Saúl Alejandro Flores

Continuamos, estimados lectores, con la temática correspondiente al Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, por supuesto en lo que incide en el sector agua, como lo he venido haciendo desde las dos entregas anteriores, haré una transcripción del apartado relativo al tema con su respectiva página en el PND y al final realizaré su comentario, pasemos entonces a la exposición:
“De acuerdo con la Conagua, el balance hídrico de México ya es negativo. La brecha entre demanda y oferta es de 11.5 millones de metros cúbicos de agua en 2010, de continuar con la tendencia actual, se elevará a 23 millones de metros cúbicos en 2030” (Pág. 179). Este señalamiento viene siendo parte de planes de desarrollo anteriores, con lo que sobra decir que se manifiesta el desacierto o falta de atención por parte de todos los actores públicos, privados y sociales que inciden en el sector agua, demostrando que no se ha podido trascender de la postura de la denuncia, algunas acciones aisladas, trabajo de escritorio por especialistas pero se ha adolecido del cumplimiento y compromiso de todos los actores y este es el resultado hasta ahora, pero que parece o se amenaza en no poder avanzar, en quedarse estancado, pues este plan no hace mención a la postura de considerar una estructura institucional del agua de carácter transversal que pueda atender todas las facetas que revisa la problemática, en otras palabras nos encontramos en una orfandad institucional hídrica,
Pasemos a los siguientes párrafos: “Tanto el bienestar de las personas como la economía nacional se encuentran estrechamente vinculados al aprovechamiento del agua (Pag. 179). En este sentido se ha planteado como objetivo garantizar el acceso al agua potable de calidad para todo el país, en cantidad suficiente, dando prioridad a las personas y regiones más marginadas, siempre con un enfoque de sostenibilidad para proteger este valioso recurso”. “Para alcanzar el objetivo planteado, las estrategias que se implementarán consideran la inversión en infraestructura para ampliar la cobertura de agua potable y de saneamiento, prioritariamente en zonas marginadas, asegurando la integridad de los ecosistemas acuáticos que son los reservorios básicos de agua. No obstante, el impacto de la inversión en infraestructura se veía reducido de no transitar a patrones de consumo más responsables, por ello, se han considerado también estrategias orientadas a fortalecer la investigación, el marco normativo y a sensibilizar a la ciudadanía y a los sectores consumidores del líquido sobre el uso más eficiente de los recursos hídricos, con énfasis en un modelo de vigilancia participativo”.
La manera en cómo se medirán o establecerán los indicadores es la siguiente: “Para dar seguimiento y medir el avance en el logro del objetivo planteado se proponen los siguientes indicadores: Indicador 2.6.1 Población que tiene acceso diario al agua, así como al saneamiento básico. Así como el siguiente Indicador 2.6.2. Estrés hídrico”.
“Para alcanzar el objetivo se proponen las siguientes estrategias: Pág. 180”.
“2.6.1. Promover la inversión en infraestructura sostenible y resiliente para satisfacer la demanda de agua potable y saneamiento, para consumo personal y doméstico, priorizando a los grupos históricamentediscriminados”.
“2.6.2. Fomentar la investigación y el uso eficiente y sustentable del agua para consumo humano, así como en la producción de bienes y servicios”.
“2.6.3. Fomentar la supervisión ambiental: eficaz, evidente, trasparente y participativa para la prevención y control de la contaminación del agua”.
“2.6.4. Focalizar acciones para garantizar el acceso a agua potable en calidad y cantidad a comunidades periurbanas, rurales e indígenas”.
“2.6.5. Mejorar la infraestructura hidráulica, incluyendo el tratamiento y reutilización de aguas residuales y la calidad de los servicios de saneamiento”.
“2.6.6. Mantener y restablecer, bajo un enfoque de cuenca, la integridad de los ecosistemas relacionados con el agua, en particular los humedales, los ríos, los lagos y los acuíferos”.
Dentro de lo sensato que pudiéramos decir, encontramos que los indicadores y metas son aceptables y están muy lejos de lo que dice el texto “panfletario” que precede al instrumento, de ahí lo contradictorio, que deseamos esté alejado de ser el referente de interpretación de la planeación, por el bien del país y del sector agua.
Les recuerdo que en las pasadas entregas, les dije que esta parte sensata del Plan Nacional de Desarrollo alejada de esa inútil y extensa parafernalia que se asume de izquierda y que no es más una obsoleta distorsión de una forma de concebir la ideología forjada en la ausencia de una verdadera formación académica, dicho en otras palabras, “alumnos que duran décadas en la institución y ni se titulan, es decir fósiles”. Pero bueno dejemos a un lado a esa clase política a quien le causa salpullido estudiar. Advertí que el rubro de agua se encuentra corto de conformidad a los retos actuales y parto de los dos principales, el cambio climático y la visión antropocéntrica de la forma de generar energía y consumir el agua, cuyos resultados se convierten en contaminación, deterioro y abatimiento del agua superficial y subterránea, y la otra la ausencia de plantear el cómo formar una nueva administración y gestión de recurso agua. Con lo anterior, queda en claro que esta administración federal está perdida en encontrar el significado de lo que dice y concretizar lo que es necesario. En entregas próximas les compartiré esta reflexión que esperamos que algún aspecto sea considerado en el Plan Nacional Hídrico, recuerden que estas acciones deben ser tendientes a que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

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