Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Los maestros deberíamos respondernos, con seriedad y honestidad, ¿en qué medida estamos propiciando el aprendizaje  autónomo de nuestros alumnos? No hace mucho, la ameritada maestra Margarita Gómez Palacios visitó una escuela primaria en la ciudad de Aguascalientes. Después de saludar al grupo de sexto “A”, le dio una hoja en blanco a cada uno de los alumnos, y les indicó que redactaran un texto (en esa hoja) de lo que quisieran. Pasaron cinco minutos, aproximadamente, y los alumnos no escribían nada. Entonces, la maestra Margarita se dirigió a un alumno y le pregunta “¿por qué no escribes algo?” El alumno responde: “es que estoy esperando que nos dicte”.

Este hecho anecdótico no es un caso aislado, es una situación que impera en gran número de aulas de las escuelas básicas; porque los maestros hemos acostumbrado a nuestros educandos, preponderantemente,  a obedecer órdenes: “lean en su libro de la página 80 a la página 85”; “copien el texto de la página 90”; “realicen los ejercicios que están en el pizarrón”; “escriban lo que les voy a dictar”; “mañana traerán de tarea lo que les voy a indicar”; entre muchas otras cosas que nosotros decidimos y ordenamos; a grado tal que los alumnos ya se acostumbraron a realizar, únicamente, lo que les señalamos; y si alguien no hace lo indicado corre el riesgo de reprobar.

De acuerdo con los psicólogos, de antes y de hoy, los niños pequeños desde su nacimiento hasta los 3, 4, 5, años, aproximadamente, en gran medida dependen de las decisiones de los padres y de los mayores; es la edad de la obediencia. Pero a los 6, 7, 8, 9 años, paulatina y gradualmente, inicia la  transición de la dependencia y de la obediencia hacia la autonomía; es decir, en estas edades los niños empiezan a tomar decisiones por sí mismos; pero, para su éxito, requieren orientaciones, estímulos, apoyos de los padres de familia y de los maestros; y oportunidades para que desarrollen sus capacidades de pensamiento, meditación, análisis, razonamiento, argumentación, deseos de aprender. La conciencia moral y ética se va formando, que serán las fortalezas de su personalidad. A partir de los 10, 11 y 12 años, los educandos consolidan su autonomía, ya son capaces de distinguir lo bueno y lo malo, y toman las mejores decisiones en todos los campos de la vida; siempre y cuando los mayores les dimos y les damos orientaciones, oportunidades y confianza en los procesos de su formación.

Luego entonces, si parte de nuestros alumnos están desarrollando su autonomía y otros ya tienen bien formada su soberanía en el pensar y en el hacer, podemos estar seguros que esta libertad responsable es un ingrediente fundamental, un baluarte para que los alumnos “Aprendan en casa y a distancia”; pues basta con señalarse los temas, del programa de estudios, para que ellos los desarrollen, consiente y responsablemente, con base en los libros de texto y otras fuentes, de acuerdo al grado y nivel de estudios. Incluso, el aprendizaje  autónomo es medular para el estudio en el aula; pues el aprendizaje se da porque los alumnos lo quieren, porque lo desean y porque saben que es bueno y necesario para su formación integral. Pero, si no hemos puesto énfasis en el aprendizaje autónomo, y tan sólo nos hemos enfrascado en dar órdenes, en dar clases y en imponer disciplina;  entonces estamos descuidando una de las partes más importantes y esenciales de la formación humana como es la autonomía en el pensar, en el razonar, en el aprender, en tomar decisiones y en el actuar consciente y responsable, sustentados en los valores. Maestros, aún estamos a tiempo para propiciar, en nuestras clases, el aprendizaje autónomo. Aprovechemos parte del confinamiento para actualizarnos o prepararnos al respecto.