Jesús Eduardo Martín Jáuregui

Un paso más hacia la autocracia. Actualizando la divisa “divide et impera”, controlando la fuerza pública y queriendo controlar la economía, anulado el Congreso y cooptada la Suprema Corte…

…el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador envía a la Cámara de Diputados Federal la Iniciativa de Proyecto de Decreto por el que se adicionan diversas disposiciones de la Ley Federal de Presupuestos y Responsabilidad Hacendaria” para que sea turnada y votada, propone que durante el ejercicio fiscal en el que se presenten emergencias económicas, los recursos del Presupuesto de Egresos puedan ser reasignados por la Secretaría de Hacienda y Crédito Público con el objetivo de “mantener la ejecución de proyectos y acciones prioritarios de la Administración Pública Federal  y fomentar la actividad económica del país, atender emergencias de salud y programas de beneficio de la sociedad”.

Hablando en román paladino, en buena castilla, o a calzón quitado, es darle al Presidente la facultad absoluta de modificar de acuerdo con su voluntad y, en el caso, con su capricho, el presupuesto de egresos aprobado por el órgano soberano que es la Cámara de Diputados, (porque es una facultad exclusiva de la llamada cámara baja). El ejecutivo modificaría a su arbitrio lo que normalmente significa un trabajo de muchos meses, de muchas dependencias, de muchas horas hombre, de muchas negociaciones, de muchos análisis, en fin un trabajo exhaustivo de carácter técnico, que luego tiene que pasar, (el costo de la democracia), por el tamiz político hasta llegar al consenso. En el presupuesto se refleja la vida del país y se refleja también el proyecto de país, no el del presidente, no el de los diputados, no el de los partidos políticos, sino el de los factores económicos, políticos y sociales, que son actores si no protagonistas, muchas veces antagonistas del gobierno, hasta definir el documento técnico y político que es el presupuesto. Todo ese trabajo con lo que implica, estudio, análisis, discusión, ajustes, negociaciones, democracia en fin, se echará por la borda con el voto muy factible de los diputados del Congreso de la Unión en su mayoría serviles (ser viles) al Presidente. Los diputados federales serán culpables y serán responsables de acercar un paso más a la dictadura, al gobierno de la 4T: traición a la democracia, traición al estado de derecho, traición a la verdad, traición a la república federal.

Los signos ominosos se ciernen de manera clara sobre la vida pública del país.

Quizás la muestra más reciente en su chou mañanero, la dio el Presidente con su exabrupto, al caer en la cuenta de que no toda la actividad económica, no toda la actividad financiera, ni toda la actividad bancaria, están bajo su control. Su comportamiento recuerda mucho a su modelo populista Luis Echeverría, sólo que aquel, mucho más inteligente, no dejaba traslucir sus pasiones, tenía más autocontrol, mas capacidad de trabajo, mas visión de estado y mayor proyección internacional, ¡Ah! Y era probo y austero de verdad. Por cierto, es curioso, a Felipe Calderón se le tilda de borracho y en las redes sociales no he visto grabaciones de él en estado de ebriedad, en cambio de AMLO.

Echeverría, más de alguno debe recordarlo, señaló que la política económica se manejaba desde Los Pinos, lo hizo y así nos fue. AMLO seguidor fiel de aquel modelo populista seguramente quiere que la política económica se maneje desde su casa de Tlalpan, porque se dice que ya desocupó las habitaciones del Palacio Nacional, ¡tanto pa’ nada!.

La democracia se caracteriza no sólo por la existencia de mecanismos de participación sino sobre todo, por la existencia de mecanismos de control. Nadie en su sano juicio podría cuestionar que la llegada a la presidencia de AMLO haya sido democrática, pero nadie en su sano juicio podría afirmar que su gobierno haya sido un modelo democrático y republicano, y nadie en su sano juicio haría un gobierno tan contradictorio, tan riesgoso para la unidad nacional, tan peligroso para la estabilidad política y económica como el que está desarrollando el Presidente.

Las contradicciones saltan a la vista todos los días. No obstante la gravedad de la pandemia del COVID19, el Presidente no ha querido asumir la responsabilidad de dictar las medidas necesarias, coercibles si fuera el caso, en los términos que señala la Constitución y ha dejado que un ambiguo Consejo de Salubridad General, delegue medidas a la Secretaría de Salud. El Consejo, basta con leer la Constitución y la Ley de Salud, reglamentaria de las disposiciones constitucionales para constatarlo, no tiene facultades. Repite un día sí y otro también que no hay estado de excepción y en su presencia, que avala, se dictan medidas, se formulan amenazas, se difama a personas y entidades, se viola la privacidad de la ciudadanía apoyándose en el espionaje a sus teléfonos para detectar su movilidad, se tolera las barrabasadas de gobernadores y presidentes municipales con penas trascendentes, golpes, maltratos, toques de queda, etc., sin que la autoridad federal marque un límite, ¿por qué? porque el desorden favorece los propósitos de AMLO.

Amparado con la cortina de humo del “anillo al dedo” de la pandemia, envía una iniciativa que de ser aprobada, le dará facultades sin más requisitos que, la  declaración del ejecutivo de la existencia de una emergencia económica (así, nada más) para manejar a su antojo el presupuesto. Vale la pena meditar en que esas facultades implican la desaparición, si bien temporal de las funciones de la Cámara de Diputados, por lo que atañe al presupuesto, y del Poder Legislativo por lo que atañe a la suspensión de los Derechos Fundamentales.

En circunstancias normales sería grave dar facultades de ese tamaño al Presidente de la República, en las actuales, sería un suicidio. El gobierno de AMLO ha demostrado su incapacidad para manejar la economía, sus propuestas de carta a los Reyes Magos, su enfrentamiento torpe con los auténticos creadores de riqueza: los trabajadores emprendedores, su desconocimiento de los factores económicos internacionales y de la cuestión mundial de los energéticos evidenciada con la ridícula y fatal intervención en la OPEP, su incondicional sujeción a un desquiciado como el presidente Trump, y los arrebatos que, cada vez más a menudo, muestran su pérdida de autocontrol, hacen patente que no es el momento para entregar a un solo hombre la soberanía económica.

¡Ciudadanos diputados! ¡Será su culpa y su responsabilidad!

 

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