Natalia Vitela
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-A un año de la llegada de la epidemia de Covid-19 a México, el manejo de la emergencia sanitaria en el País se ha caracterizado por una serie de contradicciones; malos ejemplos; desconfianzas y arrogancia que han costado muchas vidas, advirtieron expertos.

“En la memoria colectiva permanecerá un triste recuerdo de la falta de preparación e improvisación”, lamentó Enrique Ruelas, director del Instituto Internacional de Futuros de la Salud.

Aseguró que esto ha acarreado mucho sufrimiento y un gran sacrificio del personal de salud, el cual merece todo el reconocimiento.

“No es posible creer que unas cuantas personas, que no son expertos en todo lo que debe hacerse, puedan tomar bien todas las decisiones cuando se requiere una amplia participación para enfrentar una crisis de esta magnitud como sociedad unida, y no dividida”, aseguró.

Por su parte, Gustavo Oláiz, coordinador del Centro de Investigación en Políticas, Población y Salud de la UNAM, aseguró que el SARS-CoV-2 demostró que la mayor parte de los países, incluido México, está mal preparado para una epidemia de estas proporciones.

“La población está cansada del aislamiento, del uso del equipo de protección personal y la distancia. Pero sobre todo de la incertidumbre y el miedo a la enfermedad que se ha ensañado en nuestra población con niveles de defunciones nunca esperados.

“Familias decimadas y la pérdida de nuestros ancianos no sólo cambia la demografía de México, sino borra una buena parte de nuestra experiencia e historia”.

Advirtió que creer que se ha superado la epidemia de Covid-19 sería un error.

“Aún estamos lejos de dominarla y se aproximan días donde debemos redoblar esfuerzos por mantener la disciplina, la Semana Mayor será probablemente la última etapa de recrudecimiento de la epidemia.

“Es difícil que el virus desaparezca, por lo que deberemos esperar una forma cíclica y endémica del virus que permanecerá con nosotros. La salud mental será otro frente de lucha a largo plazo”.

Precisó que el coronavirus, como todos los virus tiende a modificarse, a mutar con cada sujeto al que infecta.

“Esto ha ocurrido centenares de veces con el SARS-CoV-2, sin embargo y de manera fortuita en tres continentes diferentes se han encontrado, casi simultáneamente, cambios en la proteína de la espiga que lo hacen más infeccioso y en algunos casos más resistente a nuestros anticuerpos. Este es el mayor reto para el futuro, ajustar para nuevas variedades y nuevos retos del virus”.

Señaló que en un año se ha experimentado con cientos de alternativas terapéuticas, y es claro que mantener al paciente oxigenado adecuadamente, usando esteroides de manera limitada, anticoagulantes y suplementación con algunas vitaminas son suficientes para la mayoría de los casos.

“Algunos otros medicamentos antivirales más específicos están en vía de prueba y representan la mayor necesidad de avances en el corto plazo.

“Finalmente el desarrollo de vacunas a una velocidad inesperada, con un alto nivel de seguridad y sobre todo eficaces representan el mayor logro en esta pandemia. El siguiente paso es tener sistemas de producción a niveles del reto de vacunar a todas las personas y hacerlo de manera segura y rápida”.

Para Malaquías López Cervantes, experto en Salud Pública de la UNAM y miembro de la Comisión para la Atención de la Emergencia en la UNAM, las principales fallas en el manejo de la pandemia han sido la falta de diagnóstico, es decir, la falta de pruebas, y en consecuencia, la imposibilidad de cortar las cadenas de contagio y para identificar y aislar contagiados.

Consideró que el reto continúa siendo impedir los contagios, especialmente mediante la utilización del cubrebocas y la limitación de movimientos, por ejemplo “toques de queda”.

“Pero ahora el principal reto es llevar a cabo una vacunación rápida y con una cobertura que va de la focalización a la generalización. Es correcto comenzar por grupos de edad, pero hay que preparar bien a los responsables de vacunar y a las poblaciones que deben vacunarse. El caso reciente de Ecatepec es muy preocupante y el de Iztacalco muy alentador, pero parece más probable que se encuentren y se repitan los difíciles, como Ecatepec o inclusive peores”, dijo.

Indicó que se deben hacer evaluaciones a fondo de los preparativos, en términos operativos. “No estoy seguro de que estén funcionando las “brigadas” que se diseñaron al principio con un propósito más político-electoral y creo que los estados y municipios deben tomar mayores responsabilidades.

“Creo que se puede ir el año y que no se logre una cobertura ideal, pero si deben bajar muy importantemente la mortalidad y desde luego la incidencia combinando la vacunación (inmunidad creciente) y la estacionalidad que posiblemente ahora si se esté expresando a nivel internacional”.

Jesús Felipe González Roldán, presidente de la Sociedad Mexicana de Salud Pública, indicó que el manejo de la pandemia muestra un desarrollo dispar y heterogéneo en cada entidad federativa, y si bien México es de los países con menos pruebas realizadas por cada caso positivo, apenas dos, hay entidades que realizan tres o cuatro veces más que la media nacional.

Dijo que México enfrenta actualmente el reto más importante en Salud Pública en por lo menos los últimos 100 años, que es el llevar a cabo un proceso ejemplar de vacunación anti-Covid.

“(Se requiere) vacunar en el menor plazo posible al mayor número de mexicanos con su esquema completo. Para ello es necesario generar un gran consenso nacional, bajo la rectoría federal, en donde haya consensos entre el Gobierno federal, los Gobiernos estatales, la iniciativa privada y la sociedad civil; en donde se deje de lado cualquier intento de politizar o ideologizar el proceso de vacunación entendiendo que en este proceso no podemos fallar y es importante no partir de cero y recuperar la experiencia que el Sistema Nacional de Salud tiene en casi 40 años de programas de vacunación.

Indicó que además es crucial que instancias establecidas en la legislación para tal fin se pronuncien y participen de manera relevante, como el Consejo de Salubridad General y el Consejo Nacional de Vacunación, así como los Consejos Estatales de Vacunación.