Jesús Eduardo Martín Jáuregui

En los primeros cuatro años de su gobierno, Nerón fue asesorado por el prefecto pretoriano Burro y por su preceptor, el filósofo Séneca. Lucio Anneo Séneca uno de los más altos representantes de la filosofía estoica, en la que ya prefiguraban muchos aspectos del cristianismo: la creencia en un dios único, la idea de la igualdad esencial de los hombres, la aceptación del papel asignado en la vida y la supresión de los deseos como una forma de llegar a la apatía (ausencia del dolor) y luego a la ataraxia: una especie de Nirvana. Nerón Claudio César Augusto Germánico gobernó en concordancia y armonía con el Senado.
Nada impide pensar que Nerón pudo haber sido víctima de una enfermedad común entre los patricios romanos: el saturnismo, envenenamiento con plomo al reaccionar la greta del decorado de las vajillas con el alcohol del vino. Las vajillas humildes no tenían ese decorado, por lo que los plebeyos vivían más y no padecían el envenenamiento que muchas veces conducía a la locura. Ahora los análisis en cadáveres romanos nos permiten saber de la enfermedad, ya que el plomo no se degrada.
Nerón sufrió un complejo de persecución y empezó a ver enemigos entre los que se atrevían a criticar sus decisiones y sus medidas de gobierno que, pasaron de ser, medidas dictadas por la recta razón y el pensamiento humanista de su antecesor y también estoico, emperador Marco Aurelio. El que no está conmigo está contra mí, se convirtió en su divisa y como consecuencia el deshacerse de quienes se le oponían o él creía que se le oponían.
Las medidas tomadas por Nerón y el castigo para los participantes en una supuesta conjura terminaron por tensar aún más las relaciones materno filiales. Narra Dion Casio que Agripina recriminó al emperador: “Agripina, molesta por ello y por otras cosas, primero intentó castigarlo, atacando algunos de sus compañeros y deshaciéndose de otros. Pero viendo que con ello no lograba nada, decidió recordarle: ‘He sido yo quién te ha hecho emperador’ – como si tuviese el poder para quitarle su soberanía” (C.D. 61, 7, 5).
Sus consejeros y funcionarios, sirvientes y esclavos eran fáciles de apartar, pero su madre Agripina la Menor, se había convertido en su enemiga. Junto con su medio hermano conspiraban contra él y ponían en riesgo no sólo su gobierno sino su vida y con ello la estabilidad del imperio. Había pues una razón de estado para suprimir a quienes se oponían a sus transformaciones y entre ellos se encontraban los seguidores de una secta que empezaba a crecer peligrosamente en Roma: los cristianos.
Nerón intentó envenenar a su madre pero desistió del método. Descartado el envenenamiento como forma de asesinar a su madre, Nerón ordenó hundir el barco en el que viajaba. Agripina escapó a nado. Finalmente, la madre del emperador fue encontrada muerta en su villa de Antium, el mismo sitio donde había dado a luz a Nerón.
El asesinato de su madre, en el 59 d.C., provocó un repentino punto de inflexión. Con el tiempo, Burro fue asesinado y reemplazado por Tigellinus, su esposa fue asesinada por él y reemplazada por Poppea, y Séneca debido a intrigas de sus enemigos pierde su influencia sobre el emperador, se retira de la vida pública y se dedica a escribir y a estudiar filosofía.
En el 64 se desató un incendio que devastó todo un distrito de Roma, en el que Nerón construyó más tarde su Domus Aurea, pero en realidad no fue él quien inició el incendio. Para desviar las acusaciones, Nerón culpó a los cristianos, iniciando así la primera persecución a gran escala.
Nerón perdió totalmente la cordura. Devaluó las monedas de plata, principalmente propiedad de senadores, revalorizando las de bronce, principalmente propiedad del pueblo. Así se desató en el 65 la conspiración de los Pisoni, es decir de las familias aristocráticas, a la que también se sumó Séneca, aunque no en primera fila. Sin embargo, se descubrió la conspiración y los conspiradores, que a menudo seguían las doctrinas estoicas, se suicidaron, incluido el propio Séneca, condenado a muerte. En abril del año 65 d.C., Séneca se cortó las venas acatando la sentencia del emperador. . En el 66 Nerón hizo un viaje a Grecia, luego realizó grandes celebraciones y juegos en Roma, en los que él mismo actuó, como de costumbre, como músico, poeta y bailarín.
Sin embargo, el descontento con los modos cada vez más prohelénicos y orientalizantes del emperador, que pretendía ser adorado como un dios, provocó que los soldados de las legiones colocadas en Hispania proclamaran emperador al senador Galba, que marchó hacia Roma apoyado por el ejército y con la aquiescencia del Senado que desconoció a Nerón, lo declaró enemigo público y proclamó emperador a Galba.
En el 68 d.C., Nerón, se encontró solo, se refugió en su quinta y ordenó a su liberto Epafrodito que lo matara. Según Suetonio, sus últimas palabra fueron: ¡Conmigo muere un gran artista!.
El año 69 d.C., se sucedieron cuatro emperadores y los enfrentamientos se exacerbaron, las crisis política y económica sumieron en la desesperación al pueblo romano. Las acusaciones y persecuciones contra los cristianos ahondaron la división de los ciudadanos. Las leyes caducarias habían contribuido a incrementar el malestar, los impuestos agobiaban a la ciudadanía y las arcas públicas agotadas, no permitían intentar medidas de estabilización. Los historiadores empezaron a referirse a ese año como “annus horribilis” (año horrible) y desde entonces la expresión se ha usado para calificar a un año que haya sido particularmente desastroso.
Sin ninguna duda se puede designar este año de 2020, como “annus horribilis” y no por las condiciones políticas, económicas, de salud y de fenómenos naturales, que sacudieron el país, sino por la forma en que el Gobierno encaró (es un decir), los problemas. Escabulléndose de las responsabilidades, inventando culpables, mintiendo descaradamente, manipulando la información, escudándose en un papel de víctima que todavía algunos le creen, apoyado en una gran campaña en los medios tradicionales y los nuevos medios de las llamadas redes sociales, el presidente le apuesta a su innegable simpatía sustentada en un discurso triunfalista, revanchista y reinvidicatorio, pero los datos, los “datos duros” allí están. El costo de mantener la apariencia de estabilidad económica ha sido altísimo, el endeudamiento ha crecido y el Banco de México ha tenido que rematar divisas para sostener el tipo de cambio. Un muerto por cada mil habitantes es todavía un saldo provisional del pésimo manejo de la pandemia. Las muertes violentas peor que nunca y la crispación social a la alza.
2020, “annus horribilis” y 2021 pinta para ser peor.

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