Mircea Mazilu

Estimados lectores, el 16 de mayo se celebró el aniversario de la primera subida de Antonio López de Santa Anna a la presidencia de México. Ese día, pero de 1833, el que había sido una de las figuras centrales de la política mexicana desde la independencia de este país, asumía finalmente el cargo de presidente de la República. Se trata de uno de los personajes más destacados, controvertidos y criticados del siglo decimonónico de la historia nacional. Ocupó el puesto de Jefe de Estado en 11 ocasionesy participó activamente en la política mexicana desde 1821 hasta 1855, protagonizando acontecimientos tan importantes como la guerra mexicano-estadounidense. Es considerado por la historiografía como un demagogo sin ideología, al apoyar algunas veces a federalistas y otras a centralistas. A continuación, repasamos la historia de uno de los más famosos y despreciados protagonistas de la historia de México.

Antonio de Padua María Severino López de Santa Anna y Pérez de Lebrón nació el 21 de febrero de 1794 en Xalapa, Veracruz. A la edad de 16 años ingresó al Ejército Real de la Nueva España, desde donde luchó contra los insurgentes tras el estallido de la lucha por la independencia en 1810.

Durante el Primer Imperio protagonizó la rebelión contra Agustín de Iturbide en favor de una república, consiguiendo la abdicación de este último en marzo de 1823. De esta forma, se abría la puerta a la posibilidad de la creación de una República federal en México, misma que se instauraría en el año 1824, siendo elegido como primer presidente Guadalupe Victoria.

A continuación, Santa Anna destacaría por derrotar a los españoles en la invasión de éstos al territorio mexicano con el objetivo de reconquistar su antigua colonia. La victoria en la Batalla de Tampico de 1829, en la que combatió al general español Isidro Barradas, lo convirtió en “héroe de la patria”para la joven nación mexicana.

La introducción de las Siete Leyes en 1836, que anulaban el régimen federal en favor de otro centralista, provocó la rebelión del estado mexicano de Texas, ya que éste vio en el cambio de sistema una violación directa a su autonomía. Santa Anna invadió el territorio texano para restablecer el orden, sin embargo, tuvo que hacer frente al ejército de los Estados Unidos, quienes apoyaban la emancipación del estado en cuestión. Tras la derrota en San Jacinto (abril de 1836), Santa Anna se vio obligado a negociar un tratado que reconocía la independencia de Texas.

La Guerra de los Pasteles (1838-1839) contra Francia le dio la oportunidad de nuevo a Santa Anna para recuperar su popularidad perdida tras el desastre de Texas. Sin embargo, tras unos meses en los que presidió el país entre 1843 y 1844, decidió retirarse a Cuba, desde donde sería llamado por el presidente Valentín Gómez Farías para liderar la guerra contra Estados Unidos (1846-1848). Como consecuencia de la derrota ante el vecino del norte, firmó el Tratado de Guadalupe-Hidalgo (1848), por medio del cual México perdió prácticamente la mitad de su territorio. Es precisamente por este motivo por el cual la historiografía nacional lo recuerda, en parte, como un personaje despreciado.

Tras este acontecimiento, Santa Anna partió nuevamente en exilio, desde donde regresaría en 1853 para tomar otra vez posesión de la presidencia. Su último mandato (1853-1855) se caracterizó por una dictadura personalista, lo que provocó que se ganara la enemistad de los liberales, quienes proclamaron el Plan de Ayutla (1854) con el objeto de terminar con el gobierno autoritario de Santa Anna. Éste se vio obligado a exiliarse nuevamente, esta vez en Colombia, desde donde regresaría en dos ocasiones más. Tras su último retorno, murió en la Ciudad de México a la edad de 82 años,un 21 de junio de 1876.

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