Saúl Alejandro Flores

Continuamos amables lectores con la temática del Plan Nacional de Desarrollo 2019-2024, la semana anterior comenté algunas de las imprecisiones, dado que es una transcripción de lo que comprende dicho instrumento de planeación, en esta ocasión también recurriré a ella con breves comentarios, al final de estas entregas respecto al PND les presentaré unas conclusiones respecto a este tema, sin más preámbulo pasemos a la cita de dicho documento normativo de planeación.
En sus páginas 155 a 156 aparece el “Objetivo 2.1 Brindar atención prioritaria a grupos históricamente discriminados mediante acciones que permitan reducir las brechas de desigualdad sociales y territoriales”.
A pesar de que estos derechos están consagrados en la Constitución, el Estado no ha logrado garantizar el ejercicio pleno. Una elevada proporción de la población en el país carece de acceso efectivo a esos derechos debido, en parte, a que la política social se ha caracterizado por la fragmentación de sus apoyos, su desigual nivel de disponibilidad, la falta de accesibilidad y baja calidad de los programas y acciones que la integran, así como por su carácter asistencialista e incluso por la corrupción que existe en el uso de los recursos públicos (no sólo en la práctica de la corrupción, sino en las decisiones y forma de ver la política y la forma de acceder al poder). Aprovechando las vulnerabilidades del sistema democrático, el menos perfecto pero el menos sangriento, diría Manuel Azaña.
En las páginas 107, 177 a 180 del documento general “Objetivo 2.6 Promover y garantizar el acceso incluyente al agua potable en calidad, cantidad y al saneamiento, priorizando a los grupos históricamente discriminados, procurando la salud de los ecosistemas y cuencas”.
“El artículo 4 de la Constitución establece que el Estado garantizará el derecho que toda persona tiene al acceso, disposición y saneamiento de agua para consumo personal y doméstico en forma suficiente, salubre, aceptable y asequible”.
“En la página 178 tenemos: “La demanda por agua para satisfacer las necesidades agropecuarias, urbanas e industriales tiene el 60% del territorio nacional en condición de estrés hídrico, con extracciones que superan el 40% del agua disponible y con el 16% de los acuíferos del país sobrexplotados. Para 2016, se estimó una disponibilidad media per cápita de 3,690 metros cúbicos a nivel nacional, con marcados contrastes regionales. La región hidrológica del Valle de México sólo alcanza una disponibilidad de apenas 147 metros cúbicos per cápita. Actualmente, México ocupa el lugar 94 entre los países con mayor agua renovable per cápita, considerando el agua factible de explotar sin comprometer o alterar los reservorios naturales”.
“En este marco, cerca de nueve millones de mexicanos, en su mayoría en zonas rurales, no tenían acceso al agua potable y a servicios de saneamiento en 2015. La escasez se agrava debido a que muchos ríos, lagos y presas tienen problemas de contaminación por descargas de aguas residuales sin tratamiento adecuado; la mala calidad del agua afectó alrededor de seis millones de personas en nuestro país en 2017. Asimismo, es importante tomar en cuenta lo que representa para las mujeres de zonas rurales no tener acceso al agua potable, lo que las lleva a invertir tiempo y energía para el acarreo”.
“La cobertura de agua potable y saneamiento en zonas urbanas alcanza 97% mientras que en localidades rurales la cobertura disminuye a niveles de 85 y 74% respectivamente. Asimismo, en 2015 una tercera parte de la población indígena nacional no contaba con acceso a los servicios básicos de agua potable y saneamiento”. “En cuanto al acceso al recurso existen marcadas diferencias regionales, mientras en algunas ciudades se pagan más de 20 pesos por metro cúbico de agua, en otras el precio por consumir la misma cantidad no supera los 5 pesos”. “En este sentido, es fundamental invertir en infraestructura para atender la demanda pendiente, así como satisfacer el incremento derivado del crecimiento poblacional, el cual se estima en más de 15 millones de personas para los siguientes 20 años”.
Pasemos ahora a unos breves comentarios, puede visualizarse a partir de esta sencilla descripción que se desprende del apartado técnico de este plan de desarrollo, la preocupación respecto a la calidad y cantidad de agua en el país, así como la inevitable asociación de que la marginalidad y acceso al agua es más estrecha, la pobreza económica y la pobreza de una cultura ambiental que impactan en el uso responsable de los recursos naturales es una realidad más que palpable, es una realidad que impacta negativamente no sólo en la pobreza, sino en el deterioro que cada vez toma un cariz irreversible que tiene como destino la afectación en el cambio climático. En el último párrafo transcrito, podemos apreciar la cita del incremento poblacional, aspecto que suele pasarse de largo, pero que se convierte en una amenaza, dicho incremento además de que la expectativa de vida crece, demanda más recursos, desde el agua directa, hasta la producción de alimentos que requiere agua. Pudieron ver que la brecha entre disponibilidad y demanda es amplia, y con lo que se cuentan y como se cuenta en materia de agua es insuficiente y demanda infraestructura, por ende inversiones, esa es la razón por la cual no se puede recurrir a la práctica reiterada del “asistencialismo”. La próxima semana continuamos, recuerden que se requieren políticas y acciones tendientes a que en México y Aguascalientes, el agua nos alcance.

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