Itzel Vargas Rodríguez

José Mujica, ahora ex Presidente de Uruguay, se ha convertido en todo un rock star de la política internacional. Comenzó a llamar la atención con un discurso sobre el cuidado de la tierra en la ONU, y se volvió famoso por su forma tan sencilla de vivir. Siendo Presidente se transportaba en un vochito azul, y su casa hasta la fecha, no ostenta muchos lujos.  Se ha convertido en un excelente referente de lo que carece tanto la política y lo que como ciudadanos sentimos es muy necesaria: la austeridad. Entre sus frases ya se ha hecho famosa la de “Hay gente que adora la plata y se mete en la política. SI adora tanto la plata, que se meta en el comercio, en la industria, que haga lo que quiera, no es pecado, pero la política es para servir a la gente”.

Bien dicen que “Al pan, pan, y al vino, vino”, bueno, pues, muy lejos de esta frase se encuentran muchos de los candidatos a los puestos de elección popular y para plurinominales de este año, nombrados por los diversos partidos políticos.

¿Carmen Salinas? ¿Cuauhtémoc Blanco? ¿Payasito Cometín? … ¿Pues de qué se trata?

Creo que la idea de hacer más públicos los puestos populares, de promover las candidaturas ciudadanas y además apoyarlas, de ver por la pluralidad de opiniones, son excelentes conceptos que ideológicamente abonan mucho a la democracia, sin embargo, con mucha pena hay que admitir que personajes como ellos difícilmente abonarán a la democracia.

La política es un circo, se ha visto, entre los protagonistas se meten el pie, se encajan cuchillos por la espalda, se maniobran juegos de estrategia y el que tenga las mejores cartas, es el que gana. Mucha gente hace excelentes jugadas en la política, pero cuando está en puestos clave no hace mucho, o no hace nada de lo que un puesto público podría exigir y que básicamente y aludiendo a Mujica es bastante sencillo: servir al pueblo.

Me llama la atención que claramente los partidos, ahora hagan uso de una estrategia de doble filo para ganar elecciones y obtener adeptos: poner en puestos populares a quienes en su rama son ídolos sociales: una actriz que remonta a aquella señora bonachona de barrio, muy católica, que se preocupa por todos y a todos los apapacha. O por el otro lado, un ídolo del pueblo que se ganó corazones haciendo lo que mejor sabía, jugar fútbol.

Sí, ellos son personas exitosas en su rama, pero eso no garantiza para nada, que vayan a hacer un buen desempeño en la política, mucho menos en la nacional. Diferente sería, si por lo menos en su historial de vida, hubieran mostrado interés en los problemas sociales, se hubieran organizado en alguna comitiva, estudiado algún posgrado o ya mínimo un cursito en la materia… pero nada… sólo el nombre les precede.

No sé usted, pero esto a mí sí me indigna. Yo no quiero tener de representante a alguien que difícilmente sepa la situación social del entorno en el que vivo. No creo que harán un gran papel y mucho menos que abonarán a la democracia, por el contrario, creo que a los partidos los coloca en una peor situación de credibilidad (si es que es posible porque son las instituciones con más baja credibilidad social) y a nosotros como ciudadanos, nos colocan en una situación incómoda, en donde ni las demandas ciudadanas son escuchadas, en donde la política mexicana toca su más bajo punto de ridiculización, y en donde nos da abierta vergüenza tener de representantes a todos, menos a gente seria y preparada que quiera servir al pueblo.

Tan sólo el nivel de la caballada, muestra mucho el retraso de la democracia que estamos teniendo. La única esperanza es su ciudadanía organizada, involucrada en el quehacer público y con propuestas de mejoría social.

Ojalá en las urnas mostremos mayor inteligencia al votar, porque ante tanto surrealismo en las candidaturas, la única herramienta de presión electoral que sigue perteneciéndonos es el voto, pero eso sí, es una decisión que hay que saberla usar.

itzelvargasrdz@gmail.com / @itzelvargasrdz

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