Sin recuperarse se encuentran la mayoría de los talleres de la industria de la confección, pues las prendas de vestir no tienen la misma demanda en el mercado y por tanto, la producción se ha tenido que reducir al mínimo, de ahí que los pocos talleres que se mantienen activos se han tenido que diversificar para atender lo que sí se necesita como son los uniformes médicos o cubrebocas, pero no da lo suficiente para conservar la plantilla laboral y fábricas abiertas.
El presidente del Consejo Empresarial Textil y de la Confección, José de Jesús Martínez Marmolejo, comentó que entre los que resultaron afectados son aquellos que se dedican a la fabricación de uniformes, tanto escolares como deportivos, pues para atender la demanda, hacen inversiones al comenzar cada año, pero el arribo de la pandemia no permitió avanzar.
Para los que cubren los requerimientos de ropa de temporada también se han visto limitados en su actividad, pues pasó la de primavera-otoño y las ventas han sido mínimas, y es que “la gente prefiere utilizar su dinero para asegurar las necesidades básicas de su familia como es la alimentación y la salud, pero en lo último que piensan es en comprar ropa o zapatos, sí compran pero no en la misma medida que cuando la situación económica está en mejores condiciones”, dijo.
Está claro que las adversidades deben ser el empuje para cambiar estrategias de producción y de ventas, por lo pronto la fabricación es sólo para atender la poca demanda que les llega, y en cuanto al comercio, se tendrá que aplicar más ingenio e inclusive algunos giros han vuelto a lo básico como es llevar las muestras de su producto a los posibles clientes.
Es el caso de los fabricantes de uniformes deportivos, que aprovechan que los entrenamientos han sido permitidos y van directamente a los campos de futbol o beisbol a ofrecer las prendas para los equipos, o bien a las fábricas a ofrecer las prendas industriales, “la situación es que no siempre resulta, pues lo que no hay es dinero”, insistió.
Martínez Marmolejo subrayó que este año se considera perdido para la industria de la confección, pues la mayoría de los talleres siguen con paros técnicos, negándose a despedir personal.