Luis Muñoz Fernández

Cuando hace diez años cursaba un máster sobre las bases moleculares del cáncer, tomaba las clases en las aulas de Unidad de Congresos del Centro Médico Nacional Siglo XXI del IMSS. No era la primera vez que hacía uso de aquellas magníficas instalaciones, pues es un lugar muy solicitado para celebrar exposiciones, cursos, congresos y conferencias.

Ya entonces me asombraba la visión a futuro de sus diseñadores y constructores, que inauguraron aquel complejo hospitalario y académico en 1961, cuando yo nací. A pesar del tiempo transcurrido, sus espacios son tan amplios, luminosos y bien trazados que se han adaptado sin problemas a las innovaciones técnicas y las necesidades propias de la enseñanza actual.

Otro ejemplo de planeación visionaria lo constituye el Instituto Rockefeller para la Investigación Médica –hoy Universidad Rockefeller– construido en Nueva York entre 1906 y 1938, tal como lo relata René J. Dubos en “The Professor, the Institute and DNA”:

“La mayoría de los institutos de investigación médica que se construyeron en los albores del siglo XX se han mantenido igual y algunos pocos han desaparecido. A diferencia de lo anterior, el Instituto Rockefeller ha ampliado continuamente el alcance de sus investigaciones, sufriendo profundos cambios en su estructura física y administrativa […] La causa de este vigor y capacidad de renovación constante se encuentra indudablemente en las políticas diseñadas desde un principio. Fueron tan amplias que le permitieron evolucionar rápidamente para adaptarse a las nuevas tendencias científicas y demandas sociales”.

Lo anterior, toda proporción guardada, me lleva a pensar en el proyecto del Nuevo Hospital Hidalgo.Concebido más allá de las necesidades del momento como un hospital público de largo aliento, se inspiró en modelos nacionales e internacionales de probada solvencia, con instalaciones para la enseñanza de la medicina y la investigación biomédica que todavía hoy están por terminar.

Resulta cada vez más claro que su desarrollo pleno dependerá de que se convierta en una entidad independiente con autonomía de gestión. Solamente con altura de miras y amplitud de metas, es decir, con sólidas bases científicas y una generosidad más allá del mero cálculo político que hoy encorseta (ciñe, limita, ajusta, comprime, oprime, reduce) sus alcances, el Nuevo Hospital Hidalgo podrá consolidarse como la institución que habrá de guiar con firmeza la superación material y espiritual de la medicina aguascalentense. Tal vez no suceda, pero a eso está llamado.

 

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