RODRIGO ÁVALOS ARIZMENDI

El próximo sábado festejaremos el aniversario número 111 del inicio de la Revolución Mexicana. Y de la historia de nuestra Revolución mucho se ha escrito y aún así todavía hay mucho que escribir. Sin embargo, para celebrar este patriótico acontecimiento este día le platicaré algunas anécdotas de nuestros compatriotas que participaron muy activamente en la refriega en uno u otro bando. ¡Espero que las disfruten!

 

LAS DERROTAS DE EL MOLE

Había un general zapatista llamado Zeferino Ortega, alias “El Mole”, el que siendo un pésimo militar, se especializó en huidas ante el enemigo, disculpándose ante su jefe inmediato, el general Genovevo de la O, con idénticas y nada convincentes explicaciones en todos los casos.

-Con la novedad, jefe Genovevo, de que tuvimos una valerosa “redota” y una honrosa retirada ante la “inquinidad” y mayor juerza numérica del enemigo.

Hasta que un día, cansado Genovevo de tales excusas, le advirtió:

-Bueno, pinche Zeferino, ya estuvo suave de derrotas valientes y honrosas retiradas. La próxima vez le pones huevos y me traes una victoria, aunque sea deshonrosa, ¡o te lleva la chin….!

 

EL MOLE DESMEDRADO

En alguna ocasión asistió El Mole, acompañado de su asistente, un tal Febronio, a una junta con el general Eufemio Zapata y el licenciado Antonio Díaz Soto y Gama.

Eufemio se notaba pálido y extenuado, pues llegaba de batir a los federales por el rumbo de Tixtla, en Guerrero. Soto y Gama, pulido en su hablar, le comentó:

-Eufemio, lo veo sumamente desmedrado.

Eufemio Zapata no entendió por supuesto los términos, y pidió al licenciado que se los aclarase.

-Sumamente desmedrado quiere decir muy débil y desmejorado.

A El Mole le pareció bonito y elegante el vocablo. Y ya rumbo a Acampila, le dijo a Febronio:

-Desmedrado….desmedrado… ¡qué chula y fina palabra! A ver si te la metes en la cabezota, vale, pa que aprendas a palabriar como la gente de razón…

Una semana más tarde Zeferino Ortega envío a Febronio a cumplir un encargo de Jiutepec a Cuernavaca.

A su regreso, dos días más tarde, el asistente encontró a El Mole muy quebrantado, en salvaje alboroto el enorme greñero, lleno de polvo y fatiga.

Acordándose entonces del término oído a Soto y Gama, Febronio exclamó:

-¡Ay carajo, te ves todo desmadrado, Zeferino!

-Y como no iba a estarlo pend…, si los federales nos la acaban de romper toditita delante de Yautepec- repuso El Mole.

 

EL GENERAL CHARIS Y LA NÓMINA DE PAGO

No deben haber sido muy brillantes la inteligencia y la cultura del militar y político juchiteco Heliodoro Charis, verdadero chivo expiatorio al que se le achaca una serie de anécdotas humorísticas que lo convierten en el típico nuevo rico de los generales revolucionarios.

Entre otras historias, se cuenta que Charis revisaba un día la nómina de sueldos de los jefes y oficiales de su corporación.

De acuerdo al valor del dinero en aquellos tiempos -década de los años veinte- la lista se integraba más o menos así: General en jefe, Heliodoro Charis, $220.00; Coronel fulano, $100.00; mayor mengano, $70.00; capitán Perengano $50.00; Y la relación seguía hasta finalizar con la suma de las cantidades precedidas por la palabra “Total”.

Charis tras examinar varias veces la última línea de la nómina, respingó y dijo con fuerte voz:

-¡A ver, pagador, que ching….son las de esta lista! ¡Aquí hay favoritismo o mala fe!

Azorado, el pagador escudriñó la nómina que sostenía el general, y al no encontrar nada anormal, inquirió:

-¡Qué encuentra indebido, mi general?

-¡Como que qué! ¡Clarito estoy mirando que hay allí anotado un cabr… que está ganando mucho más que yo! ¡Acláreme quién es ese tal por cual que se llama “Total” y que está cobrando más que su general!

Debido a que Heliodoro Charis hervía de indignación, fue un tanto difícil para el pagador explicarle lo correctamente formulada que estaba la nómina. Al darse cuenta de lo ocurrido, algunos de los oficiales que se hallaban cerca no pudieron contener la risa.

El General Charis los atajó de inmediato.

-¡Ya cabr….ya estuvo bueno de tanta burla! ¡Ni que las gentes pensantes no tuviéramos derecho a equivocarnos, carajo!

 

El talonario del general quintanilla

Allá a principios de 1915, un general arbitrario y bárbaro, Inocencio Quintanilla, se hallaba al frente de las tropas revolucionarias de ocupación de Toluca.

Una mañana Quintanilla tuvo una decisión en él insólita: acudir a un local de baños públicos a fin de asear su cuerpo.

De pronto el general llamó a gritos a uno de los bañeros para decirle:

-¡Óyeme, vale, pos fíjate que no jallo mi talonario, y cuando entré a los baños me fijé que lo traiba en la bolsa del pantalón!

Corrió el bañero a comunicar al propietario del establecimiento la desaparición del talonario del general Quintanilla. Y junto con sus empleados, el dueño se puso a buscar, nerviosísimo, el block de cheques extraviado, previendo algún atropello del militar en caso de no encontrarlo. “Es capaz de fusilarme”, se repetía el pobre hombre.

Luego de una búsqueda infructuosa, el propietario de la negociación, con el alma en un hilo, se decidió a enfrentar a don Inocencio.

-No me explico, general qué ha sucedido. Me he puesto con todos mis empleados a buscar su talonario y no hemos podido hallarlo.

-Pos como serán dialtiro brutos, vale, yo ya lo jallé. Se me había “cáido” junto a la regadera – dijo Inocencio Quintanilla con una sonrisa de triunfo-, mostrando la enorme piedra pómez que utilizaba para tallarse los talones y a la que por lo mismo daba el nombre de “talonario”.