Noé García Gómez

Déjeme decirle, a riesgo de parecer ridículo,

que el verdadero revolucionario

está guiado por grandes sentimientos de amor.

Ernesto “Che” Guevara

 

Actualmente el país se encuentra en constantes crisis que parecieran interminables. Estancamiento económico; el alza en el consumo de las drogas, el incremento en los índices de delincuencia común y organizada, crisis en nuestro sistema de procuración de justicia, crisis en el sector salud.

Yo, junto a muchos otros, soy de aquellos románticos que creen que las cosas pudieran cambiar con más amor, más amor por nuestro país, por nuestro Aguascalientes, por nuestra gente, por las futuras generaciones, soy de los que cree que los y las corruptas líderes sindicales no existirían si antepusieran el amor por México por encima de sus ansias de poder; que el burócrata insensible atendería ágil y eficientemente si viera que detrás de esos trámites están personas que sienten; que el policía o mando judicial corrupto si supiera que los alcances de sus acciones cuestan vidas; que si el funcionario derrochador se concientizara que lo que gasta es aportado por miles de familias humildes a través de impuestos; que si políticos y partidos se concientizaran que muchas de las reformas detenidas o los recursos desviados, podrían cambiar vidas, si todos ellos antepusieran el amor por el prójimo y por su país estaríamos mejor.

El problema es que las últimas décadas la tendencia y la inercia es insensibilizar, deshumanizar al ciudadano para ser un autómata. Vemos como en las noticias pasan catástrofes como si fueran números, cómo han generado que los asesinatos del crimen organizado se vean como solo números y no como vidas. Vemos cómo locutores replican y festejan errores de los gobiernos.

Cómo la sociedad difunde la idea que lo único y mejor es competir y ganar a toda costa.

Muchos podrán decir que el amor no da de comer, no paga renta. Que el amor no cambia el mundo, no paga las facturas. Yo siento tristeza por ellos. Pues creo que con mayor amor, sensibilidad y acción muchas cosas cambiarían, se generaría una sinergia positiva. Creo que es deber de todo ciudadano construir un país con el espíritu de patriotismo. Los padres y adultos responsables deben enseñar esto a los niños, ya que ellos aprenden con el ejemplo. El amor a la patria no puede desarrollarse por sí mismo. Sólo a través de la instrucción y el ejemplo, los padres, educadores y líderes de la nación puede inculcar un sentido de orgullo en los jóvenes que algún día ocuparán un lugar propio en los mismos roles sociales y así generar ese amor por nuestro país que no solo se demostrara cada que juega la selección mexicana o son las olimpiadas.

Es hora de buscar un país que fomente la cooperación sobre la competencia, la fraternidad por encima del egoísmo, la solidaridad sobre el individualismo, el amor en lugar del odio, todo ello con el ejemplo de por medio.

Twitter: @noeg2