Prof. Flaviano Jiménez Jiménez

Previendo posibles contagios de COVID-19, la Secretaría de Educación Pública dispuso, semanas antes de iniciar las actividades del presente ciclo escolar, que los padres de familia tenían la opción de, voluntariamente, enviar o no a sus hijos a la escuela para las clases presenciales; y en caso de que optaran por no enviarlos, sus hijos serían atendidos a distancia. En cambio, para los maestros fue obligatorio presentarse a las escuelas con el fin de reiniciar, presencialmente, sus labores académicas; toda vez que ya estaban vacunados. Pero, la Secretaría de Educación jamás aclaró quiénes ni cómo ni en qué momentos serían atendidos los educandos que optaran recibir las clases a distancia; y esta falta de definición, hoy está generando serios problemas.

La Secretaría de Educación pudo suponer que los mismos maestros atenderían, a distancia, a los alumnos que optaran quedarse en sus casas, como se hizo durante los días de confinamiento. Sólo que ahora las circunstancias son diferentes. En los días de “Aprende en casa” los maestros estaban disponibles, únicamente, para atender a sus alumnos a distancia; en cambio, hoy los maestros están en las escuelas atendiendo, presencialmente, a los estudiantes en todas las horas de su nombramiento. En las secundarias, que es donde se están presentando mayores problemas, un maestro con 25 horas de nombramiento debe estar en la escuela, legal y obligatoriamente, las 25 horas semanales laborando; así como un maestro de 42 horas debe cumplir todas sus horas en las aulas. Después de cumplir con las horas de nombramiento, nadie está obligado a laborar por más tiempo; y éste es el problema que las escuelas están enfrentando para poder brindar servicios a distancia a los educandos que por temor al contagio de COVID-19 se están quedando en sus casas.

Los padres de familia, con toda razón, están presionando a los directivos escolares para que brinden atención a distancia a sus hijos en casa, como se hizo en los días de confinamiento; pero, los directivos no pueden obligar a los maestros seguir laborando después de haber cumplido con sus horas de nombramiento y, en el mejor de los casos, han dialogado con cada uno de ellos para encontrar voluntarios que quieran brindar apoyos a esos estudiantes que están en casa. De diez, sólo uno o dos maestros aceptan colaborar en su tiempo libre; los demás argumentan exceso de trabajo en la revisión de trabajos de los alumnos presenciales, por lo que no disponen de tiempo. Por su parte, los padres de familia siguen exigiendo la atención de sus hijos en todas las asignaturas. El problema ahí está y mientras éste no se resuelva, muchos alumnos están en el limbo. Hay escuelas que tienen más de veinte de estos casos; sumándolos de todas las escuelas resulta una buena cantidad de alumnos en el limbo, que no están siendo atendidos en sus aprendizajes.

Para la Secretaría de Educación fue fácil declarar que todos los alumnos que se quedaran en casa, por temor al contagio de CORONAVIRUS, serían atendidos a distancia; y ahora el problema es para los directores de las escuelas quienes, siempre, son los que dan la cara a los padres de familia. Sería recomendable que la Secretaría de Educación contratara, temporalmente y con presupuesto especial, a los docentes en servicio para que atiendan, en sus tiempos libres, a estos alumnos; y en caso de que no hubiera interesados; hay cientos de maestros que han terminado sus estudios y que no tienen trabajo; éstos aceptarían, con agrado, atender a estos alumnos en cuestión. Se formarían equipos de docentes, a los que se les asignaría determinado número de estudiantes, horarios flexibles y propósitos bien definidos sobre la calidad educativa, la cual se constataría mediante evaluaciones. Pero, ¿tendrán interés las autoridades?