Rossana Reguillo
Agencia Reforma

CIUDAD DE MÉXICO.-Este texto no se trata de mi, aunque “mi” sea el pronombre posesivo en primera persona que usan las mujeres periodistas y escritoras que han decidido contar sus historias de acoso y violencia de género.
Esta es la dinámica cotidiana que experimentamos muchas mujeres, jóvenes y viejas, escritoras u opinadoras, artistas o académicas, capitalinas o habitantes en ciudades y municipios donde la violencia es la lengua franca que define el día a día y que participamos en el espacio público con voz propia.
Alma Delia Murillo, Peniley Ramírez, Maité Azuela, Pamela Cerdeira y Denise Dresser escribieron en las semanas recientes artículos que vuelven visible la violencia digital por razones de género, violencias que han saltado a la calle, a la casa en forma de correo, al celular y, evidencian lo mucho que tienen que mejorar las plataformas como Twitter (…).
A las mujeres en el espacio público no las atacan por ser mujeres solamente, sino por su palabra crítica, su voz, que se asume no es propia de las mujeres; el ataque de género recurre a las menciones al cuerpo, a los insultos sexuales, a la ofensa que denigra.
Elevar el debate, visibilizar estas prácticas, denunciar, utilizar los recursos legales, pero sobre todo, no callar. Qué pasaría si lograran rompernos, cómo sería un espacio público sin mujeres.