Staff
Agencia Reforma

CIUDAD DEL VATICANO, Roma.-El Papa Francisco marcó ayer el futuro de la Iglesia católica con la investidura de 20 nuevos Cardenales con la mirada puesta en su sucesión.
El Pontífice, de 85 años, y que lidia con achaques de la edad y no descarta renunciar por razones de salud, presidió una ceremonia conocida como consistorio público, en donde los nuevos Cardenales se arrodillaron ante el argentino para recibir la birreta roja cardenalicia así como el anillo y el título.
Los investidos en su mayoría están de acuerdo con su visión de una Iglesia más progresista e inclusiva, y 16 de ellos tienen derecho a votar en el cónclave, en el que se vota por un nuevo jefe de los católicos.
Sentado ante el altar mayor de la basílica de San Pedro, Francisco les pidió que se acordaran de las familias pobres, de los migrantes y de las personas sin hogar, y que muestren preocupación por la gente común a pesar de su alto rango, que les pondrá en contacto con los poderosos de la Tierra.
«Un Cardenal ama a la Iglesia, siempre con ese mismo fuego espiritual, ya sea tratando las grandes cuestiones o manejando los problemas cotidianos, con los poderosos de este mundo o con aquellas personas ordinarias que son grandes a los ojos de Dios», aseveró.
La reunión ha desatado todo tipo de especulaciones, en particular sobre el estado de salud del Papa, quien fue operado del colon en 2021 y sufre de dolores en la rodilla derecha, que le obligan a desplazarse en silla de ruedas.
El mes pasado, tras una gira por Canadá, el Pontífice admitió por primera vez en público la posibilidad de retirarse del cargo.
La ceremonia de ayer se trató de una ocasión particular, oficialmente dedicada a la reforma de la Constitución pontificia, aprobada en marzo y en vigor desde el 5 de junio, pero que para muchos resulta una suerte de precónclave, para que los Cardenales hagan un balance de la situación de la Iglesia y se conozcan entre sí.
De los sacerdotes nombrados en la ceremonia en la Basílica de San Pedro, 16 tienen menos de 80 años y, por lo tanto, son elegibles para participar en el cónclave: la asamblea de Cardenales que depositan sus boletas para elegir un nuevo Papa.
Es la octava vez que Francisco designa a nuevos Cardenales, que servirán como sus principales asesores y administradores en el Vaticano y en todo el mundo.
El argentino ha elegido ya a 83 de los 132 Cardenales electores, es decir, cerca del 63 por ciento, una cifra determinante en caso de elección del Papa, ya que justamente se requiere la mayoría de dos tercios para que salga humo blanco del Vaticano durante un cónclave, lo que indica que se ha votado a un nuevo jefe de los católicos.
Fiel a su línea a favor de una Iglesia menos europea, cercana a los olvidados, el Papa elevó de rango a dos Arzobispos africanos y cinco asiáticos, incluidos dos indios, confirmando el auge de ese continente.
Destacaron también los nombramientos de tres latinoamericanos: el Arzobispo de Brasilia, Paulo Cesar Costa; el de Manaus, Leonardo Ulrich, el primer Cardenal de la región amazónica brasileña; y el de Asunción, Adalberto Martínez Flores, quien se convertirá en el primer Cardenal de Paraguay.
Otro nombramiento emblemático es el del estadounidense Robert McElroy, Obispo de San Diego, en California, considerado un progresista por sus posiciones sobre los católicos homosexuales y el derecho al aborto.
El misionero italiano Giorgio Marengo, quien trabaja en Mongolia, es el Cardenal más joven del mundo, con 48 años.
«Con sencillez y humildad vine a escuchar a gente con mucha más experiencia que yo», confesó Marengo.
El nuevo Cardenal externó que su designación es una señal de atención a aquellas realidades que generalmente se consideran minoritarias porque la marginalidad está en el corazón del Santo Padre.
Con la investidura de los nuevos purpurados, el primer Papa latinoamericano de la historia propone como modelo para el trono de Pedro a religiosos sensibles a los problemas sociales, que provienen de tierras lejanas, donde la Iglesia es minoritaria o está en crecimiento.