Algo de los procesos de urbanización

Por J. Jesús López García

Según la Organización de las Naciones Unidas, actualmente el 55% de las personas en el mundo vive en ciudades. El Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de esta misma institución estima que para el año 2050 el 68% de la población estará establecido en zonas urbanas, un episodio inédito en la existencia humana y por añadidura del planeta también. Este fenómeno parece escapársenos de nuestra conciencia pues siendo tan común no lo consideramos como lo que es, un suceso excepcional, a pesar de ello parece ser la nueva realidad del hábitat humano, siendo nuestra especie endémica en prácticamente casi todos los ecosistemas de la Tierra.

Este hecho tiene su origen en los procesos de industrialización detonados desde el siglo XVIII, acelerándose cada vez más en los siglos XIX y XX y que ahora parecen tener su culminación. Lo que vendrá es difícil de prever aún cuando ciertos patrones tienen ya perfiles más o menos definidos, basta recordar que hace un siglo con la aceleración precisamente del éxodo del campo a las ciudades y de los viajes transatlánticos, la Primera Guerra Mundial de por medio, se experimentó la inicial pandemia de los tiempos contemporáneos, la de la llamada Gripe Española, por ello es interesante comprender los procesos del paso de la humanidad en sus formas de habitar el mundo, pues parecen repetirse pautas de efectos similares.

Las ciudades pues, son las formas que hoy por hoy son favorecidas por el hábitat de los seres humanos, en ellas se concentra la riqueza, la pobreza, los medios de producción, los medios culturales y los mecanismos políticos. Siempre fue así, pero hoy a escalas gigantes.

En el caso de la ciudad de Aguascalientes, que alcanzó ese estatus hasta mediados del siglo XIX, su expansión territorial y demográfica se agudizó precisamente al cambiar su modo productivo principal de lo agropecuario a lo industrial al quedar inserto en la ruta económica de América del Norte, patentizándose ello con la instalación de los talleres ferrocarrileros y la industria siderúrgica a fines del siglo XIX. El Aguascalientes de las huertas empezó a parcelarse, más para abrir el paso a casas y edificios, y a la par a más infraestructura urbana.

La estructura tradicional de barrios se complementó con una más moderna de colonias habitacionales, algunas residenciales, otras más dedicadas a los obreros y posteriormente, a mediados del siglo XX a la estructura habitacional de los fraccionamientos. Cambió la dimensión de los solares, el alineamiento y dimensión de las calles con vistas a permitir la introducción sencilla de servicios e infraestructura públicos; se modificó también la manera de transitar de una zona a otra y de hecho ese concepto de “zona” fue también una novedad dentro de la estructura urbana.

La capital aguascalentense actual tiene más una fisonomía del siglo XX que de los 300 años anteriores y es que la profusión de la construcción en nuestra urbe se debe más a ese siglo que a cualquiera de sus antecesores. Nos es tan común ver edificios “recientes” a los pocos verdaderamente antiguos que a veces no reconocemos las características que diferencian a unos de los otros, incluso tomamos por antiguo lo que en realidad pertenece más a una idiosincracia moderna, tal es el caso de la casa que se encuentra ubicada en la calle Álvaro Obregón No. 517, zona de la ciudad que se desarrolló a partir de la expansión urbana traída consigo por la actividad de los talleres del ferrocarril. Es una finca con un discreto porche a la entrada de influencia estadounidense y una terraza superior inédita en la casa tradicional local. Construida con ladrillo y losas con base en bóvedas catalanas, todo unido y aplanado con mortero de cemento, sustituyendo con ello a la fábrica tradicional de adobe y mortero de cal y arena. La zona misma en que se encuentra el inmueble era de los sectores nuevos de la ciudad hasta hace alrededor de 70 años, pero Aguascalientes que vivió otro momento de aceleración económica y urbana en los años 80, va remontando esos episodios de su historia a pasos igualmente acelerados.

Vamos dejando atrás ese pasado semirural del Aguascalientes tradicional. De hecho la gran masa de la población local es ajena a ese ayer, siendo los jóvenes el grupo de la misma edad de mayores dimensiones. Sin embargo, no solamente éstos carecen de una inquietud de ver su ciudad desde la curiosidad del explorador que en cada objeto construido puede apreciar las huellas del tiempo, y con eso apreciar más el medio donde se vive, se trabaja o donde se transita, pues el crecimiento de la urbe no parece detenerse al menos próximamente y las huellas de nuestra historia se desvanecen.

Pareciera ser este momento de pandemia el ideal para percibir los edificios que nos son propios,sólo basta deambular por las calles particularmente del primer anillo hacia el interior, para darnos cuenta que contamos con inmuebles de magnifica fábrica y mejor diseño. Indudablemente encontrarán un sinfín de sorpresas arquitectónicas. La invitación está hecha.