Mircea Mazilu

El día 30 del presente mes se conmemora la muerte de Miguel Hidalgo, el padre de la patria mexicana. El 30 de julio de 1811 el que inició la lucha por la independencia de la entonces Nueva España fue fusilado en la ciudad de Chihuahua. No obstante, su muerte no acabó con el movimiento de emancipación, que años más tarde traería como resultado el nacimiento del actual país de México. En el artículo de hoy te contamos la historia del cura de Dolores que, con sus actos valerosos, se convirtió en héroe nacional para la eternidad.

Miguel Hidalgo y Costilla nació el 8 de mayo de 1753, cerca de la ciudad de Pénjamo, en el actual estado de Guanajuato, siendo hijo de padres criollos y ricos. Realizó estudios de filosofía y teología y trabajó como profesor de estas ciencias por algunos años. En el año 1778 se convirtió en sacerdote, ejerciendo en varias parroquias hasta que en 1803 llegó a la de Dolores, donde sustituyó en el cargo a su hermano fallecido. Pocos años más tarde se unió a un grupo de conspiradores, en el seno del cual empezaron a surgir ideas sobre la independencia del virreinato de Nueva España con respecto a la metrópoli.

Dicho grupo, formado por los capitanes Ignacio Allende y Juan Aldama, entre otros, planearon una insurrección en contra del virrey para finales de 1810. Sin embargo, fueron descubiertos por las autoridades, viéndose obligados a anticiparse en su conspiración. Fue así como en la madrugada del 16 de septiembre el cura Hidalgo reunió a los feligreses de su iglesia y les pidió sublevarse contra el gobierno virreinal y a favor de un gobierno independiente para Nueva España. Este suceso pasaría a ser conocido en la historia de México como el “Grito de Dolores”, siendo considerado como el inicio de la lucha por la independencia en este país.

Dos semanas más tarde, el cura y sus seguidores tomaron Guanajuato, una ciudad de gran importancia en el virreinato. Allí saquearon brutalmente la Alhóndiga de Granaditas y dieron muerte a los españoles que se refugiaron en sus interiores. Posteriormente, los insurgentes prosiguieron la marcha, tomando otras ciudades como, por ejemplo, Valladolid (hoy Morelia) y Toluca. A finales de octubre llegaron a las puertas de la Ciudad de México, donde vencieron a las tropas españolas en el Monte de las Cruces. No obstante, en vez de entrar a la ciudad, Hidalgo decidió retirarse.

A partir de ese momento los insurrectos sufrieron una serie de derrotas, destacando las de Aculco y Puente de Calderón. Después de esta última, ocurrida en enero de 1811, Hidalgo se vio obligado a huir, siendo capturado pocos meses después y conducido a Chihuahua. Allí fue encerrado por poco más de dos meses y posteriormente enjuiciado y condenado a muerte, siendo acusado de traición y homicidio.

Aparte de esta terrible sentencia, el tribunal decidió que sus bienes debían ser confiscados y sus manifiestos quemados; además, un día antes de su ejecución, fue degradado como sacerdote. Finalmente, el 30 de julio de 1811, Miguel Hidalgo fue ejecutado por un pelotón de unos 12 soldados. Aquel mismo día fue decapitado, siendo su cabeza llevada a la ciudad de Guanajuato, donde sería exhibida en forma de castigo en una esquina de la Alhóndiga de Granaditas, junto a las de Ignacio Allende, Juan Aldama y Mariano Jiménez. Sin embargo, la muerte del cura de Dolores sólo significaba el fin de un capítulo dentro de la lucha por la Independencia ya que, como bien se sabe, pocos años más tarde México conseguiría su emancipación.

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