Amallely Morales
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Entre tabletas, libretas y plumas donadas, en la Colonia Héroes de Padierna, en Tlalpan, 15 niños toman sus clases a distancia y apuntan en sus libretas lo que acaban de ver en Youtube, porque no tienen los dispositivos necesarios y a su casa no llegan los canales que emiten sus programas educativos.

Bajo una lona verde y con el único cobijo de una camioneta y pupitres desgastados, frente a la tortillería La Abuela, la dueña Dalia Ávila habilitó un espacio.

Ahí, pequeños superan la tristeza de no poder ver a sus amigos, de no tener suficiente para comer y de ver a sus padres angustiados por unos pesos.

Dalia les presta dispositivos móviles, con los que ven sus clases en línea gracias al internet en la tortillería. También les brinda lápices, cuadernos y material didáctico.

Las preocupaciones propias de una pandemia se suman a un factor que, en cualquier rincón, causa estragos: la pobreza.

“Antes me llevaba mi pepino picado a la escuela, mi fruta en moldes, pero mi mamá me dice que, o prepara comida o me compra mis frutas y verduras. Yo prefiero comida.

“Extraño mi pepino”, dice Aidé Hernández, con los ojos llorosos.

La pandemia llegó a derrumbar su realidad que, con un hermano sumido en la drogadicción y con padres que trabajan todo el día, ya de por sí era difícil.

“Ahora mi papá ya no tiene trabajo, por eso no alcanza y yo soy consciente de todo el esfuerzo que hace mi mamá y me preocupo por ella”, agrega Aidé a sus 13 años. Ahí se le quiebra la voz y llorar.

Sus nuevos compañeros de pupitre pasan sus apuntes y reciben yogur y gelatina, donadas por Dalia.

“Si no, ¿quién va a ayudar a los niños pobres de mi colonia?”, dice la mujer.

Detrás de ella, Aidé termina su jornada con clases de inglés.

“Es lo que más se me dificulta, pero me encantan las matemáticas y las artes”, asegura con un brillo en los ojos que, pese a sus dificultades, adivina una sonrisa en su rostro, debajo de su cubrebocas.