Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Ante el confinamiento sanitario, el secretario de Educación, con extraordinaria facilidad, dio instrucciones para que los niños “Aprendan en casa”, con el apoyo de los padres de familia y con la guía digital de los docentes. La autoridad educativa local, a su vez, de inmediato giró instrucciones a los supervisores y directores de escuela para que garanticen los aprendizajes de niños y adolescentes, a través de medios electrónicos, de manera que todos terminen bien el ciclo escolar.
Estas instrucciones y las metas establecidas, parten del supuesto de que todos los alumnos, en sus hogares, cuentan con la estructura tecnológica y los dispositivos necesarios para poder estudiar y aprender en línea; también suponen que los padres de familia tienen tiempo, disposición y preparación pertinente, para poder apoyar a sus hijos en los estudios indicados; y que los docentes están capacitados y experimentados para llevar a cabo el aprendizaje digital.
La realidad dice otras cosas: de 424 mil docentes (del país) que se conectaron, vía internet, a la videoconferencia del secretario de Educación y representantes de las empresas Google y YouTube (el 20 de abril pasado); una vez que conocieron las propuestas electrónicas para la enseñanza digital, cerca del 90 % de los maestros asistentes a la videoconferencia manifestó, digitalmente: “Las sugerencias están bien, pero para aplicarlas los alumnos carecen de computadora y de internet”. Localmente, hace poco más de tres semanas, en la parte nororiente de la ciudad de Aguascalientes, maestros de escuelas secundarias oficiales, preocupados por atender a sus alumnos a distancia, hicieron encuestas directas para conocer la disposición de equipo electrónico, y los datos recabados dicen que entre 27 y 30 % tienen computadora e internet; en cambio, más del 70 % cuenta con celular. Dirigir, pues, la enseñanza vía internet hay serias limitaciones por la carencia de herramientas en su mayoría y, también, por falta de capacitación. Por tanto, los maestros optaron por utilizar el WhatsApp para comunicarse con los alumnos; pero esta comunicación no es directa de maestro a alumno y viceversa, sino a través de los jefes de grupo o de algunas madres de familia (de mesas directivas): los jefes de grupo y las madres de familia recibieron las indicaciones del maestro, mediante WhatsApp; y ellos se encargaron de reenviar las indicaciones a los respectivos integrantes de los grupos. Los maestros mandaron indicaciones de qué hacer en cada asignatura; y los trabajos realizados (evidencias) serán revisados cuando se normalicen las clases.
Ahora bien, ¿qué está pasando en el terreno de los hechos, en relación con secundarias? Donde la madre de familia apoya y su hijo es responsable, hay ciertos esfuerzos en los estudios; pero, en otros casos, han surgido cosas preocupantes: no todos los alumnos están trabajando, por carecer de celular; varios padres de familia, por falta de tiempo y preparación, aunque quisieran no están apoyando a sus hijos; hay alumnos que manifiestan no entender qué deben hacer en Inglés, Matemáticas, Física, Química; las indicaciones no les quedan claras y, por tanto, no están realizando la tarea; hay docentes que exageraron la cantidad de actividades a realizar y esto (adicionalmente) ha estresado más aún a los alumnos y a sus padres. En otro orden de cosas, la pandemia está provocando tristes historias: hay alumnos que ya se comunicaron con sus maestros para darles a conocer que ya no tienen celular, porque sus padres tomaron la decisión de venderlo para la compra de alimentos básicos; y otros han manifestado que sus padres ya los pusieron a trabajar y que, de hecho, se van a dar de baja de la escuela. Las actividades se están haciendo con incertidumbre; cuando se reanuden las clases presenciales se sabrán los efectos ocasionados por la pandemia y lo que se debe hacer para reconstruir la educación.