Mtro. Christian Jesús Martín Medina López Velarde

Dentro de las instituciones encargadas de regular y formalizar las cuestiones culturales e identitarias de los pueblos y diferentes sociedades que existen en nuestro mundo actual, la UNESCO merece un lugar especial, pues desde su fundación en 1954, ha tomado un papel preponderante a nivel mundial en lo que respecta a la preservación del patrimonio en sus diferentes acepciones. Así, aunque el papel de dicho organismo resulta crucial en muchos aspectos, se ha distinguido por ser el órgano encargado de nombrar aquellos bienes muebles, inmuebles o de origen natural que por su relevancia forman parte de lo que se denomina “Patrimonio de la Humanidad”, es decir, que por su importancia cultural o natural, son de excepcional valor para la herencia común de todo el género humano por lo que resulta importante protegeros, preservarlos y difundirlos.

En el caso de México, la UNESCO ha decretado 34 sitios culturales, naturales o mixtos que forman parte de la lista de patrimonio ya mencionada. Dentro de ellos, para el estado de Aguascalientes resulta de especial singularidad aquel que es denominado “El Camino Real de Tierra Adentro” y que es un itinerario cultural compuesto por 60 sitios que a lo largo de más de 2600 kilómetros constituyó una ruta comercial, evangelizadora y cultural que dio origen a diferentes tipos de bienes patrimoniales por más de 400 años.

Adentrándonos un poco más en el tema, podemos comentar que fue a mediados del siglo XVI cuando buscando expandir el territorio, los españoles y sus aliados indígenas comenzaron las incursiones formales hacia el norte del territorio novohispano, llegando en pocos años hasta lo que ellos fundaron y denominaron como Santa Fe en el actual Nuevo México, dando con ello origen al camino, mismo que se denominaba “Real” por ser una ruta protegida por el rey y de “tierra adentro” por ser aquel sendero el que se internaba por en medio del gran territorio contenido por las enormes serranías que hoy conocemos como Sierra Madre Oriental y Occidental.

Fue gracias a este camino que con el tiempo fueron naciendo, fortaleciéndose y teniendo identidad propia ciudades y pueblos como Chihuahua, Durango, Nombre de Dios, Zacatecas, Aguascalientes, Guanajuato, Querétaro y otras muchísimas poblaciones más, las cuales, formando parte importante de esta “columna vertebral del Virreinato”, llegaron a ser sede de prosperas regiones que ya para los siglos XVIII y XIX tenían identidades y patrimonios bien definidos, pero siempre anclados al camino que les dio origen y les trajo desarrollo y prosperidad.

Para finales de la centuria decimonónica el camino comenzaba a perder importancia, pues comenzó a ser sustituido por las vías del ferrocarril, como un medio de transporte más rápido, y ya en el siglo XX la aparición de carreteras con carpeta asfáltica hizo que, en su mayor parte, la ruta de tierra adentro fuera abandonada o incluso transformada en carretera. Sin embargo, su importancia nunca decayó desde el punto de vista cultural, al grado que hace ya más de 20 años un grupo importante de investigadores liderados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia comenzaron a trabajar para formar un expediente que permitiera proponer a la UNESCO la declaratoria del camino como una ruta de tal relevancia que merecía ser Patrimonio de la Humanidad. El proceso no fue fácil, pues no se trataba de un sitio en concreto, sino de un itinerario que contenía no solo diferentes lugares, sino que estos estaban diseminados por entidades federativas distintas y aún más, abarcaban dos países: México y Estados Unidos.

Así y después de muchas deliberaciones, se logró que en agosto de 2010 la UNESCO reconociera a 60 sitios que integraban dicho camino como un “itinerario cultural” que merecía ser patrimonio mundial. Con ello se inauguraba un nuevo tipo de patrimonio: los itinerarios, mismos que después de esta declaratoria han permitido proponer otras rutas como “Los Caminos del capac ñan” en Sudamérica y la “Ruta de la seda” desde China hasta Europa.

Pero el lector se podrá preguntar: ¿Qué tiene que ver esta historia con el título del presente escrito, cuando en él se nos indica que Aguascalientes es patrimonio reconocido por la UNESCO?, y la respuesta es la siguiente: dentro de la ruta mencionada, Aguascalientes fue distinguido con 4 sitios que forman parte del Camino Real y que hoy por hoy nos hacen parte fundamental no solo del itinerario, sino que nos pone, como estado de la República Mexicana, en la exclusiva lista de tener en nuestro territorio una declaración de la UNESCO que en la actualidad tantos otros lugares buscan alcanzar por medio de la propuesta de diferentes sitios para ser reconocidos.

Así desde el 2010 las ex haciendas de Peñuelas, Pabellón de Hidalgo y San José de Cieneguilla, además del Centro Histórico de nuestra ciudad, pasaron a formar parte de la declaratoria del Camino, cuestión poco difundida y que hace que, a más de 12 años de su reconocimiento, incluso muchos aguascalentenses ignoren que pueden sentirse orgullosos de tener parte de su patrimonio histórico con un reconocimiento a nivel mundial. Y aunque resulta penoso reconocerlo, ni los gobiernos estatales o municipales, ni sus secretarias de turismo o cultura, han hecho lo suficiente para promover y aprovechar en pro de los ciudadanos y el turismo lo que una declaratoria de la UNESCO puede traer como beneficio cultural, económico y turístico a una región. También es importante mencionar que en Aguascalientes la ruta no solo abarca los 4 sitios declarados, sino que se compone de más de una docena de fincas rurales, edificaciones hidráulicas y patrimonio inmaterial que en su conjunto merecen ser valoradas, por lo menos a nivel local, como parte del camino mencionado.

Valga pues esta pequeña intervención como un pequeño grano de arena que, desde el Seminario de Cultura Mexicana en su Corresponsalía de Aguascalientes, busca hacer una modestísima colaboración en pro del patrimonio y de la sociedad hidrocálida, en el sentido de dar a conocer que Aguascalientes es Patrimonio Mundial y que no solo podemos, sino que debemos aprovechar tal circunstancia a fin de conocer, preservar y difundir nuestro patrimonio histórico.