RODRIGO AVALOS ARIZMENDI

La semana pasada siguió dinámica de casi todas las semanas que hemos tenido en el país a partir de marzo: Plenas de contrariedades, penas, miedo, estrés y hasta desconcierto de qué va a pasar con la pandemia que en lugar de ceder va cada día hacia arriba. Sin embargo la semana pasada fue relevante debido a que luego de un poco más de tres meses de enclaustramiento así como de leer sobre miles de muertos en México, hasta antes de la semana pasada no había fallecido ningún amigo o alguien cercano a mí, sin embargo el 24 de junio de manera inesperada me enteré del fallecimiento ese día de un gran amigo, excelente médico y muy responsable servidor público, el Dr. Armando de la Cerda. El impacto al saber la noticia fue brutal y sobre todo al conocer que fue por COVID 19. El Dr. De la Cerda era la primera persona conocida que me enteraba que fallecía a causa del coronavirus y fue más impresionante cuando supe que se infectó en su labor profesional atendiendo enfermos de esa enfermedad. O sea que Armando de la Cerda murió tratando de salvar vidas, que fue algo que durante más de la mitad de su vida hizo: salvar vidas, curar enfermos.

Yo conocí a Armando de la Cerda en la etapa juvenil, éramos casi de la misma edad, yo le ganaba por un año y curiosamente nacimos el mismo día: el 7 de julio. Teníamos preferencias parecidas, por ejemplo el futbol, deporte que él practicó, lo mismo que yo. Y la vida quiso que trabajáramos juntos durante casi 6 años en el sector salud. Era un jefe exigente porque le preocupaba que los servicios que se brindaban a cientos de personas fueran los adecuados, desde la atención personalizada pasando por todo el protocolo que requiere una consulta médica. A Armando le gustaba la participación política pero siempre participaba dentro de lo que era su ámbito: el ámbito médico. Organizaba las brigadas médicas los fines de semana para el partido en el que siempre militó: El PRI. Aunque para él no importaba llevar la atención médica a la gente que militaba o simpatizaba en otros partidos.

Y lo que es la vida, hace pocos meses, el 18 de marzo de este año para ser exactos su hermano Eduardo falleció también de manera inesperada, al parecer de un problema del corazón, en esa ocasión vía facebook le di el pésame, fue la última vez que tuvimos comunicación. O sea que tres meses después de su hermano, falleció el Dr. Armando. El padre de estos dos hombres fue el señor don Domingo de la Cerda, hombre muy conocido, bajito él que siempre traía puesta su texana y lo acompañaba un enorme Gran Danés, negro como el carbón llamado Pelé, en alusión al futbolista que en esa época era el más conocido del mundo y considerado “El Rey” del futbol. El perro acompañaba a Don Domingo a todas partes, si iban al banco, allá iba el enorme perro junto a su amo, era un perro mansito que se ganó el cariño de toda la gente. Hubo un hermano de Armando y Eduardo llamado Domingo. Era tremendo desde sus años juveniles, fue novillero y en una época juez de plaza, cuando Filiberto Ramírez fue Director de Reglamentos fue uno de los tres jueces que en esa época nombró para los festejos sanmarqueños. Domingo que fue psicólogo murió joven. Hoy ya están juntos en otra dimensión Don Domingo y sus tres hijos. Y lo que es la vida, los tres hijos murieron se puede decir que jóvenes, dejando muchas amistades que los apreciaban en verdad por su trato y sentido sincero de la amistad.

En el transcurso de la semana pasada, aparte de haber fallecido este gran amigo, en el país se suscitaron situaciones que alarmaron sobre manera a la ciudadanía, como lo fue por ejemplo el ataque al secretario de Seguridad Pública de la Ciudad de México, Omar García Harfuch. Fue un ataque orquestado por una célula criminal que actuó con armas de muy grueso calibre y de la que milagrosamente este joven funcionario público salió podemos decir que bien librado pues sólo le dieron dos balazos en el brazo. Cuando uno ve las escenas en televisión de cómo estuvo la balacera que dirigieron al vehículo en el que viajaba García Harfuch solo se puede decir que fue un milagro el que hizo que no perdiera la vida. Aquí lo grave es que se atentó contra este funcionario y que en la Ciudad de México nunca había actuado de esa manera ningún cartel del narcotráfico. Esta acción indicó a propios y extraños que el crimen organizado ya no se detendrá para quitar de su camino a quienes les estorban, sea quien sea.

Y para colmo de males el gobierno federal volvió a las andadas, primero fue la liberación de Ovidio Guzmán por boca del mismo presidente y ahora fueron dejados en libertad los familiares y sicarios del “Marro” líder del cártel de Santa Rosa, de Guanajuato, a pesar de que, por ejemplo, la madre de éste fue encontrada con dos millones de pesos en efectivo y varios kilos de droga. El “Marro” muy dolido dio a conocer sendos mensajes amenazantes grabados en video. Se veía muy dolido y triste hasta las lágrimas, quebrado totalmente por la aprehensión de su madre, pareja sentimental y hermana. Sin embargo ante el desaliento de la población, días después fueron dejadas en libertad dando como excusa inexactitudes legales en su detención. Otto Granados, ex gobernador y ex secretario de gobernación dijo algo ciertísimo en Twitter: “Dicen que los delincuentes son como los perros: huelen el miedo. Y ya olieron el miedo que este gobierno les tiene”. ¡Cierto! No hay duda que los delincuentes en México ya se dieron cuenta que las autoridades competentes no les tienen miedo…¡les tienen pavor! Lo anterior le costará al país muy caro, más caro que lo que nos ha costado hasta ahora en materia de seguridad y de tantos miles y miles de muertos. Ya nada más estamos esperando cuándo va a ir López Obrador a saludar a la mamá del “Marro”.

Y para completar la nefasta semana pasada, la pandemia va viento en popa, va hacia arriba impunemente, contagiando y matando gente sin pausa, ayudada por el valemadrismo de la población a no acatar las indicaciones sanitarias: bares y antros llenos al máximo ante la indiferencia de los asistentes por protegerse y guardar la sana distancia; los tianguis y mercados llenos también con familias que inexplicablemente no se cuidan ni cuidan a sus pequeños hijos de no contagiarse. Increíble la irresponsabilidad de unos y otros, en mayor o menor medida. Sin duda México es un caos en todos los aspectos. ¿Tendremos el gobierno que merecemos?