Carlos Reyes Sahagún

Cronista del municipio de Aguascalientes

Posiblemente porque el esfuerzo de remembranza se concentró el año pasado en la Soberana Convención Militar Revolucionaria en el centenario de su celebración, se quedaron en el olvido otros aniversarios que valdría la pena recordar.

Tarde, pero ya ni modo, quiero traer a su memoria las figuras de dos próceres de la Suave Matria; dos personajes cuyos merecimientos alcanzaron para que dos calles del rumbo de San Marcos de esta automovilística ciudad lleven su nombre. (Me acuerdo que la dirección original del Instituto Aguascalientes, el Colegio Marista, era a principios de los años sesenta del siglo anterior, Uruguay y Brasil… La institución sigue ahí, pero ahora las calles se llaman Aquiles Elorduy y 26 de marzo).

¿Qué tienen en común Eduardo J. Correa y Aquiles Elorduy García? Por lo pronto que ambos fueron originarios de Aguascalientes. En su Diccionario General de Aguascalientes, José Luis Engel informa que el primero nació el 20 de septiembre de 1876, en tanto que el segundo vio la luz primera un par de años antes, el 19 de noviembre de 1874. De igual manera, y por eso los recuerdo ahora, ambos murieron en 1964, es decir, hace poco más de 50 años. Correa el 2 de julio y Elorduy poco más de un mes después, el 5 de agosto.

Los dos fueron también abogados, profesión muy liberal y principal en la época en que ambos tuvieron edad para estudiar, y seguramente dicha carrera les sirvió de plataforma para incursionar en los terrenos de la política y el periodismo, aunque ciertamente la carrera política de Elorduy fue más dilatada que la de Correa. Por otra parte, a reserva de confirmarlo, tengo la impresión de que los dos aguascalentenses militaron en bandos diversos, incluso ideológicamente, quizá lo suficiente como para verse como enemigos; o por lo menos para no verse. Elorduy fue un librepensador, mientras que Correa guió sus pasos en las sendas abiertas por el pensamiento católico. De hecho fue amigo del obispo José de Jesús López y González, lo suficientemente cercano como para haber escrito una biografía sobre este querido personaje; la primera de que tengo noticia. Tan católico fue Correa, y tan cercano a los temas de la Iglesia, que la biblioteca del Seminario Diocesano lleva su nombre –de seguro algo que no conozco hizo por la institución, como para alcanzar este merecimiento.

Por su parte, Elorduy fue opositor del general Porfirio Díaz, y participó en la fundación de un Centro Antirreeleccionista, cuando el anciano presidente tuvo la ocurrencia de declarar que el país estaba listo para la democracia. Ambos fueron diputados en la utopía democrática de Francisco I. Madero, y cuando el país finalmente probó que aunque la mona se vista de seda, mona se queda, es decir, cuando los fusiles de los golpistas despertaron a la nación de su sueño democrático –por cierto hoy hace 102 años–, fueron a dar con sus huesos a la cárcel, en ocasión del desconocimiento del dictador por parte del Congreso.

Hasta donde tengo noticia, ahí concluyó la carrera política de Correa, quien se dedicó al ejercicio del periodismo y la abogacía. Con este último carácter, Correa fundó con otros el bufete Basham, Ringe y Correa, de acuerdo a la información que aporta la estudiosa de su obra la doctora Marta Lilia Sandoval Cornejo. En cambio la trayectoria pública de Elorduy apenas si estaba comenzando, y continuó prácticamente hasta su muerte. De hecho el 24 de abril de 1949, El Sol del Centro publicó una nota con el siguiente encabezado: “Elorduy dice que seguirá en la política hasta después de muerto”. La declaración se produjo casi al término de su gestión como diputado federal. Quien lo entrevistó le preguntó al final si continuaría en la política, a lo que el aludido contestó: “Hasta que muera y aun después de muerto”.

Engel señala que fue miembro del Partido Liberal, de la Junta de Ferrocarriles, y diplomático. Por otra parte, fue candidato del PAN a gobernador del estado en 1944 y luego, años después, de seguro aprovechando el buen cartel que alcanzó en esta candidatura, se convirtió en uno de los primeros diputados federales de Acción Nacional, durante el sexenio del presidente Miguel Alemán –quizá ahora no llame mayor cosa la atención este logro; sin embargo, es preciso considerarlo a la luz de aquel tiempo, en que el autoritarismo gubernamental daba estrechísimo margen para opciones diversas a la priísta.

No mucho tiempo después, Elorduy riñó con la dirigencia panista, que lo expulsó de sus filas. Entonces pasó a las del PRI, convirtiéndose en representante de Aguascalientes en la cámara alta, en el periodo 1952-58. Antes, en 1950 intentó convertirse en candidato del tricolor a la gubernatura, pero el profesor Games Orozco le ganó la carrera –si es que la hubo–. El término de la senaduría su carrera política inició su declinación, por momentos penosa. En 1961 intentó ser candidato independiente a diputado, y si hoy todavía esto no es posible, bien podemos imaginar cómo sería entonces. No estoy en condiciones de asegurarlo de manera inequívoca, pero recuerdo que fue también candidato a gobernador en 1962, por el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM). De lo que sí me acuerdo es que más o menos por esas fechas los panistas locales se burlaban de él llamándolo Don Chilaquiles… (Felicitaciones, ampliaciones para esta columna, sugerencias y hasta quejas, diríjalas a carlos.migrante@gmail.com).

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