Paloma Villanueva
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO 12-Dic.- Los bebés mexicanos consumen bebidas azucaradas y alimentos dulces desde los 6 meses de vida, pero no comen suficientes alimentos con hierro, lo que se traduce en un alto riesgo de obesidad y anemia, advirtió Salvador Villalpando, jefe del Departamento de Gastroenterología y Nutrición del Hospital Infantil de México.
El especialista indicó que las bebidas azucaradas son comunes en la dieta de los bebés, pues 34 por ciento de los niños de 6 a 11 meses las consumen, al igual que 78 por ciento de los de 3 a 4 años.
También forman parte de la dieta los alimentos dulces, como pasteles, galletas, pan y postres, que son consumidos por 43 por ciento de los niños de 6 a 8 meses, así como por 86 por ciento de los de 2 a 3 años, señaló el gastroenterólogo pediatra.
En contraste, dijo, apenas 20 por ciento de los niños de 6 meses a 4 años consume vegetales y 50 por ciento come fruta.
Villalpando destacó que la mala nutrición de los niños se refleja en dos problemas que parecen opuestos: la obesidad y la anemia.
«En los niños de 5 a 11 años, de 28 por ciento de sobrepeso y obesidad en los años 90, pasamos a 37 por ciento en la Ensanut 2012 (Encuesta Nacional de Salud y Nutrición); por otro lado, 38 por ciento de niños mexicanos de entre 12 y 23 meses de edad tienen anemia por deficiencia de hierro, y esto es un problema muy grande que afecta el neurodesarrollo de los pacientes», apuntó.
Ante esa problemática, el Hospital Infantil de México, en colaboración con otras instituciones, desarrolló el «Consenso para las prácticas de alimentación complementaria en lactantes sanos», para orientar a los profesionales de la salud y los padres sobre la alimentación correcta de los bebés.
En la guía se destaca que los bebés no deben consumir refresco, pero tampoco otras bebidas como atoles, licuados y tés endulzados porque son ricos en azúcares y no aportan nutrientes; además, se exhorta a ofrecer en la dieta complementaria, a partir de los 6 meses, alimentos anteriormente «satanizados», como carne de cerdo, huevo y frijoles, que son buena fuente de hierro.
«Las prácticas están siendo guiadas por formas culturales, por ambientes que llamamos obesogénicos, el bombardeo mercadológico de estos sustitutos inadecuados, y nosotros hacemos un posicionamiento claro en relación a reducir (de manera) importante el consumo, para evitar las azúcares añadidas en la dieta de los niños e incluir una buena cantidad de hierro», exhortó Villalpando.
La Clínica de Obesidad del Hospital Infantil de México atiende cada año 400 nuevos casos de obesidad infantil en menores desde 18 meses de vida hasta 16 años.

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