Ricardo Israel Sánchez Becerra
Agencia Reforma

Cd. de México, México.-Científicos de la Facultad de Ciencias de la UNAM están desarrollando un biosensor que sirva como prueba de detección rápida, masiva y barata del Covid-19.

La iniciativa parte del trabajo que investigadores del Laboratorio Nacional de Soluciones Biomiméticas para Diagnóstico y Terapia (Lansbiodyt) han realizado durante más de cuatro años para crear un sensor versátil de biomoléculas que detecte diversos anticuerpos y moléculas como glucosa e insulina -para diagnosticar diabetes-, colesterol, triglicéridos, entre otros, detalló la Facultad en una nota informativa.

La versatilidad del sensor ha permitido, ante la actual contingencia sanitaria, enfocarlo a la detección del SARS-CoV-2 de manera barata, rápida y segura, sin necesidad de utilizar los instrumentos y elevados costos que implican otras pruebas como el PCR (pruebas de reacción en cadena de la transcriptasa inversa-polimerasa).

“Implementamos la técnica para detectar en RNA (ácido ribonucleico), lo cual nos permitiría tener una gran especificidad en lo que estamos detectando, pero el desarrollo del sensor permite que sea masivo. Entonces, la idea es combinar dos necesidades: especificidad y masividad, para poder salir adelante en el diagnóstico”, explicó Tatiana Fiordelisio, una de las líderes del proyecto.

Mientras las pruebas rápidas detectan la cantidad de anticuerpos, es decir, diagnostican en etapas más avanzadas una infección cuando el paciente ya desarrolló anticuerpos -pero no detectan al virus ni al material genético-, con el método del biosensor se hace una detección específica del virus, con una carga viral menor, lo que se traduce en un diagnóstico temprano y oportuno.

“Nosotros lo que hicimos es tratar de combinar la especificidad que te da un PCR, pero que no tiene ese potencial de masividad de una prueba serológica, combinarla en un sensor que nos permitiera tener especificidad porque lo que detecta es el material genético viral, detecta al virus, pero en ciertas condiciones experimentales que pueden ser masivas”, añadió Fiordelisio.

“Un sensor que tenga la especificidad, pero que sea de fácil uso, fácil acceso, barato, que se pueda llevar a todos lados, a lugares donde no haya hospitales ni laboratorios clínicos”.

En este momento el proyecto está en fase de validación ante el Instituto de Diagnóstico y Referencia Epidemiológicos (Indre) y en pruebas de distintos tipos de lectores para determinar cuánta carga viral se podrá detectar. Se calcula que su costo oscilará alrededor de los 300 pesos por prueba, a diferencia de los mil 500 a dos mil pesos a que ascienden otras pruebas de diagnóstico.

El objetivo es que en las próximas semanas los hospitales y laboratorios del País puedan implementar este biosensor para hacer pruebas de detección -hasta 43 pruebas por placa y con un tiempo máximo de una hora y media-, sin necesidad de tener lectores, infraestructura ni máquinas sofisticadas.

“No se van a usar kits de insumos ni reactivos que se necesitan para PCR y que ya no hay a nivel mundial porque ya somos de los últimos países y eso perjudica mucho el número de pruebas que se van a poder hacer aquí porque no hay disponibilidad, además de que el costo de esos kits es elevado”, afirmó Mathieu Hautefeuille, también líder del proyecto.

La muestra del paciente se tomaría de la nariz o de la boca y se colocaría en una solución de trisol -que es una solución comercial compuesta por cloroformo y otros solventes-. En ese momento el virus quedaría inactivado, lo que significaría una gran ventaja porque la muestra puede ser transportada a cualquier otra parte sin que haya un peligro de contagio.
Dejan todo para atender la pandemia
El equipo de estudiantes y profesores del Lansbiodyt trabaja desde marzo en este esfuerzo a contratiempo. La mayoría dejó sus trabajos en pausa para entregarse de lleno a dar soluciones a la emergencia sanitaria, aseguró la Facultad de Ciencias de la UNAM..

“Reunimos a todo el laboratorio y todos quisieron entrar; son 28 personas de todos niveles: estudiantes, posdoc e investigadores, además de los colaboradores de otros institutos, institutos nacionales, de hospitales, que nos apoyan a revisar; hay mucha gente atrás de esto.

“Son 28 personas que están desde las 6:30 de la mañana hasta las 3:00 de la mañana del día siguiente todos los días”, afrmó Mathieu Hautefeuille.

“Son estudiantes y académicos sin paga, con el único propósito de que su trabajo como científicos sirva y que pueda aportar algo al País”.

Para la doctora Fiordelisio estas emergencias demuestran la capacidad de los científicos mexicanos, y que no tienen por qué ir a buscar oportunidades a otros países.

“(Todo) lo tenemos aquí, solo que hay que desarrollarlo bien, con los recursos que se requieren, con la parte de calidad, pero sí lo tenemos. Y no solo a nivel investigadores y profesores, nosotros nos hemos quedado impactados de la capacidad de nuestros estudiantes, es increíble la capacidad de los recursos humanos que estamos formando”, estimó.

“Sería un orgullo tremendo ver que este país pudiera aprovecharse de la tecnología hecha aquí”, concluyó Hautefeuille.