Por Juan Pablo Martínez Zúñiga

A la tercera viene una tibia vencida.

Después de varias pruebas y errores (particularmente los últimos), la franquicia creada por James Wan a través de sus cintas de “El Conjuro” y todos sus spin offs, llega esta tercera parte sobre la muñeca maldita llamada Annabelle, la cual se vio favorecida en su momento por el constreñido furor sobre juguetes endemoniados de hace apenas un lustro. El otrora guionista Gary Douberman (“La Monja”, “Eso” – 2018) realiza su debut como director con esta tercera entrega y resulta muy afortunado que lo haga con una cinta que remite más a una comedia de horror al estilo de los 80’s que mediante la pisoteada fórmula del susto barato ad nauseam (aunque era imposible que prescindiera de la marca de la casa).
La cinta arranca con un necesario prólogo donde se nos recuerda la procedencia de la muñeca al momento que le es legada al matrimonio paranormalista Lorraine (Vera Farmiga) y Ed Warren (Patrick Wilson). Después de un accidentado viaje en automóvil, donde queda de manifiesto la capacidad de Annabelle para convocar espíritus circundantes, la pareja logra arribar sana y salva a su domicilio donde la muñeca es colocada en una vitrina reforzada por bendiciones y rezos. Mediante prolepsis, nos ubicamos un año después en el cumpleaños de la pequeña hija de los Warren, Judy (McKenna Grace), quien ama a sus padres pero padece los efectos de su celebridad como demonólogos, pues los chicos de su escuela no desean participar de su fiesta de cumpleaños por ser hija de quienes en la prensa son tachados de farsantes. Esa misma noche Judy es encargada a la niñera Mary Ellen (Madison Iseman), pues sus padres saldrán de viaje. Esta adolescente es empática y cariñosa con Judy, pero todo se irá al trasto cuando a la velada se una Daniela (Katie Sarife), amiga de Mary quien se muestra particularmente interesada por ingresar a la residencia Warren. Una vez ahí, la chica logra ingresar al sótano de los horrores donde Ed y Lorraine guardan todo objeto relacionado con los casos que han resuelto y libera a Annabelle de su resguardo, provocando que todos los elementos malditos de ese lugar se activen y hagan pasar a las tres chicas una noche de sustos y horror.
Se tardaron lo que quisieron, pero por fin llegó una cinta entretenida sobre estos personajes que si bien sigue sin asustar a un ratón, sí posee más sustancia argumental y potencia histriónica que todos los filmes anteriores. La dinámica establecida por las tres protagonistas es creíble y bien diseñada, pues cada una posee su propio arco argumental que logra resolverse de manera adecuada: Mary secretamente enamorada de un muchacho llamado Bob (Michael Cimino, sin relación con el finado director de “El Francotirador”) -quien posteriormente se unirá a los eventos de forma relativamente jocosa-, Judy, la infante pero resoluta niña que logra encontrar soluciones y valor ante las terroríficas situaciones que se le presentan y Daniela, quien pierde la aprobación momentánea del espectador por su descuidado proceder, terminará revelando la intención de su intromisión en el mundo de los Warren mediante una motivación muy clara y casi conmovedora. Lo interesante es que, rompiendo el paradigma de esta serie, todo el primer y segundo acto se centra en la construcción de los personajes y cómo se relacionan entre ellos, para después ofrendarlos en las típicas situaciones de estas producciones donde se verán asediadas por los espectros y demonios comandados por Annabelle. Esto es lo rutinario, pero aun así el espectador permanece interesado por la sólida inercia de los actos anteriores hasta llegar al acostumbrado clímax sin demasiadas sorpresas pero eso sí, muchos nuevos personajes fantasmales de donde minar para futuros refritos.
“Annabelle 3 – Vuelve a Casa” se logra disfrutar por su falta de interés en las estridencias visuales y sonoras características de estas cintas (condensando todo ello en la última media hora de metraje) y por las destacadas actuaciones de las protagonistas -particularmente McKenna Grace, convincente y aplicada en su papel- a quienes les dieron un poquito más con qué trabajar más allá de los gritos. Esperemos que las inevitables secuelas y derivados aprendan de esta mediana pero entretenida cinta.

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