Iván Pallares Flores, quien tiene un hijo de 24 años con autismo llamado Antonio, compartió su experiencia sobre la paternidad en el contexto de las capacidades diferentes, en el marco del Día del Padre. Iván abordó la adaptación a la vida con un hijo con autismo no como un desafío, sino como un proceso de ajuste. «Al principio fue complejo, intentas mucho sin entender cómo ayudar. Cuando aceptas la situación, buscas ayuda en todos lados», explicó Iván.
La vida de Antonio cambió notablemente hace cinco años cuando la familia se mudó de la Ciudad de México a Aguascalientes, lo cual Iván considera una de las mejores decisiones para mejorar la salud y atención de su hijo. Prefiere ver a Antonio no solo como alguien con discapacidad sino como alguien con «una capacidad diferente», lo cual le ha permitido concentrarse en las habilidades y el desarrollo de su hijo.
El vínculo emocional entre Iván y Antonio es profundo; Iván ha aprendido a interpretar las expresiones y estados de ánimo de Antonio, quien disfruta de actividades como visitar nuevas playas en cada cumpleaños. Además, Iván es padre de Emilio, de 16 años, quien vive una vida típica y está en su último año de preparatoria, en contraste con Antonio, que asiste a una escuela especial que adora.
Iván enfatizó la importancia de la presencia de los padres en la vida de niños con capacidades diferentes, instando a otros padres a estar más presentes y a brindar todo el apoyo necesario, resaltando que la ausencia paternal es profundamente sentida por estos niños.