot “La aldea de Tauro” punto com.

A manera de guiño cruel del destino, exactamente 73 años después de que se anunciara la suspensión de los preparativos para la feria de 1947, el 14 de marzo de este año, este diario publicó una noticia cuya cabeza fue: “Se pospone la Feria Nacional de San Marcos 2020”. En el cuerpo de la nota se habló de realizarla en los meses de junio y julio, como medida de prevención ante el avance del coronavirus COVID-19 en el país, cuyos casos hasta el momento no se han presentado en la entidad.Por cierto que la nota de este diario estuvo acompañada por una fotografía de la explanada de López Mateos en tiempo de feria, atiborrada de gente, y encima, a manera de sello, la palabra “aplazada”.

Sobre esto de realizar las fiestas en junio, julio… Pues es obvio que no será, no sólo porque aparentemente no hay preparativos en marcha, sino sobre todo, y por encima de todo, porque el impacto del COVID no sólo no cede, sino que va en aumento. En fin… No falta mucho para que nos enteremos como termina este enredo.

Por cierto que un día de aquellos, a la hora de comentar esta noticia con Armida, mi esposa; mi dulce compañía, ella recordó que tal vez una fecha propicia para realizar la verbena anual sería noviembre, cosa que no sería, ni arbitraria ni descabellada.

En efecto, ella recordó que noviembre sería un buen momento, en conmemoración; en recuerdo de que en sus orígenes la feria de Aguascalientes, que todavía no se llamaba de San Marcos, se celebraba en este mes, y no fueron ni uno ni dos años, sino casi 20…

En efecto, durante dos décadas, entre 1828 y 1848 -a excepción de un trío de años, de 1838 a 1840, en que no se celebró-, la feria tuvo lugar en noviembre, y en la zona del Parián.

Por lo pronto yo estaré como en aquella canción de Sandro, a la espera de ver “en qué ha de concluir este drama singular”. (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.cronista.aguascalientes@gmail.com).

¡Participa con tu opinión!