“Los antirrábicos son el último eslabón de una cadena de errores”, palabras de un protector desconocido de la CDMX.

En nuestro país es muy común que esta cadena de errores comience con la compra de un cachorro en una familia donde se dejaron llevar por el impulso y para no gastar tanto toman la decisión de adquirirlo en un mercado donde los bebés están muy chiquitos y sus padres sufren de maltrato con esos vendedores, fomentando aquí la venta ilegal de animales en la vía pública.
Llegando a casa con el cachorro, toda la familia se ve muy emocionada y todos se comprometen que se harán responsables del pequeño. Pero empiezan a pasar los meses y todos los miembros de la familia de pronto se vuelven personas sumamente ocupadas y cada día que pasa el cachorro pierde toda atención.
Ya nadie lo alimenta tres veces al día, nadie se toma el tiempo para sacarlo a pasear, para llevarlo al veterinario y mucho menos quieren tomarse la molestia en educarlo, por lo que el cachorro se empieza a ser pipí y popó por todos lados y para llamar la atención y por buscar con qué entretenerse en su aburrimiento comienza a morder los zapatos, a rascar la sala y a ladrar mucho. Esto sí que llama la atención de la familia y se enojan sacándolo al patio o subiéndolo a la azotea tratando de ignorar que tienen perro. Pero como se les olvidó el pequeño detalle de ponerle una casita y de que es un ser vivo que debe comer y beber agua todos los días, comienza a ser una verdadera molestia al no parar de ladrar, llorar y aullar.
Aquí es donde la familia trata de tomar, para lo que ellos creen, la mejor decisión para su mejor amigo que ya no quieren, y sus opciones son: A) lo subo al coche, lo llevo lejos bajándolo donde no me siga y no sepa como regresar; B) simplemente le abro la puerta de la casa y dejo que sea libre, si regresa y llora lo ignoro; C) trato de localizar a una asociación protectora de animales para que ellos se hagan cargo de mi problema y D) lo llevo al antirrábico para que ahí sea sacrificado inmediatamente por ser un animalito despreciado.
El 70% de los animales que están en las jaulas esperando su hora de ser sacrificados humanitariamente en el Centro de Bienestar Animal en Aguascalientes, fueron llevados por su propio dueño; la mayoría justifica su irresponsabilidad diciendo que tiene problemas de conducta y que no tiempo para él y a pesar de que son informados que serán sacrificados, las familias no escuchan y se alejan.
Tristemente, siempre los villanos de las película son los trabajadores del Centro, son los que reciben toda la crítica social, pero lo que la gente no ve es que ellos sólo hacen su trabajo y tratan de no mirar a los ojos a los perros y gatos para poder bloquear el sufrimiento del que algún día tuvo un hogar que lo amó.
En punto aparte, les quiero presentar a Manzanita, ella es una perrita que fue abandonada y esperó días para que su familia regresara por ella, al ver que nadie la sacaba de esa jaula tomó la decisión de no comer más y sólo dormía; la Asociación tuvo la oportunidad de poder resguardarla y hoy Manzanita encontró una familia que nunca pero nunca la abandonará.
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